Según el investigador Jaime González Colville, de la Academia Chilena de la Historia, al avión caído lo divisó un piloto el 10 de abril de 1961, y días más tarde rescataron los restos de la máquina y de las víctimas, los que “recibieron cristiana sepultura”. Así lo cuenta Colville en una carta al diario El Mercurio del vecino país.
“La máquina volaba el 3 de abril de 1961 desde Castro, con escalas en Osorno y Temuco, con 21 pasajeros y 3 tripulantes. Además de los jugadores de Green Cross, venían los 3 árbitros del encuentro y 6 pasajeros. Dos eran damas: las hermanas María y Gabriela Andrade. Los pilotos fueron Silvio Parodi y Carlos Jorquera.
“El último contacto fue a la altura de Los Ángeles, donde el comandante informó de hielo en las alas, solicitando permiso para cambiar de rumbo...
“La FACh envió cuatro aviones B-26, al mando del comandante Hans Bastelman, quienes sobrevolaron y fotografiaron el macizo andino. Así, uno de los pilotos, el teniente Sergio Riesle, en la tarde del 10 de abril de 1961, divisaron restos del fuselaje en un arriesgado vuelo casi rozando las cumbres...”
“Veinte andinistas militares formaron parte de la expedición de rescate. La patrulla llegó al lugar tras ingentes esfuerzos...
“Los restos de los pasajeros fueron depositados en bolsas, con rigurosa separación para una adecuada ubicación y nominación, y llevados, en helicóptero, hasta el gimnasio de la Escuela de Artillería de Linares, donde se determinaron las identidades de los fallecidos. Todos los cadáveres fueron reconocidos y recibieron cristiana sepultura. No hay referencias sobre cuerpos extraviados.