Los cuatro países de la Alianza del Pacífico, constituida formalmente en junio del año pasado, representan en conjunto el 35% del PBI de América Latina, el 50% de las exportaciones del continente y su población supera los 200 millones de habitantes, lo que supone una verdadera alternativa al coloso brasileño. Significa, además, un nuevo modelo de integración regional interesado en el fortalecimiento de las instituciones democráticas y orientado hacia la libre circulación de bienes, capitales, servicios y personas y hacia los mercados de Asia.
"Es un cambio de paradigma", afirma Luis de la Calle, consultor y antiguo subsecretario de Comercio Exterior con el presidente mexicano Ernesto Zedillo (1994-2000). "En el pasado los procesos de integración en América Latina eran diálogos de sordos, acuerdos comerciales entre economías cerradas. La Alianza apuesta por la estabilidad y una apertura conjunta completa en la que se eliminan aranceles, restricciones a las inversiones y al movimiento de personas. Mercosur no sólo no funciona sino que, además, sus miembros se cierran al comercio entre ellos y a terceros".
El nuevo bloque contrasta con otras instancias regionales con tendencias más proteccionistas como el Mercosur o más ideológicas como el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de América), de capa caída tras la muerte del presidente Hugo Chávez, y abre una línea divisoria en sentido vertical en el continente. "Mercosur camina en dirección opuesta. Lleva décadas anquilosada y es retrógrada en términos comerciales", apuntan fuentes del actual Gobierno mexicano, orgullosas de la ofensiva comercial de su país en el nuevo escenario. Fuente: El País de España