6 de junio de 2013 - 23:26

Independencia

La insurgencia Mau Mau fue determinante en la marcha de Kenia hacia la independencia, aunque el poder colonial británico consiguió aplastarla sin escatimar métodos brutales por los que ayer Londres prometió indemnizar a las víctimas.

De 1952 a 1960, los Mau Mau, que solían vestir pieles de animales y peinarse al estilo rastafari, sembraron el terror entre los colonos europeos.

La mayoría pertenecían a la comunidad kikuyu, la principal del país. Se alzaron al grito de “Tierra y Libertad” y lanzaban ataques desde sus bases en la selva para recuperar tierras fértiles de los colonos blancos.

El asesinato de 32 colonos en 1953 focalizó la atención, y la indignación, de los países occidentales. Resulta difícil establecer un balance aproximado de las víctimas de la represión. La estimación más baja ronda los 10.000 muertos.

La Comisión de Derechos Humanos de Kenia eleva esa cifra a 90.000 y a 160.000 el número de detenidos sin juicio en centros donde las ejecuciones, las torturas y los abusos de todo tipo eran cosas habituales.

El levantamiento Mau Mau está considerado clave en el proceso que llevaría a la independencia de Kenia en 1963, aunque creó profundas divisiones entre las comunidades que apoyaron a los guerrilleros y las que permanecieron fieles a la administración colonial.

El movimiento solo fue legalizado en 2003 por el actual presidente, Mwai Kibaki, un kikuyu.

En 2006 se erigió en Nairobi una estatua a Dedan Kimathi, uno de los principales líderes Mau Mau, detenido en 1956 y ejecutado en la horca al año siguiente.

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