El primer ministro griego, Alexis Tsipras, afrontaba ayer en Atenas la ardua tarea de conseguir apoyos en su partido y en el país a las draconianas medidas exigidas por sus acreedores, que el parlamento debe aprobar hoy.
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, afrontaba ayer en Atenas la ardua tarea de conseguir apoyos en su partido y en el país a las draconianas medidas exigidas por sus acreedores, que el parlamento debe aprobar hoy.
En este contexto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) subrayó en un informe publicado ayer que la Zona Euro debía ir “mucho más lejos” de lo previsto y podría verse incluso obligada a eliminar una parte de la deuda.
En Atenas, algunos partidarios de Tsipras estimaban que el acuerdo alcanzado el lunes por la mañana al término de un noche de negociaciones representa una traición a la voluntad popular expresada en las urnas el 5 de julio, cuando un 61% de los griegos dijo “no” a la austeridad.
Sin embargo, el gobierno griego se sometió finalmente a las exigencias de la Zona Euro, al presentar ayer ante el Parlamento un proyecto de ley, que incluye una reforma del IVA e introduce una regla de oro presupuestaria. Esta es una condición necesaria, pero no la única, para continuar con un proceso que desemboque en la firma dentro de algunas semanas de un nuevo plan de ayuda a Grecia de unos 82.000 millones de euros.
“Este acuerdo puede pasar en el Parlamento con los votos de la oposición, pero no con los del pueblo” griego, advirtió el ministro de Energía, Panagiotis Lafazanis, del ala dura de Syriza.