Los Guillamont venían vinculados con la industria de la madera como proveedores de clavos y fijaciones metálicas para la fabricación de envases de madera y pallets en aserraderos, y de piezas de carpintería. Eso influyó en la decisión de inclinarse por ese cultivo.
Pero también el hecho de que no exige distraer demasiado tiempo de la actividad principal para llevar el control y que, aunque su rentabilidad no es tan alta como la de otros cultivos, su valor de mercado muestra mayor regularidad. Además, “si consideramos que un año no es rentable, podemos no vender y hacerlo al año siguiente”, dice Santiago.
En cuanto al tiempo que hay que esperar para talar un bosque, explica que “los turnos de corta varían según el suelo de cada cuadro. Hay sectores muy buenos y otros bastante complicados”.
De manera que “el promedio de corta nos da 12 o 13 años; hay cuadros que los hemos podido cortar a los 10 años, y otros que tienen 14 o 15 y los estamos esperando para cortarlos en un par de años más”. Revela que “hace recién tres años se hizo la corta de un bosque plantado por nosotros. Hasta ese momento, lo que se cortó fue lo que ya estaba plantado en la primera propiedad que compramos”.
Sobre si las autoridades les prestan atención a la actividad, Guillamont señala: “Desde el Ministerio de Agricultura de la Nación sí pero no tanto desde la Provincia, donde es una actividad bastante olvidada”.