“Ser ministro de Economía en la Argentina durante un año es como serlo 10 años en Europa” (Didier Reynders, ministro de Finanzas de Bélgica en 2004).
“Ser ministro de Economía en la Argentina durante un año es como serlo 10 años en Europa” (Didier Reynders, ministro de Finanzas de Bélgica en 2004).
Día 1 (miércoles 29). El dólar abre a $ 31,9; temprano habla el Presidente y anuncia más cambios al acuerdo con el FMI a fin de tranquilizar mercados; sin embargo, la fiebre por el dólar no cede y da impulso a la divisa; el BCRA subasta y adjudica USD 300 millones de las reservas.
Aun así, el dólar cerraba al finalizar el día a $ 34,50 (8% de devaluación). Cerrando la jornada, el ministro de Economía (Hacienda) declaraba: “El Banco Central irá reduciendo la volatilidad en los días siguientes”.
Día 2 (jueves 30). La demanda por dólares se intensifica mientras la oferta privada sigue ausente; la devaluación alcanza el 20% hacia el mediodía (el dólar roza los $ 42); el BCRA sube encajes y eleva la tasa de interés en 15 puntos (alcanzando un inédito 60%); cerrando la jornada, el BCRA subasta y adjudica USD 330 millones y logra reducir la devaluación al 11%, y el dólar cierra a $ 38,20.
Últimamente, los hechos económicos toman un dramatismo mayor al que se corresponde con la realidad. No son pocas las debilidades que enfrenta Argentina.
Sin embargo, la solvencia del BCRA (las reservas cubren en exceso la base monetaria y Lebacs), la elevada liquidez de los bancos; la cobertura de vencimientos de la deuda que asegura el acuerdo con el FMI; las nuevas metas fiscales con reducción acelerada del déficit; el inminente equilibrio que se logrará en la cuenta corriente (propio de un tipo de cambio muy competitivo); la emisión monetaria controlada del BCRA, entre otras, son fortalezas que no condicen con la extrema desconfianza que golpea al país.
Lo cierto es que el mercado mira, escucha y no se convence. Mientras tanto, la corrida cambiaria que enfrentamos tiende a dejar luces y sombras que deberemos seguir con cautela. Entre ellas se destacan:
1- El dólar que roza los $ 40 resulta profundamente competitivo, y nos lleva al período 2003/2007, cuando las exportaciones de Mendoza crecían a tasas chinas, el turismo en el exterior era restrictivo para la clase media argentina y Mendoza resultaba un destino atractivo y muy barato para recibir a extranjeros.
Vale recordar que con esta competitividad cambiaria (incluso con menos) las exportaciones de Mendoza batieron el récord de USD 1.800 millones (hoy son USD 1.300), existía un 25% más de empresas que exportaban y un 30% de productos que hoy ya no exportamos. El tipo de cambio vuelve a generar la oportunidad para dar un sensible salto exportador de bienes y servicios.
2- Aun con sectores que resultarán beneficiados, la magnitud desmedida que está tomando la devaluación (más de 100% en un año) generará un nuevo piso inflacionario; mayor caída en el salario real; exacerbará la puja distributiva; imposibilitará el sinceramiento de tarifas (porque los costos de servicios serán imposibles de trasladar en el corto plazo); generará mayores dilemas en la política de liberalización de precios en combustibles; y empeorará aún más las expectativas económicas. En definitiva, la corrida terminará profundizando y alargando la recesión.
3- Aparte de la inflación, existirá un insostenible freno económico si la tasa de interés se sostiene en 60%. Esta tasa de emergencia congela la economía; imposibilita el básico flujo financiero necesario en la economía real; y afecta la cadena de pagos.
A estos niveles, la tasa de interés como estrategia para frenar la suba de dólar genera más impactos adversos que soluciones; y es esperable (y deseable) que el Gobierno sustituya esta estrategia pronto.
La situación es social y económicamente delicada, pero Argentina enfrenta este obstáculo con fortalezas que no tuvimos en crisis pasadas.