Desde que terminó la elaboración 2014 y se liberaron los vinos nuevos, el mercado de traslado de productos vitivinícolas se ha visto envuelto por una moderada pero persistente depresión.
Desde que terminó la elaboración 2014 y se liberaron los vinos nuevos, el mercado de traslado de productos vitivinícolas se ha visto envuelto por una moderada pero persistente depresión.
Para tener una dimensión de la problemática que estamos planteando, si se comparan los volúmenes y los precios registrados con lo ocurrido hace un año, se aprecia que en lo que va de esta temporada se vendió 22% menos de vinos tintos a un precio 11% superior; mientras que, en el caso de los vinos blancos, los volúmenes se redujeron casi 50% a un precio 13% mayor.
Finalmente, los mostos sulfitados se comercializaron en un volumen similar, pero a un precio 7,5% inferior. La inflación acaecida durante dicho período no se conoce muy bien por los problemas metodológicos de las mediciones, pero nadie puede dudar que anduvo entre el 35% y el 40% anual.
Menores volúmenes vendidos a un precio que no compensa ni un tercio la inflación registrada, evidentemente, estamos ante una situación de depresión.
En esta nota intentaremos repasar las causas que llevaron a este cuadro haciendo un análisis desde lo macro a lo micro, intentando proyectar y buscar posibles soluciones en el corto plazo.
En lo que respecta a la política macroeconómica, ya hace un par de años que los representantes gremiales empresarios del sector bodeguero vienen reclamando por la elevada inflación y el consecuente deterioro del tipo de cambio real que restó competitividad a las exportaciones vitivinícolas afectando, primeramente, los envíos al exterior de graneles y vinos fraccionados de baja y media gama de precios.
Algunos esperaban que con un retoque del tipo de cambio, esta situación se equilibrara y así retornaría el flujo creciente en las exportaciones.
Pues bien, esto sucedió en los meses previos a la cosecha 2014 y los resultados, hasta ahora, han sido favorables en productos de bajo valor agregado (mostos y graneles) y desfavorables en vinos fraccionados, cualquiera sea la gama de precios.
Cuando se agregan los volúmenes de todos los productos exportados, las fuerzas se compensan y la resultante es cuasi neutra.
Evidentemente, la devaluación afectó los costos de los insumos secos, de manera tal que licuó el beneficio que otorga en los precios medidos en moneda nacional. Ergo, queda demostrado que no fue una solución.
La misma inflación que afecta la competitividad externa, este año particularmente afectó por primera vez y fuertemente el bolsillo de los asalariados, ya que la disparada observada en los precios, sobre todo durante el primer trimestre del año, impactó en el poder adquisitivo y retrajo significativamente el mercado interno (5,5% en los primeros cinco meses del año).
Este impacto fue parejo para todas las bebidas y llevó a una política agresiva de las empresas para no perder clientes y, en ese terreno, el poder de mercado de la cerveza ganó la pulseada a los vinos. A partir de junio del corriente se encuentran vigentes los salarios con el incremento logrado en las paritarias.
No obstante, también empezó a presionar la retracción económica y la pérdida de empleos en algunos sectores. Por esta razón, los consumidores se están moviendo con mucha cautela y el vino no es un producto de máxima necesidad. Por lo tanto, probablemente repunte un poco el consumo interno perno no en la medida necesaria para revertir la situación.
Las políticas para controlar la inflación, el tipo de cambio y/o el crecimiento económico dependen del Gobierno Nacional, el cual cuenta cada vez con menos grados de libertad para llevarlas adelante y difícilmente pueda cambiar el panorama en lo que resta del año.
Si nos venimos hacia Cuyo, observamos que nuestros gobernantes e instituciones también aportaron su granito de arena para meter a la industria en este brete.
Primeramente, no podemos dejar de mencionar el craso error cometido por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) al pronosticar la cosecha más baja de la década (con una merma del 27,5% respecto a la vendimia pasada), cuando en realidad se terminaron recolectando poco más de 26 millones de quintales de uva, un volumen “normal” si se tienen en cuenta los registros de los últimos 10 años.
El pronóstico de cosecha es uno de los insumos fundamentales para calibrar los dos instrumentos que poseen los gobiernos de la región para luchar contra los excedentes y los bajos precios: el Acuerdo Interprovincial de diversificación y los Fideicomisos de compra de uva para la elaboración de mosto.
La supuesta menor cosecha pronosticada por el INV y también una falsa creencia de algunos, respecto a que una baja pauta diversificadora generaría un cierto estrés en el mercado que excitaría a los mosteros al momento de comprar la materia prima mejorando sus precios, indujo a los gobiernos provinciales a estipular una pauta diversificadora del 18% (el más bajo de la última década).
A nuestro modesto criterio: ni chicha, ni limonada. Estamos seguros de que deberían haberse apretado más las clavijas y hacer el mosto necesario para mantener ajustados los stocks vínicos: no más de 4 meses de comercialización (despachos + exportaciones), costara lo que costara.
Si sumamos a lo anterior la irresponsabilidad de pagar, a través del operativo de compra de uva, la uva criolla casi 50% encima del muy buen precio logrado durante la cosecha anterior.
Una decisión política sin ningún fundamento técnico, ya que nadie esperaba tal situación y los pocos que compraron lo hicieron a precios similares a los de la temporada pasada.
Esta medida sólo sirvió para acallar las protestas viñateras a un muy alto costo para el fisco mendocino, del cual repararemos en pocos meses más, cuando en realidad podría haber coadyuvado a potenciar la pauta diversificadora comprando más quintales a un precio menor que fuera acompañado por el mercado.
Algunos podrán criticar este planteo, pero la vitivinicultura es un negocio como cualquier otro y las políticas deben estar en concordancia con lo que está sucediendo en el mercado.
Si no, más temprano que tarde volvemos al punto inicial pero empeorado. Los resultados están a la vista hoy y siempre. Actualmente, la cruda realidad es que nos sobran 2 millones de hectolitros de vino en bodega que están presionando a la baja del mercado.
A nuestro entender, las únicas salidas que existen para revertir la situación en lo que resta del año, vienen por el lado de reducir la oferta presente.
Sin embargo, es tan grande el volumen excedentario que los gobiernos provinciales se ven impedidos de financiar políticas que fueran efectivas al momento de tonificar los precios en el mercado de traslado. No obstante, quizás aparece el auxilio de la Nación.
En caso contrario, seguramente y como escuché decir hace mucho tiempo a un viejo conocedor de la industria madre: “La naturaleza equilibrará lo que el hombre dislocó”. Paciencia.