Faltaban todavía unas dos horas para que un negocio de segunda mano abriera sus puertas cuando el dueño de otro comercio cercano pasó por la zona y vio una caja apoyada afuera. A primera vista podía parecer una donación dejada antes de horario, algo bastante habitual en este tipo de locales.
Pero cuando se acercó encontró algo completamente diferente. Dentro había seis gatitos de apenas entre seis y ocho semanas, acurrucados en un recipiente sucio. Estaban hambrientos, enfermos y sin ninguna persona alrededor que pudiera explicar cómo habían llegado hasta allí.
La casualidad que cambió el destino de los seis gatitos
El lugar donde habían sido abandonados resultó decisivo: el comercio era precisamente una tienda perteneciente a la RSPCA, la histórica organización británica de protección animal.
El hombre avisó inmediatamente y los animales fueron trasladados a la sucursal de Canterbury and District, donde comenzaron a recibir asistencia. La responsable de la delegación, Natalie Archer, explicó que todavía desconocían quién había dejado allí a los animales y qué había ocurrido con ellos antes del hallazgo.
Los rescatistas comprobaron que había dos machos y cuatro hembras. Después de ponerlos a salvo también les dieron nombres relacionados con el mar: Captain Pugwash, Mako, Pebble, Minnow, Coral y Sailor. Todos evolucionaron favorablemente después del rescate.
Habían quedado solos frente a un negocio cerrado
La hora del hallazgo es uno de los puntos que más preocupó a la organización. Los gatitos podrían haber permanecido allí durante bastante tiempo porque la tienda todavía no estaba abierta al público.
Archer destacó que el desenlace podría haber sido muy diferente si el comerciante no los hubiese encontrado temprano. Los animales necesitaban alimentación y atención, y ya presentaban signos de enfermedad.
La situación también volvió a poner sobre la mesa un problema que las organizaciones de rescate británicas vienen señalando: los refugios reciben grandes cantidades de gatos y camadas durante buena parte del año, hasta el punto de que la tradicional “temporada de gatitos” ya resulta difícil de delimitar.
La sucursal de Canterbury funciona precisamente como centro de adopción y asistencia para gatos y pequeños animales, además de ofrecer programas de castración y ayuda veterinaria para personas con bajos ingresos.