Las multitudinarias manifestaciones de protesta reflejan un malestar generalizado que va mucho más allá del reclamo inicial por un aumento en las tarifas del transporte público: está claro que mucha gente teme perder lo que ha ganado, especialmente en la última década, o siente que no se ha beneficiado con los progresos recientes, y esto está generando grandes tensiones sociales.
Durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, el nivel de pobreza de Brasil pasó de representar el 21% de la población al 11%, en la última década, y con “tendencia a seguir cayendo”, según un informe del Banco Mundial (BM). Con base en los datos del Censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), se puede decir que casi 20 millones de brasileños salieron de la pobreza entre 2003 y 2012.
Por su parte, el ingreso per cápita de los brasileños era de 3.024 dólares anuales en 2003 y actualmente supera los 12.500 dólares, según datos del BM.
En mayo de 2013 la tasa de desempleo fue estimada en 5,8% por el IBGE, igual a la de un mes antes y a la de mayo de 2012. Son 1,4 millones de brasileños desocupados, frente a 23 millones que conforman la población ocupada.
La mitad de esos trabajadores, 11,4 millones, tienen contrato laboral con el sector privado. El salario real promedio fue de 828 dólares mensuales en mayo.
Una aparente reducción en la inversión social (que según los manifestantes habría ido a parar a los estadios del Mundial de Fútbol 2014) y ante la perspectiva de mella en las condiciones de vida y el empleo, la tensión social se desbordó hasta los límites de las protestas en las calles.
La proyección de la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) para este año es del 5,7%.
Mientras tanto, las reservas internacionales pasaron de 373.417 millones de dólares en diciembre de 2012, hasta 374.417 en mayo de 2013, pero entre abril y mayo cayeron 4.218 millones, resultado de las operaciones del BCB para frenar la devaluación que, en abril de 2013, fue de 2,04% anual.