1 de febrero de 2015 - 00:00

Los murciélagos escuchan a escondidas a otros de su especie para encontrar comida

Cuando oigo a mi marido hurgar en la despensa, a menudo me acerco para ver si encontró algo bueno. Resulta que los murciélagos hacen algo similar utilizando el sonido para dirigirse a los mejores lugares para encontrar comida.

Como todos los murciélagos, el murciélago cola de ratón (Rhinopoma microphyllum) usa la ecolocación (cierto tipo de sonar integrado) para navegar y encontrar presas.

Cuando se acerca a un insecto, el murciélago envía llamados que rebotan en su presa, ayudando al depredador a localizarla. Pero sucede algo más cuando los llamados salen, afirma un nuevo estudio: fungen como señal general que informa a otros murciélagos que ahí cerca hay comida.

Yossi Yovel, el biólogo que encabezó este estudio de la Universidad de Tel Aviv, Israel (publicado en Current Biology), lo llama “efecto bolsa de papitas”.

“Si estoy sentado en un cine oscuro y abro una bolsa de papitas, todos los que están a mi alrededor saben que tengo algo para comer”, dice Yovel. “Pasa lo mismo con estos murciélagos”, explica.

A las baticuevas

Para el estudio, Yovel creó diminutos chips GPS equipados con micrófono que registran los llamados de alta frecuencia de los murciélagos. Los probó siguiendo murciélagos cola de ratón, una especie altamente social que pasa el verano en Israel.

Yovel y sus colegas atraparon murciélagos que habitan cuevas cerca del mar de Galilea y les fijaron al cuerpo los microprocesadores GPS con pegamento quirúrgico. El pegamento se desintegró naturalmente luego de una semana, permitiendo que los chips se cayeran sin dañar a los murciélagos.

Luego de confirmar que los chips podían grabar los llamados supersónicos de los murciélagos para rastrear su ubicación, Yovel comprendió que tenía la oportunidad de responder una cuestión novedosa sobre el comportamiento de búsqueda de comida de los murciélagos: ¿estos mamíferos podían utilizar las señales de los demás para ayudarse a encontrar comida?

La campana de la cena

Por tanto, colocó más unidades GPS a más murciélagos. Yovel y sus colegas solo pudieron recuperar 40 por ciento de sus grabadoras de datos porque para encontrar los chips, los investigadores tuvieron que meterse a cuevas o trepar montañas donde los murciélagos van a descansar. Pero aun así, los investigadores terminaron teniendo 1.100 interacciones entre murciélagos.

Yovel encontró que cuando un murciélago hacía la llamada estereotípica de “detección de comida” al alcance del oído de otros murciélagos (aproximadamente 100 metros), los espías se acercaron hacia donde escucharon el llamado.

Yovel enfatiza que los murciélagos no hacen este llamado para comunicar; en cambio, los murciélagos simplemente han aprendido que esta señal significa que ahí hay algo bueno para comer.

“Estos murciélagos esencialmente están escuchando furtivamente el sonido de otros murciélagos”, finaliza.

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