Un libro publicado ayer, días después de la muerte de Adolfo Suárez, afirma que el rey de España conspiró para apartar al que fue su amigo y primer jefe de gobierno de la democracia, creando con esta operación un terreno propicio para el intento de golpe de Estado de 1981.
La Casa Real se apresuró a hacer un "desmentido categórico".
"Hay un momento en que, después del golpe de Estado, Suárez cree que el rey le ha traicionado y le llama traidor", relató ayer la periodista Pilar Urbano, autora del libro "La gran desmemoria".
Acostumbrada a las polémicas, la autora presentó en Madrid una obra en la que afirma que el rey Juan Carlos dirigió una operación, denominada "Armada", por el nombre del general considerado como el instigador del golpe de Estado, para apartar a Suárez del poder. La operación, según Urbano, habría sido ideada "el 5 de julio de 1980 en Zarzuela", la residencia oficial de la Familia Real en Madrid. Suárez, que ya había ocupado cargos políticos durante el franquismo, fue nombrado en julio de 1976 jefe del gobierno por el Rey, que había sido entronizado tras la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975.
A principios de los años '80, el descontento reinaba entre los militares y una parte de la sociedad en medio de una grave crisis económica y una intensa actividad de grupos armados como la organización separatista vasca ETA.
En esta situación inestable, el joven rey habría decidido, según Urbano, seguir los consejos del general Alfonso Armada e intentar apartar, sin usar la fuerza, a Suárez, que describió tras su muerte, a finales de marzo, como un "amigo leal".
Es entonces, cuando, descontentos por la decisión del rey de elegir a Leopoldo Calvo Sotelo para sustituirlo, los militares habrían decidido ir más lejos con el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, según Urbano.
"La ?Operación Armada' concluye el 11 de febrero... Son dos operaciones muy distintas. Una desemboca en la otra pero no pretendiéndolo el Rey. La ?Operación Armada' parte de Zarzuela, el golpe de Estado, no. El golpe de estado se produce no pretendiéndolo el rey", repitió la autora.
El 23 de febrero de 1981, unos 200 guardias civiles dirigidos por el teniente coronel Antonio Tejero, irrumpieron en el Congreso de los Diputados coincidiendo con la sesión de investidura de Calvo Sotelo. El monarca defendió la Constitución en un mensaje televisado en la madrugada y se legitimó ante su pueblo. Suárez también quedó en la memoria de los españoles como uno de los tres únicos políticos del Congreso que hizo frente a los golpistas.