Un país que padece las consecuencias sangrientas de una guerra contra el narcotráfico, no puede ponerse de acuerdo sobre la mejor forma de rendir homenaje a las víctimas de una ofensiva de seis años contra la delincuencia organizada, que ha cobrado unas 70.000 vidas.
El monumento del gobierno a esas víctimas se inauguró ayer, cuatro meses después de haberse completado su construcción, en un acto público en el que algunos familiares de personas desaparecidas, en llanto, persiguieron a los dignatarios para implorarles ayuda a fin de encontrar a sus seres queridos.
Sólo algunas organizaciones reconocen el “Memorial de Víctimas”, mientras que otros grupos eligieron otro monumento para colocar pañuelos donde estaban pintados los nombres de varios muertos y desaparecidos.
Esos opositores colocaron también mensajes de protesta contra el monumento oficial, en el que no está inscrito el nombre de una sola víctima.