Después de haber abandonado el género con fracasos estrepitosos como “El último maestro del aire” (2010) o “After Earth” (2013), el realizador de títulos tan exitosos como “Sexto sentido” (1999), “El protegido” (2000) o “Señales” (2002) decidió finalmente volver al género que lo hizo famoso -y por el que todavía lo reconocen- con “Los huéspedes” (“The Visit”, en el inglés original), un film donde el terror proviene de las figuras menos imaginables: un par de tiernos abuelitos que deben hacerse cargo de sus nietos adolescentes durante una semana.
Pero en “Los huéspedes”, M. Night Shyamalan decidió pegar un nuevo salto y se asoció a Jason Blum, otro de los grandes fanáticos del género que produjo títulos de las sagas “Actividad paranormal”, “La noche del demonio” o “La noche de la expiación”, entre otros.
Enmarcada dentro del subgénero conocido como “found footage” o “metraje encontrado”, “Los huéspedes” recurre también a esa técnica narrativa de falso documental en la que un film ficticio es presentado como si fuera material descubierto al azar, lo que supuestamente le agrega una inquietante verosimilitud a la trama.
Aquí hay dos hermanos adolescentes que son enviados por su madre y el nuevo novio de ésta a pasar una semana de vacaciones a la remota granja de sus abuelos en Pensilvania.
Los dos chicos, Rebecca y Tyler (respectivamente los actores Olivia De Jonge y Ed Oxenbould), pretenden grabar un documental sobre estos abuelos a los que no conocen, ya que su madre se fue de la casa siendo muy joven para escaparse con el que sería el padre de los chicos y que la abandonó a los pocos años.
Apenas llegados a la granja, los chicos descubren que sus abuelos tienen actitudes bastante extrañas. En primer lugar les prohíben salir de su cuarto pasadas las 9.30 de la noche, aunque una serie de perturbadores sonidos les hará romper la regla y descubrir oscuros secretos que podrían poner en peligro sus vidas.
La idea es llamar a su madre para que los recoja antes de lo pactado, pero las circunstancias parecen indicar que les será muy difícil abandonar la casona de sus espeluznantes abuelitos.
En la entrevista que sigue, el propio Shyamalan cuenta cómo fue la filmación y en qué se inspiró para escribir la historia.
-¿Cómo se te ocurrió la idea?
-La tenía anotada en un cuaderno. Anoto ideas todo el tiempo y ésta en particular seguía burbujeando. Creé la compañía The Night Chronicles para producir películas basadas en ideas mías pero dirigidas por otras personas. “Los huéspedes”, sin embargo, era una idea que no le iba a regalar a nadie, que era un claro indicador de mis intenciones. Cuanto más pensaba en ella, más quería hacerla.
-¿Cuáles eran tus objetivos escribiendo, dirigiendo y produciendo el film?
-Hacer una película entretenida, muy franca, desafiante y única. ¡Y es probablemente mi película más aterradora!
-Y también tiene humor…
-Sí, es graciosa, lo que probablemente hace que sea aún más desconcertante. No se supone que haya que reírse mucho en una película de terror, y aquí el espectador lo hace desde el principio. Es una especie de comedia negra.
-¿La película parece homenajear al cuento "Hansel y Gretel" de los Hermanos Grimm?
-En cierto modo “Los huéspedes” es como un cuento de hadas moderno. Está la escena con un horno, que es una referencia a Hansel y Gretel. Sólo el viaje hasta un lugar desconocido para pasar un tiempo con tus abuelos, a quienes nunca viste antes, ya es un entorno de cuento de hadas.
-Casi todos los cuentos de hadas clásicos son en realidad bastante oscuros en su concepción.
-¡Son muy oscuros! Hay mucha moraleja en ellos y no siempre mucha felicidad.
-Entonces, ¿cuál es la moraleja en "Los huéspedes"?
-La moraleja es que hay que tener cuidado con la ira y la falta de perdón, porque puede traerte muchísimo problemas. Pero también está el tema de la paranoia de hacerse viejo, que lo conecté con los niños que se dan cuenta de que algo no está bien. Recuerdo haber estado asustado cuando mi abuelo se sacó sus dientes postizos y los puso en un vaso junto a su cama. Lo hizo sin darse cuenta, ¡pero me asusté! Así que traté de aprovechar esos miedos primigenios universales.
-¿Por qué los chicos están filmando un documental sobre su viaje?
-Porque esperan que eso ayude al proceso de curación familiar. Recuerdo haber visto un documental sobre un hijo que estaba tratando de aprender algo sobre su padre separado, y pensé que su esfuerzo para tratar de entender lo que había sucedido era hermoso. Rebecca quiere mostrarle esta película a su madre para demostrarle que el pasado fue malinterpretado y que pueden ser una familia de nuevo.
-Y la casa es un personaje en la historia también…
-Sí, tuvimos suerte de encontrar la casa de campo donde la película se rodó durante 6 meses. Tuvimos que vivir en ella y entenderla, y utilicé todas las ventajas del cine estilo guerrillero que pude. Estábamos constantemente tomando todo lo que se podía, lo que hizo que la filmación fuera muy orgánica al final. Por ejemplo, el primer día que llegamos había enormes carámbanos derritiéndose, así que los filmamos inmediatamente. Ese fue el espíritu de lo que estábamos haciendo.