12 de abril de 2018 - 00:00

Ilusión de la obra pública - Por Arnold Rubén Simoni

Lic. Arnold Rubén Simoni - Ciencias Económicas (UNCuyo)

Ilusión es un concepto sin verdadera realidad; es una esperanza de atractivo cumplimiento; obra pública son todos los trabajos de construcción, ya sean infraestructura, caminos o edificación, promovidos por la administración pública (en oposición a la obra privada), teniendo como objetivo beneficio para la comunidad. El problema, desde el punto de vista económico, es que no siempre el resultado, o resultado neto de la obra pública es beneficioso.

Es un error no advertir que si bien toda obra pública es inversión, es decir una actividad que evita gastos futuros y/o favorece el desarrollo social, implica también erogaciones de caja. Por supuesto toda inversión es preferible al gasto, que se consume en forma inmediata, porque inversión implica permanencia, futuro y ahorro. Pero el ahorro solo puede realizarse cuando los recursos superan los gastos, caso contrario es una falacia, porque no se puede ahorrar lo que no se tiene.

Cuando los recursos financieros superan las erogaciones y hay superávit, es doblemente correcto y oportuno hacer inversiones mediante obras públicas, por cuanto se beneficia la comunidad y se equilibra el resultado fiscal. Caso contrario, cuando las erogaciones superan los ingresos públicos y reservas, inevitablemente debe recurrirse al crédito y/o emisión monetaria.

El crédito es el modo preferido porque traslada el efecto negativo al futuro, que siempre se considera menos gravoso que el presente, simplemente porque es mañana, no hoy. Sin embargo, si no se equilibra el resultado fiscal el problema se agrava porque oportunamente habrá que pagar no solo el capital, sino también los intereses del crédito.

El crédito es otra ilusión. Pocos son los problemas económicos que no se han tratado de solucionar por su intermedio. Puede mitigar los efectos de los errores cometidos, pero es perjudicial cuando los errores no se corrigen. La confianza es la primera condición de todo crédito y la estabilidad monetaria la condición de la confianza.

Un país (Alemania post Primera Guerra Mundial) casi sin ahorro o capitales propios, sin crédito en el extranjero, con una economía pública y privada sofocada por las deudas, lanzó una inmensa letra de cambio sobre el porvenir para dar trabajo a la gran mano de obra desocupada y con ello activar la economía e incrementar la producción. Los empresarios proporcionaron el dinero líquido para pagar salarios y materias primas por letras de creación de empleos. Las dificultades comenzaron con el primer vencimiento de la letra de cambio que no se pudo cumplir. Fue un desastre que terminó con control y fijación de precios, racionamiento, aumento de los impuestos, obligación de suscribir empréstitos y control general de salarios, entre otras medidas.

Argentina tiene varias experiencias de déficit fiscal y deuda pública. La crisis de 2001, por ejemplo, fue una de ellas, agravada por el error económico de fijación de precio (ley de convertibilidad), nada menos que del medio  que interviene en todas las transacciones; con un penoso desenlace: desocupación, recesión, default y corralito, entre otros.

Default es un término inglés cuya traducción al castellano es dejar de realizar los pagos correspondientes a su acreedor. El deudor incurre en cesación de pagos. El corralito restringió una de las libertades esenciales de los usuarios de cualquier sistema bancario: la de poder retirar sus fondos del sistema en cualquier momento.

En cuanto a la emisión monetaria es sabido que origina inflación, es decir aumento general de precios, que como observaron notables economistas, es una enfermedad fatal que puede destruir una sociedad y con más razón un gobierno como el de Alfonsín, Menem y de la Rúa, entre otros, por citar los más recientes.

La película austro-alemana “Los Falsificadores”, que muestra la operación nazi de fabricar gran cantidad de libras esterlinas para introducirla en la economía británica y desestabilizarla, enseña que la inflación es un fenómeno monetario que destruye la economía.

No cabe la menor duda que la inflación y su origen, déficits fiscales, son el enemigo número uno del desarrollo argentino, que se debe combatir atacando su causa, porque caso contrario no se soluciona el problema, como lo demuestra la larga historia inflacionaria argentina.

Cabe señalar también, que la obra  pública financiada con crédito o emisión monetaria para revertir una recesión económica es como apagar con nafta un incendio, como le sucedió al gobierno español en la crisis de 2008.

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