9 de diciembre de 2017 - 00:00

La pelota - Por Jorge Sosa

Si hay un deporte en el que la pelota adquiere una categoría de protagonista fundamental, ese deporte es el fútbol.

Peter Pitecantropus no sabía en el año en que vivía, porque era troglodita, integrante de una comunidad que no sólo no tenía almanaques sino que ni siquiera sabían contar: llegaban hasta diez y eso porque tenían diez dedos repartidos por su cuerpo.

Peter Pitecantropus atravesaba una tarde más aburrida que dibujar un fósforo sin ningún mastodonte a la vista como para llenar su despensa en épocas de hambruna.

Entonces Pitecantropus se puso a inflar una vejiga de gliptodonte que había quedado en el patio de su caverna, y la cosa fue tomando forma, una forma redonda que aumentaba con los soplidos.

Entonces Peter Pitecantropus le dijo a su mujer: "Che, Negra. Termino de inventar la pelota". Y su mujer, con esa intuición certera que suelen tener las mujeres contestó: "Siempre inventando güevadas, vos, cosas que no sirven para nada".

Después los mayas descubrieron el caucho y le dieron consistencia al invento, a tal punto que con sus pelotas, inventaron un juego mortal de equipo contra equipo donde el que ganaba, perdía. Cosas de los mayas. Había que tener pelotas para jugar a la pelota entre los mayas.

Ni se imaginó Peter Pitecantropus, y mucho menos su mujer, de la importancia que con el tiempo adquiriría el descubrimiento. Es el juguete más simple que hay, una redondez que rebota y va sembrando alegría con sus rebotes. El elemento más usado en competencias deportivas. Porque mire que hay pelotas para un sinnúmero de deportes.

Básquet, tenis, vóley, futsal, béisbol, críquet, balonmano, waterpolo, y un enorme número de deportes se basan en los movimientos de esta caprichosa que pretende ser tenida por los bandos en disputa.

Las hay de goma, de cuero, de plástico y aún macizas como en el hockey sobre césped, y aún deformada como en el hockey sobre patines o el rugby.

La pelota despierta los más encontrados sentimientos: por ella se grita y se calla, se sufre y se disfruta, se ruega y hasta se mata. Es la pelota la que llena el 90 por ciento de los programas deportivos que se emiten por televisión. Casi que uno se atrevería a asegurar que de no existir la pelota no existiría el deporte y entonces la vida sería más aburrida que aquel día de Peter Pitecantropus.

Pero si hay un deporte en el que la pelota adquiere una categoría de protagonista fundamental, ese deporte es el fútbol. Sólo sabiendo los contratos millonarios que se ponen en juego para que una marca de pelota sea usada en los torneos internacionales, nos aproximaríamos a la dimensión que cobra (en dólares).
Se viene el mundial de Rusia, el espectáculo más grande de la historia de la humanidad. Nuestro equipo nos hará sufrir y estallar, temer y gritar.

Pienso que más allá de tácticas, grupos humanos, valores individuales, técnicas y habilidades, tenemos que hacernos amigos de la pelota. Tratarla bien, hablarle para entenderla, cuidar que su redondez sea perfecta, que su superficie inmaculada, que la inflada no le quede muy ceñida de sisa, que rebote con alegría, que vaya donde uno quiere que vaya. Tenemos que hacernos amigos de la pelota. Sólo así tendremos posibilidades de hacer un papel digno y, en una de ésas, como homenaje a Peter Pitecantropus, salir campeones.

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