Edgardo Buscaglia, experto en crimen organizado, dijo que la experiencia internacional muestra que con la captura de líderes de ese tipo de grupos “se corre el peligro de mayor atomización y más violencia extrema de conflicto armado” si no se atacan también los negocios con los que se financian.
Los Zetas siguen activos en Nuevo Laredo, el estado fronterizo cercano de Coahuila, el estado de Veracruz en el Golfo de México, partes del centro del norte de México y Centroamérica, aunque el arresto de Treviño Morales significa que la banda se ha convertido en “una operación de franquicias y no una organización vertical”, opinó George Grayson, experto en los Zetas y profesor en el College of William & Mary.
Fue el mayor golpe asestado contra un jefe del hampa durante el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, que ha luchado para reducir los elevados niveles de violencia.
“Es un paso más en la destrucción de los Zetas como una organización coherente e identificable”, dijo Alejandro Hope, ex miembro del servicio de inteligencia nacional de México. “Todavía habrá personas que se llamen Zetas, bandas de individuos que mantengan el mismo modus operandi. Habrá peleas por el control de redes ilegales”.