2 de mayo de 2013 - 01:12

Máxima y Guillermo, reyes de Holanda

La bonaerense Máxima Zorreguieta (41), se convirtió el martes en la primera monarca argentina de la historia. Su popularidad congregó a una multitud en Amsterdam. Los festejos en la calle, entre litros de cerveza y fuerte olor a marihuana, incluyeron milo

"Viva el rey", seguido de tres hurras. Así culminó el martes la ceremonia que desplegó toda la pompa real, digna de una de las más tradicionales casas europeas.

Guillermo Alejandro se convirtió así en el primer varón que se sienta en el trono holandés en los últimos 118 años y con 46 años de edad el monarca más joven de Europa.

Al poner fin a su reinado de más de tres décadas, Beatriz, de 75 años, le dio la mano a su hijo después de que ambos firmaran el acta de abdicación, al igual que hizo Máxima como reina consorte

Guillermo y Máxima ya son reyes de Holanda. La fiesta siguió todo el día en las calles, con cerveza, bailes y desfiles.

"Quiero desempeñarme como rey con toda la fuerza que me han dado", dijo Guillermo en su juramento, la parte central de la ceremonia de investidura. Pero el punto más emotivo fueron las palabras que dedicó a su madre, la reina Beatriz, y a su esposa.

Con un largo e imponente manto de armiño sobre sus hombros, Guillermo agradeció a Beatriz por sus 33 años de reinado, pero también por haber cumplido plenamente su rol de madre, "apoyo en los momentos tristes" y esposa.

También la elogió porque nunca se abandonó a la "popularidad ligera" sino que siempre tuvo un estilo de "estabilidad, porque representa la tradición". A la reina saliente, poco afecta a las emociones, se la veía conmovida con las palabras de su heredero. Sonrió, envió un beso a su hijo e incluso derramó alguna lágrima.

A su esposa Máxima Zorreguieta, sentada a su lado, el rey le dedicó otro pasaje de su discurso. "Tomó el país entre los brazos y se convirtió en holandesa entre holandeses", dijo y señaló que la argentina está lista para "ponerse al servicio" de Holanda. Ella le sonrío con cariño y aplomo.

A los holandeses también les habló. Les pidió "colaborar con creatividad, espíritu de empresa y apertura" y él se comprometió a proteger la "libertad y los derechos" de todos los residentes, prestando más atención a los que se sienten "vulnerables. "El hecho de que el rey no tenga responsabilidades políticas no significa que no tenga responsabilidades, agregó, recordando que su madre fue "monarca, esposa, madre e hija y no ha fallado en ninguna de sus responsabilidades".

La reina Máxima estaba espléndida, con una tiara histórica de la reina Emma, un vestido de encaje azul eléctrico de un diseñador holandés y una capa con amplias hombreras, del mismo color que los vestidos de sus hijas.

Entró con Guillermo de la mano a la Iglesia Nueva de Amsterdam, donde se habían casado hace 11 años, con aire solemne ante las decenas de representantes de las casas reales del mundo y jefes de Estado y gobierno.

En medio de las hurras de su pueblo, la procesión fue iniciada por Catharina Amalia, Alexia y Arianne, vestidas con azul eléctrico y moños al tono. Las seguía su abuela Beatriz, ahora princesa de Orange, de azul oscuro y con sombrero y una roseta en su banda y el resto de la familia real, con sus príncipes y princesas. Cada uno de ellos posaba para los fotógrafos.

Todos entraron a la iglesia para esperar a los nuevos soberanos, en un protocolo milimetrado pero funcional. Las princesitas se sentaron junto a su abuela, que les hablaba con ternura después de que las chiquitas ensayaran ayer la ceremonia.

Entre los invitados reales desplegaron sus más espectaculares uniformes militares los hombres y los vestidos más elegantes las mujeres.

El príncipe Carlos de Inglaterra, que presenció la asunción de la reina Beatriz en 1980 y aún sin poder llegar al trono británico, estaba en su uniforme naval y se lo veía triste, como siempre. Camilla, su esposa, repitió el tocado de laureles de su casamiento en un vestido largo lila. Philipe y Matilde de Bélgica lucían esplendorosos.

Las recomendaciones de no usar sombreros fueron abandonadas. Laurentine, la esposa del príncipe Constantino, lucía una espectacular pamela. Letizia de España estaba de gris y con un "fascinator" de plumas acompañada por el príncipe Felipe, con barba rala.

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