18 de mayo de 2013 - 23:34

Liliana Bodoc, una escritora de fantasía

Asegura que el principal puntal de su escritura es la realidad. Su trilogía “La Saga de los Confines” del género épico fantástico latinoamericano, la convirtió en best seller. Comenzó a escribir en el 2000 y en hoy ya tiene 15 libros editados.

Liliana Bodoc es una de las grandes escritoras argentinas de la actualidad. De paso por Mendoza (vive en San Luis) accedió a recibirnos en su hotel y contar la interesante historia de la esposa, madre y profesora de lenguas que se convirtió en una figura representativa de la literatura de nuestro país.

-No naciste en Mendoza pero viviste acá casi toda tu vida…

-Yo nací en la ciudad de Santa Fe, pero me vine a Mendoza siendo muy chica. Estuve tanto tiempo aquí que me siento sinceramente mendocina. Hice toda mi escuela, me enamoré, me casé y tuve mis hijos acá. También en esta tierra están mis amigos y mi carrera. Creo que todo lo que importa en la vida, más allá de la anécdota del lugar en el que uno nace, lo hice en Mendoza. Por eso siempre digo que soy de esta provincia.

-¿Por qué viniste a vivir a Mendoza?

-En ese momento mi padre fue trasladado a trabajar al laboratorio de la fábrica de cemento Minetti. Así fue que nos vinimos todos para acá y recalamos en Panquehua. Vivíamos en el barrio pegado a la fábrica. Mi primer contacto con Mendoza fue con esa Panquehua un poco polvorienta. El lugar era algo muy misterioso para mí como niña, por las montañas, los hornos y muchas otras cosas. Todo eso me llamaba mucho la atención.

-¿Dónde ibas a la escuela?

-Hice la primaria en el colegio Gregorio Las Heras, de Las Heras. Me quedaba muy cerca. De hecho me iba en el colectivo de la línea 6. La secundaria, en el Liceo Nacional de Señoritas.

-En esos tiempos ¿ya escribías o sentías una vocación por escribir?

-En realidad, en la adolescencia y en la parte de mi última infancia tuve algunos esbozos. Había empezado a escribir como escribimos los chicos cuando tienen miedo, sienten amor o desamor. Pero lo hacía sin ninguna conciencia y sin ninguna decisión de que iba a ser escritora. Tanto es así que después dejé de escribir e ingresé a la universidad. Creo que retomé la escritura, con sentido de responsabilidad e importancia, recién a los 40 años.

-¿Había algún antecedente de escritores en tu familia?

-Hay antecedentes de gente que ha hecho teatro y sobre todo de grandes lectores. Mi padre escribía poesías muy bien, pero no era escritor profesional.

-¿Qué estudiaste en la universidad?

-Yo estudié Letras, pero tardíamente. Primero me casé, luego tuve dos hijos y después empecé a estudiar. En primera instancia terminé la escuela secundaria. Fui madre a los 19 años y no había podido finalizarla. Luego de concluir mis estudios secundarios comencé a estudiar Filosofía y Letras. A la carrera la hice rápido. Con dos hijos y mi marido no tenía tiempo para ir a pavear.

-Y cuando terminaste la carrera comenzaste a dar clases de Lengua en colegios...

-Sí, arranqué dando literatura española y argentina en el colegio Martín Zapata.

-¿Cómo fue que a los 40 años te decidiste a empezar a escribir?

-Me animé por la misma razón que nos animamos a hacer todas las cosas. Fue por una pasión muy fuerte que me despertó el libro “El Señor de los Anillos”, de J. R. R. Tolkien. Esa lectura me hizo pensar que debía intentar escribir. Yo había leído muchos libros, pero ése me impactó mucho.

-¿Cómo fue escribir tu primer libro?

-En mi caso puntual me pasó algo que a mi entender es deseable que nos ocurra cuando comenzamos algo y es que no me preocupé por los resultados. Te diría que casi nada. Disfrutaba mucho del proceso de buscar bibliografía, de armar mi mundo y hacer mis mapas. Era como un chico jugando. Las editoriales no eran parte de mi imaginario en ese momento. No pensé en lo que podía suceder después, sólo quería escribir.

-¿Conocés otras historias de escritores que hayan empezado de una forma similar a la tuya?

-Conozco mucha gente que empezó a escribir por pura pasión y a la que muchos años después le llegó la hora de editar sus libros. Yo, personalmente, tuve mucha suerte. Siempre lo digo.

