2 de mayo de 2013 - 00:54

El hipódromo de Palermo, epicentro holandés

La comunidad holandesa en Buenos Aires tiñó de naranja el barrio de Palermo, donde celebró con un desayuno real la investidura en Amsterdam de Guillermo de Orange y la argentina Máxima Zorreguieta como reyes de los Países Bajos.

Tres imágenes de los nuevos monarcas, que accedieron al trono tras la abdicación de la reina Beatriz, y banderas de los Países Bajos fueron colocadas en el ingreso al coqueto salón Oval de la tribuna oficial del Hipódromo de Palermo, epicentro el martes por la mañana, desde temprano, de los festejos porteños de los holandeses.

La celebración fue organizada por la embajada de los Países Bajos, a cargo del diplomático Hein de Vries, a quien se vio exultante por lo que acontecía en su país, retransmitido en Palermo por una pantalla gigante colocada en las pistas del hipódromo y por decenas de televisores ubicados dentro del recinto.

“Es un día fantástico e histórico”, destacó De Vries al abrir el acto y dar pie para que comience el desayuno oficial, en el que no faltaron el himno nacional de los Países Bajos, que interpretó Leticia, una soprano holandesa, y las lágrimas de algunos de los presentes.

Bocaditos de queso, bitterbalen (croquetas de queso con mostaza), galletitas holandesas Volendam y budín con pasas de uva Kruidkoek, junto con café, té, jugos, yogurt, cereales y quesos, entre otras delicias dulces y saladas, transportaron a los invitados a la tierra de sus antepasados.

“Estoy feliz y orgulloso, esto es muy importante para los dos países”, sonrió el holandés Henny Kempkes, un hombre de 67 años que fue una de las atracciones de la jornada no sólo por su tupida barba canosa, sino también por su atuendo, un pantalón naranja, una remera naranja con la leyenda “Beatriz 2013 - Máxima in” y los tradicionales zuecos de madera.

“Se llaman klompen, o wooden shoes”, explicó, para luego, con una bandera argentina y una copa en sus manos, contar que llegó a Buenos Aires de vacaciones: “Ahora quiero conocer la Patagonia y las Cataratas de Iguazú”, adelantó.

Mientras, las imágenes mostraban a Guillermo y a Máxima en la investidura realizada en Nieuwe Kerk (Iglesia Nueva), como consecuencia de la abdicación de la reina Beatriz.

“No creo que de manera directa ayude al comercio bilateral, pero sí de manera indirecta. El vínculo se tiene que reforzar, porque hay mucho por hacer”, advirtió ante esta agencia el gerente de la Cámara de Comercio Argentino-Holandesa, Piet Verdult, de traje de lino y corbata naranja.

Con diplomacia, evitó contestar si las trabas a las importaciones impuestas por la Casa Rosada dificultan el intercambio, que estimó favorable a la Argentina, a partir de ventas de soja y harina de soja y compras de energía, maquinara y productos químicos.

El año pasado, el vínculo comercial alcanzó los 1.835 millones de euros, con un saldo favorable a la Argentina en 1.106 millones. Con esa cifra, Holanda se coloca como el segundo destino de las ventas argentinas a Europa, detrás de España, y el séptimo a nivel internacional.

Las marcas que auspiciaron la actividad son conocidas para los argentinos, desde la cerveza Amstel a la línea aérea KLM, pasando por Philips, Shell, el banco Ing, la cerealera Nidera, los supermercados Makro y las bodegas Salentein, que aportaron un delicioso cuvée extra brut para el brindis oficial.

Mientras sus hijos corrían por el lugar ataviados con la camiseta de Holanda, volviendo locos a mozos y camareras, Thomas, un empleado de la banca que llegó a Buenos Aires “hace 20 años”, se deshacía en sonrisas debajo de una gorra naranja con el logotipo de un banco: “Lo de hoy es histórico. A Máxima se la vio espléndida de azul”.

“El color azul es por la Casa de Nassau”, terció Liesje Klomp, la agregada de Política, Cultura y Prensa de la embajada holandesa, encargada, entre otros detalles, de obsequiar con un prendedor “real” a todos los invitados.

Del agasajo participó también la Asociación Holandesa de Beneficencia (AHB), entidad fundada en 1889, un año después de la llegada de los primeros 4.000 colonos de los Países Bajos a la Argentina.

La AHB puso a la venta, con fines benéficos, budines a un costo de 70 a 90 pesos, galletitas, portavelas por 30 pesos, calendarios a 150, señaladores con imanes y la foto de Guillermo y Máxima a un costo de 20 pesos, monedas de dos euros con el sello real a 60 pesos, mermeladas de manzana, llaveros, juegos de naipes por 40 pesos y el libro “Nederlanders in Argentinie”, de Pepijn Boot.

“Máxima amaneció como princesa y se va a ir a la cama como reina. Es como un cuento de hadas, y yo participé desde acá”, se conmovió Alice, y se perdió entre los 600 invitados especiales, la mayoría de ellos con prendas de color naranja. La celebración tenía todavía mucho para dar, en Buenos Aires y en Amsterdam.

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