2 de noviembre de 2026 - 17:15

La diferenciación del aceite de oliva necesita más control

La calidad del aceite de oliva exige más que destacar sus cualidades. Investigación y transparencia son clave para convertir los polifenoles en una oportunidad.

La olivicultura tiene una oportunidad para avanzar hacia una nueva forma de diferenciar sus productos. El aceite de oliva virgen extra alto en polifenoles despierta interés por su composición, características sensoriales y las investigaciones sobre sus propiedades. Pero, para que ese interés se transforme en una alternativa sostenible para la industria, necesitamos trabajar en tres aspectos: conocimiento, controles y confianza.

Desde el concurso Cuyoliva Internacional decidimos incorporar una categoría específica para estos aceites porque creemos que es necesario ampliar la manera de evaluar y reconocer la calidad. Será la primera competencia de estas características en Sudamérica y buscamos que contribuya a instalar el tema en la agenda de los productores, industriales, investigadores, gastronomícos y consumidores.

Los polifenoles son compuestos naturales presentes en la aceituna y el aceite de oliva. Su concentración depende de diferentes factores, entre ellos la variedad, el estado de maduración del fruto, las condiciones de cultivo, el manejo agronómico, el momento de cosecha, extracción y guarda.

Esto significa que obtener un aceite con una concentración elevada de estos compuestos requiere conocimiento y decisiones a lo largo de toda la cadena productiva. Variedades como Arauco, Coratina y Picual tienen potencial fenólico, pero ese atributo debe comprobarse en el producto final. No alcanza con identificar la variedad ni con destacar una característica en la etiqueta.

El futuro del aceite de oliva se construye con confianza

El primer desafío es garantizar la calidad. Si queremos desarrollar esta categoría, necesitamos que el consumidor tenga la certeza de que está comprando lo que se le ofrece. Para eso hacen falta análisis confiables, trazabilidad y controles que permitan verificar la composición del aceite y su condición de virgen extra.

Existe un riesgo cuando una característica se convierte en argumento comercial sin mecanismos suficientes para respaldarla. Debemos evitar que se promocionen productos como altos en polifenoles sin contar con resultados que lo demuestren. Además es importante prevenir posibles adulteraciones o mezclas.

Un concurso puede contribuir a reconocer la calidad y generar referencias para el sector, pero no reemplaza los controles permanentes. La confianza se construye con acciones verificables y con la responsabilidad de quienes producen, elaboran y comercializan.

El segundo desafío es profundizar la investigación. Tenemos mucho por conocer sobre las variables que influyen en la concentración de polifenoles y sobre las posibilidades de mejorar los procesos productivos. La articulación entre productores, industrias, universidades y organismos técnicos puede ayudar a transformar experiencias individuales en conocimiento compartido.

También debemos comunicar con responsabilidad los resultados de los estudios sobre sus posibles efectos en la salud. El interés científico por los polifenoles no permite atribuir al aceite propiedades terapéuticas que no estén suficientemente demostradas. Las investigaciones deben avanzar con evidencia y sin generar expectativas que excedan sus conclusiones.

El tercer desafío es productivo y comercial. Para elaborar aceites de oliva diferenciados, las empresas necesitan invertir en conocimiento, ajustar sus procesos y comprobar los resultados. Esa inversión debe encontrar un mercado que valore la calidad y comprenda qué distingue a estos productos.

Un diferencial para la olivicultura

Mendoza tiene condiciones para participar de ese proceso. Nuestra tradición olivícola, la diversidad varietal y la experiencia de los productores y elaboradores constituyen una base para desarrollar aceites con características propias. Pero esa ventaja debe sostenerse con formación, innovación y controles.

La categoría que incorporamos en Cuyoliva busca dar visibilidad a estos productos y estimular una discusión que recién comienza. No pretende reemplazar la evaluación tradicional del aceite de oliva virgen extra, sino sumar una dimensión específica para reconocer otra característica de su composición.

Estamos ante una oportunidad para que la olivicultura mendocina avance en diferenciación y conocimiento. Para aprovecharla, debemos trabajar tofos juntos y asumir que la calidad no se proclama: se demuestra.

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