23 de mayo de 2018 - 00:00

La feria de los “malabaristas” de clase media - Laura Saieg

El “malabarista” intenta de todas las formas posibles llegar a fin de mes porque su sueldo no le alcanza.

Más de un mendocino que de lunes a viernes trabaja en una oficina, en un banco, agencia de viaje, obra social o en otros puestos, los sábados y los domingos se vuelve “vendedor ambulante” en distintas ferias liquidando por algunos pesos todo aquello que ya no usa o que logró mendigar de amigos y familiares.

Este nuevo personaje, al que vamos a denominar “malabarista”, intenta de todas las formas posibles llegar a fin de mes. Como con su sueldo de oficinista no le alcanza, opta por vender en las ferias, que son los nuevos refugios “laborales” para la clase media.

Hay sitios que ya son clásicos de la economía social y familiar, como el del barrio Cano, en Ciudad. Pero hay otro que me sorprendió por su masividad: es la feria de Ugarteche, que crece año a año convirtiéndose en un trabajo temporario para muchos mendocinos.

Esta feria es una aventura en Luján, donde los domingos deja de ser un pueblo de productores para transformarse en un mercado elegido por la clase media para comercializar -sin autorización ni factura- productos nuevos y usados.

Llegué allí por recomendación de unas amigas que cada domingo deciden ir a vender de todo: zapatos o botas fuera de temporada, un suéter que ya no les queda, ropa de niños, platos, cacerolas, lámparas, etc.

Luego de más de media hora de viaje desde la Ciudad hasta Ugarteche, me quedé asombrada. Pensaba encontrarme con 2 ó 3 cuadras de vendedores, pero lejos de eso, eran 4 kilómetros de personas, autos, camionetas y camiones de mudanzas ofreciendo desde indumentaria hasta herramientas junto a repuestos de autos, calefones, heladeras, muebles, animales, bicicletas, planchas, y lo que se nos ocurra, todo por una ganga.

Pero cuando iba caminando por la orilla de la calle me quedé pasmada por dos motivos: primero, porque me encontré con mamás del cole, amigas de la infancia y compañeras de trabajo que salieron a vender para tener unos “mangos” extras -por domingo se pueden volver a casa con $ 1.000 ó $ 2.000, o a veces más-; y segundo, por el funcionamiento del lugar: no hay stand ni mesa.

Cada uno llega con su auto, se estaciona en la banquina, abre el baúl y comienza el muestreo de todo lo que trajo, o directamente tira un mantel sobre la tierra y allí al mejor estilo “todo por $ 10 o todo por $20” están revueltos esos pantalones o remeras que en algún momento formaron parte de la vestimenta diaria.

Bajo este mecanismo, este “malabarista” de la clase media busca alternativas para combatir la pérdida de su poder adquisitivo. El techo de las paritarias fue 15% en la mayoría de los gremios y el último informe de la DEIE marca una inflación acumulada del 12,4%.

En este contexto, hay gremios que arreglaron un ajuste escalonado, por lo tanto en muchos casos los salarios se han acomodado sólo en un 5% ó 10%.

Es lógico que más de una persona busque alternativas para hacerse un extra, sea en la feria de Ugarteche, en la del barrio Cano o con los “libritos” de cosmética o la venta de ropa.

Todas las alternativas son válidas a la hora de llegar a fin de mes, aunque haya que relegar la fiaca sagrada de los domingos.

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