"Al levantarse la espada de Balcarce todos los fusiles se bajaron, apuntando al pecho: hubo dos terribles segundos de espera para asegurar el tiro, y luego, al grito de ¡fuego!, un solo trueno sacudió el bosque, y los cinco cuerpos rodaron por el suelo. Algunas aves huyeron de los árboles, y fue el único estremecimiento de la naturaleza impasible por la muerte de los que habían mandado provincias y conducido ejércitos. Fueron rematados individualmente los que se retorcían aún en horribles convulsiones, y se dice que a French, soldado de la Reconquista, le tocó descargar su pistola en la cabeza del Reconquistador"
Así relata el francés Groussac la ejecución de su compatriota Liniers camino a Buenos Aires. Su cadáver fue depreciado en una zanja por orden de Castelli, aunque un sacerdote del lugar lo desenterró y dio sepultura individual.
Liniers lideró en Córdoba una respuesta antirrevolucionaria, vio claramente el objetivo independentista y siendo fiel a su historia como a España, reaccionó consecuentemente.
Su ejecución lleva el sello del temor. Buenos Aires le era leal, lo adoraba por haber expulsado a los ingleses durante las invasiones y eso colocaba a los miembros de la Junta nacida el 25 de mayo en un lugar incómodo y peligroso. El francés podía hacer hundir la Revolución y con eso rodarían muchas cabezas criollas. Era más seguro ejecutarlo que enviarlo a España como hicieron con Cisneros, bajo ningún aspecto podía pisar suelo bonaerense.
El fusilamiento causó estupor en todos y la Junta debió justificarse. Así es, el primer gobierno patrio tuvo que justificarse ante una inexperta e incipiente opinión pública. Divulgaron un manifiesto maltratando la imagen e intentando argumentar el hecho.
Como vemos, tratar de justificar una muerte arremetiendo contra el difunto es una aberración de larga data. Irónicamente, uno de los motivos que esgrimieron era el haber "injuriado a la Junta atribuyéndose intenciones revolucionarias contra la soberanía del señor Fernando VII para desacreditarla ante los ojos de los buenos vasallos". Es que los valientes Hombres de Mayo se escondían detrás de los pantalones del rey, fingiendo una fidelidad bastarda de toda realidad. El monarca seguía siendo un escudo, aunque ya todos hablaban de independencia.
Durante su vejez Rodríguez Peña defendió esta y tantas otras acciones crueles ante Domingo Faustino Sarmiento: "¡Que fuimos crueles! ¡Vaya con el cargo! Mientras tanto ahí tienen ustedes una patria que no está ya en el compromiso de serlo. La salvamos como creímos que había que salvarla. ¿Había otros medios? Así sería. Nosotros no los vimos ni creímos que con otros medios fuéramos capaces de hacer lo que hicimos (… ). Arrójennos la culpa al rostro y gocen los resultados. Nosotros seremos los verdugos; sean ustedes los hombres libres".
Suena lógico, se trataba de una Revolución después de todo. Pero con Liniers no aplica. Pocos meses antes el virrey expuso su vida para defender a Buenos Aires y las provincias de las fauces inglesas, mientras que muchos de los Hombres de Mayo se entrevistaban con los ingleses invasores para darles su apoyo.
Como vemos, la construcción de héroes nacionales requiere, algunas veces, de mucha amnesia en el tratamiento del pasado.