-¿A quién le ibas mostrando los escritos de tu primer libro?

-Martirizaba a dos personas básicamente (risas), que eran mi esposo y mi hijo mayor. Era porque como mujer no había jugado ni a las bolitas (risas nuevamente) y ellos me daban la visión masculina de algunos aspectos relacionados a mi libro. Les leía las partes de las batallas, les preguntaba por las armas y ellos me contestaban a regañadientes.

-¿Cuánto duró el proceso para que ese primer libro estuviera terminado?

-Desde que verbalicé que quería intentar escribir una épica fantástica latinoamericana, hasta que terminé el primer tomo del libro pasaron tres años.

-¿Y cuándo llegaste a la editorial que lanzó tu libro?

-Eso fue cuando estaba escribiendo la segunda parte de la trilogía de la Saga de los Confines, cuyo inicio fue “Los Días del venado”, mi primer libro. El segundo se llamó “Los Días de la Sombra”.

-¿El libro gustó rápidamente a los editores?

-Iba presentando y mostrando el libro a distintos editores y la verdad es que recibía muchos no.

-Eso es lo normal, ¿o no?

-Sí, eso es lo esperable. Así fue que después de varios no, conseguí un sí que permitió que se editara mi primer libro.

-¿Cuántos libros llevás desde que arrancaste hasta hoy?

-Mi primer libro salió en 2000 y actualmente llevo 15.

-¿Cuánto tiempo dedicás en tu día a escribir?

-Cuando estoy en mi casa lo hago durante varias horas por día. Lo disfruto mucho. Cuando estoy de viaje me siento en un café o en algún lugar que tenga tranquilidad para hacerlo. Trato de estar con mi computadora un rato y voy escribiendo.

-¿Cómo fue el cambio de ser profesora, madre y esposa a convertirte en una escritora importante?

-Fue un cambio grande. Primeramente en lo laboral. Tuve que decidir entre continuar dando clases en la escuela o dedicarme a escribir. Me decidí por la escritura porque creí que ahí iba a tener mucho más para brindar. La familia tuvo que reacomodarse a que mamá no siempre estaba en casa. Mamá había empezado a viajar. Se fueron acomodando a eso con alegría y extrañeza. Fue todo muy repentino pero también es importante tener claro que no hay que subirse a ningún caballo. Yo agradezco poder vivir de esto, es algo hermoso. Pero al fin y al cabo es un trabajo más. No es mejor que ningún otro.

-¿De qué te nutrís para escribir?

-Veo mucho cine, leo, veo teatro y escucho música. Todo eso me sirve. Pero el puntal de mi escritura está en la realidad. En lo que escucho y en lo que no escucho. En lo que le pasa a la gente que está a mi alrededor o en una noticia. En lo más cotidiano por llamarlo de alguna manera. Suelo construir personajes con partes de una persona que conozco y de otra.

-¿Algunas veces esas personas se dan cuenta de que se han convertido en personajes de tus libros?

-Espero que no (risas). Algunas personas cercanas se dan cuenta. O en la familia alguien me dice que tal personaje es la tía tanto. Y yo hago como que no sé…

-¿Es fácil trabajar en cultura en un país como el nuestro?

-Yo creo en las cosas más simples y más básicas. Es importante tener pasión por el trabajo, aceptación del error y paciencia. Sobre todo tener claro que ser artista, en este tiempo y en este lugar, muy probablemente va a exigir vivir con modestia y austeridad. Creo que lo importante es poner el amor y la pasión por el arte en primer lugar y todo lo demás un poco después.

-¿Alguna vez imaginaste o soñaste que podías estar en el lugar en el que estás hoy?

-De verdad esto es algo que no soñé. He soñado mucho en mi vida, pero esto no estaba en mis planes.

-¿Qué es lo que más disfrutás de tu día a día?

-Disfruto mucho de mi casa y del verde que hay en El Trapiche, en San Luis, el lugar donde vivo. También disfruto de un nieto que está por llegar y de mis amigos. De las cosas simples.

-¿Desde hace cuánto tiempo vivís en El Trapiche?

-Estoy desde hace cinco años. Es el lugar ideal. Es un pueblo muy chiquito y muy lindo donde todavía mucha gente anda a caballo. Muy a menudo viajo a otras ciudades donde hay mucho ruido y mucho movimiento. Entonces, esa dicotomía de la tranquilidad y el silencio de El Trapiche me encantan.

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