En 1972, vísperas del regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina, uno de sus seguidores más combativos llamado Fernando “Pino” Solanas filmó una película llamada “Los hijos de Fierro”. En ella, a modo de metáfora, efectuaba una crucial comparación histórica:
Martín Fierro renacía en 1955 bajo el nombre de Juan Perón. El gaucho popular era expulsado del país por las fuerzas del mal, pero antes de partir le dejaba su legado político a sus tres mejores hijos para que lo divulguen por la patria. Mientras los tres hijos de Fierro se mantenían leales al padre, otros hijos se vendían al enemigo, en particular el Viejo Vizcacha, un sindicalista peronista que colaboraba con el régimen opresor.
La película termina celebrando el triunfo popular con el regreso del General y la derrota de Vizcacha.
No se imaginaba entonces Pino Solanas que el futuro no sería de Fierro sino de Vizcacha. Que hasta los herederos de la supuesta revolución criolla nacional y popular inconclusa de Fierro y de Perón se dejaron conducir por los corruptos sólo porque les hablaron desde la izquierda. Mientras que los pícaros de “derecha” se quedaron con la administración permanente del movimiento hasta imponer definitivamente su cultura vizcacha.
Hoy la expresión más acabada del vizcachismo es un peronista que se propone como dador de gobernabilidad para el macrismo y superador de Cristina. Se llama Miguel Ángel Pichetto y en el Congreso dice perlitas como ésta: "Aparecen economistas que además están en todos los canales de televisión que pululan alentando el fracaso, la derrota, la inexistencia del futuro, y ustedes (dirigiéndose a los macristas) lo permiten porque como no pagan pauta a nadie, cada uno dice lo que quiere en la tevé argentina. Ustedes creen que todo se resuelve en las redes, toda esa pavada. Nadie maneja la opinión pública, nadie maneja el horario prime de la televisión, por eso dicen cualquier cosa de todos".
Lo que Pichetto sostiene es vizcachismo puro. Traduzcámoslo: Cristina cometió un error en su gobierno porque les pagó sólo a los analistas y periodistas que pensaban como ella mientras que al resto les declaró la guerra. Pero Macri cometió un error peor al no pagarle a ninguno creyendo que todo pasa por las redes. En realidad, no hay que coimear a una parte como hacía Cristina ni no coimear a nadie como angelicalmente pretende Macri, lo que hay que hacer es coimearlos a todos.
Pichetto es digno heredero de otro gran vizcachista, Luis Barrionuevo, quien sigue reivindicando eso de que hay que dejar de robar por dos años.
Pero hasta el máximo exponente de la renovación peronista de los 80, hoy asesor de Macri, llamado Carlos Grosso, lanzó en su momento una de las grandes frases vizcachistas cuando criticó la detención de Menem diciendo: "Sólo los países bananeros meten a sus presidentes presos". En vez de decir que lo bananero no es meter presos a los presidentes corruptos, sino que éstos sean corruptos. Hasta un periodista ultra K que no se robó ni una moneda, como Hernán Brienza, se convirtió durante la era K en vizcachista para defender a sus jefes corruptos, al decir que "la corrupción democratiza a la política porque sin el financiamiento espurio sólo podrían hacer política los ricos". O sea, ya no es más como decía la marchita que había que combatir al capital, ahora para hacer la revolución primero hay que tener capital, aunque haya que robarlo.
Lo más preocupante, entonces, no son las encarnaciones del Viejo Vizcacha como Pichetto, que siempre existirán. Peor son los que creen que la única manera de hacer política es desde el vizcachismo porque si no te toman por boludo. Como el escritor y periodista Jorge Asís, quien denunció la corrupción kirchnerista antes y mejor que nadie, pero que cuando detuvieron a Lula dijo lo siguiente: "Si yo fuera candidato a presidente lo primero que le diría al pueblo es: 'Voy a tratar de robar lo menos posible'. No te voy a decir que no voy a robar nada, porque si no robo nada nadie me va a respetar. ¿O vos te creés que en el mundo de la política alguien respeta a alguien que pasó por el manejo de muchos presupuestos y no tiene una moneda ni para el colectivo?... Como hizo Macri, que puso tan alta la vara de la transparencia que la vara se le voló y hoy tiene que explicar cualquier cosa".
Asís no dice que robar está bien sino que la única forma de hacer política en nuestros países es hacerse respetar por los corruptos robando como ellos, porque si no te creen estúpido. Así lo dice: “O yo enfrento al sistema corrupto y se me va la vida política, o me acomodo y trato de cambiarlo desde adentro”.
Es raro que alguien tan brillante como Asís (que intenta hacer del Viejo Vizcacha un Maquiavelo nacional y popular) no se dé cuenta de que todo el que se hizo corrupto para acabar con la corrupción, terminó siendo más corrupto que los corruptos que vino a combatir. Quizá sea por eso que quien descubrió la esencia maligna del kirchnerismo antes que nadie hoy pida una “línea de corte” para los K, un punto final para los juicios de corrupción.
Porque para él, el robo en política puede estar mal moralmente pero es inevitable políticamente, mientras que meter presos a los corruptos es mucho peor porque “quien botonea pierde la dignidad”, un pecado infinitamente más grave que perder la moral.
He aquí el meollo de la cuestión, la madre de todas las zonceras, como diría don Arturo Jauretche (un viejo peronista que, como Pino Solanas, admiraba a Martín Fierro y despreciaba al Viejo Vizcacha): Que en el lunfardo -nuestro idioma nacional y popular- la palabra “botón” quiere decir a la vez “policía” y “delator”. Por lo tanto, ser leal es defender al compadre aunque sea ladrón, mientras que ser botón es delatarlo. Y la botonería es lo único imperdonable para los hijos del Viejo Vizcacha.