Mayores certezas respecto a las tales carencias se obtienen explorando la zona rural de Zagora. Allí, al borde del río, rodeados de plantaciones demarcadas no con alambres sino con muros de adobe, un grupo de jóvenes deja pasar el tiempo a las bromas. Mounirse entusiasma al ver extranjeros, lo que nunca.
Es de linaje árabe, tiene 17 años y habla castellano poco y mal. Como puede, mezcla con francés, invita a conocer a la familia, ahí, cerquita. Adentro de la humilde morada, estructura de cemento sin revoques y columnas conforman el enorme espacio común. El padre, anciano, dormita sobre cojines. No hay sillones ni mesa, todo se hace en el suelo, en las alfombras. La madre prepara el té de menta alejada en una esquina, calentador mediante.
A pesar de nuestra insistencia, no se acerca a compartir el brebaje. “No, no, ella está bien ahí. Mi familia es muy tradicional, ella no se mezcla con hombres”, aclara Mounir. La señora tiene un tatuaje hecho con tinta azulada en el mentón y en el medio de las cejas, marca de casada. Una costumbre que ya casi no se estila, pero que ayuda a dibujar el Marruecos rural.
Tras el té, la sandía, los saludos y el shucran (gracias en árabe), el viaje pone cara de abandono. La gente ya no forma parte de la panorámica, es la ruta sin casi tránsito, vecina de un valle seco y llano apenas mechado por algunas plantas, y a la izquierda, a la derecha y al frente, lo mejor: una colosal cadena montañosa que nos envuelve, una “U”perpetua, otro efecto inaudito de la creación. Que portento éste Marruecos.
Luego de cruzar el cerro, ese que adelante se antojaba inalcanzable, la arena. La arena, haciéndose dueña, ama, tirana. Un ranchito por ahí, apenas negándose al absolutismo de la naturaleza. Después M´Hamid, o el puñado de cuadras habitado por pobreza y pobladores que se desesperan al ver a foráneos que no llegan en tour desde Marrakech, que no se van derecho a las dunas cercanas.
Pero el escenario no da para quedarse, con los locales que se abalanzan sobre el auto, gritando y golpeando la chapa. Cualquiera diría que la energía anda negativa, pesado el ambiente. Será el desierto, que avanza.