De la serie me gustó la trama, la interpretación, la música y que por una vez los "malos" (los de la peli ciertamente lo eran) mostraran con claridad lo que el sistema financiero internacional, amparado en una legalidad hipócrita y profundamente inmoral, viene haciendo sistemáticamente: quedarse sin esfuerzo con inmensas riquezas que otros generan con su trabajo y riesgo empresario.
Lo que dice la autora
Recientemente la escritora Alicia Duo (por cierto estimada ex compañera en nuestro paso por la universidad) publicó una nota en este espacio sobre la serie del título que a mi juicio toca un gran tema: la legalidad y su vinculación con la ética, la moral y el derecho.
Sostiene que la obra en cuestión tuvo un merecido éxito masivo, pero afirma también: "No estoy de acuerdo con los que piensan que uno desea que los ladrones triunfen", porque esto implicaría, continúa diciendo: “… no saber distinguir entre lo que pertenece legítimamente al que es dueño de la cosa por ley y lo que se roba en contra de la ley”.
Más adelante afirma contundentemente: "Los ladrones de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (refiriéndose a los ladrones de la serie) atracan a sus conciudadanos y a su patria. Roban el erario público".
Coincido, como seguramente la mayoría, en que nadie quiere que los ladrones triunfen y menos aún los que nos roban a nosotros. Ahora bien, en la tesis de Alicia Duo el único parámetro para determinar quién es ladrón es la ley vigente, dando por hecho que la misma responde o realiza la ética, la moral a la que se supone adherimos mayoritariamente como sociedad.
Este es el concepto que cuestiona sutilmente la serie y el que vale la pena discutir.
Lo legal, ¿es siempre ético y moral?
Hicimos legal que algo más de doscientos mil residentes en el país blanquearan recientemente ciento dieciséis mil millones (116.000.000.0000) de dólares, mas de veinte años de presupuesto de Mendoza (¡!).
Ese dinero, llamado negro (el del blanqueo) era ilegal, y se convirtió en legal. En su momento dejó de pagar impuestos por aproximadamente un 40% que es la presión tributaria mínima que hoy tenemos, y pagó en cambio al blanquear entre un 5% y un 10% según los casos, a más de estar protegidos por el secreto fiscal.
Totalmente lejos de mi ánimo, ni siquiera insinuar una crítica sobre los que blanquearon, el problema no es con personas, es el sistema. La evasión se produjo durante gestiones anteriores y el perdón en esta. El tema es qué paralelo hay entre lo "legal" y lo ético, no en señalarnos entre nosotros marcando quien es bueno y quién es malo.
También en estos días, capitales golondrinas han concretado inconmensurables ganancias especulando con la compra y venta de Lebacs y de dólares agravando una crisis que padecemos todos.
Acá se puede evadir (pruebas al canto) lo que sea y como sea, sustraer dinero a la patria, al erario público en los términos de Alicia Dúo, y es legal dejar esa ilegalidad sin sanción de ningún tipo.
La legalidad
Es evidente que el dictado de la legalidad (supuestamente en manos de nuestro Congreso y del sistema judicial) está fuertemente cargado de una parcialidad que consiste en castigar con rudeza, fiereza, a quienes se apropian mediante la fuerza de lo ajeno, pero premian a quienes, en infinita mayor magnitud, también se apropian de lo ajeno sin utilizar jamás violencia física pero utilizando mecanismos que el sistema califica de legales, aunque jamás la moral, el derecho y la ética ciudadana permitirían.
La permanencia de este sistema profundamente injusto que permite al capital financiero (el que sólo especula, no invierte, no genera riqueza, empleo) acumular una inconmensurable riqueza a costa del sistema productivo es lo que indigna, lo que muchos condenamos, una de las tantas formas de hacerlo son las expresiones del arte, el cine es una de ellas.
La Casa de Papel, y sus protagonistas, sin lugar a dudas marginales ejemplos de nada, lo que hacen a mi juicio, con las libertades y exageraciones permitidas a las expresiones artísticas, es señalar esa grosera contradicción de nuestro sistema.
Ellos (los personajes de la peli) sí son ladrones, pero ¿los que hicieron lo mismo para beneficiar a los bancos en la crisis del 2008/2009 invocando esa crisis que ellos mismos habían generado no lo son?
Hay muchos, entre los que me encuentro, que estamos profundamente hastiados, cansados, enojados al ver como siempre este perverso sistema protege, cuida, premia y aun ensalza a los llamados delincuentes de guante blanco o financistas que acumulan inmensas fortunas sin tener una fábrica, un comercio, un campo cultivado, un trabajo, mientras nuestras cárceles están llenas exclusivamente de varones jóvenes, casi analfabetos y por lógica pobres con muy pocas excepciones. Marginales, por cierto, como los de Casa de Papel.
Ciao bella ciao
La hermosa canción que elige el director evocando a los partisanos, italianos que se animaron a riesgo de sus vidas durante la Segunda Guerra Mundial enfrentar al fascismo de Hitler y Mussolini, invita a resistir.
Dice que ha llegado el invasor y hay que resistir y si muere en la lucha que su amada lo entierre en la sierra al lado de una flor.
Los invasores han llegado, son estos el capital financiero/especulativo protegido por nuestra legalidad, hay que resistir.
Si ya sé, puro romanticismo dirán, nada que ver con la realidad…
La inmensa mayoría que trabaja todos los días, la que arriesga su capital poco o mucho en producir, generar trabajo, que no roba de ninguna forma, que no evade y que no llega a fin de mes, a hacer sustentable su emprendimiento, necesita ver que vale la pena no robar como los de la Casa de Papel, necesita un esperanza y el arte suele ayudar, ojalá la política lo haga pronto.