El Parlamento griego aprobó anoche una ley de austeridad exigida por los acreedores del rescate financiero, a pesar de un significativo nivel de desacuerdo del partido gobernante Syriza.
El Parlamento griego aprobó anoche una ley de austeridad exigida por los acreedores del rescate financiero, a pesar de un significativo nivel de desacuerdo del partido gobernante Syriza.
La ley que impone arrolladores incrementos de impuestos y recortes de gasto fue aprobada con el apoyo de los tres partidos de oposición pro europeos.
Varios miembros prominentes de partido del primer ministro Alexis Tsipras votaron en contra de su recomendación, incluidos el ministro de Energía Panagiotis Lafazanis y el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis.
Los prestamistas de la Zona Euro exigieron la nueva serie de recortes en un acuerdo alcanzado esta semana para colocar a Grecia en un nuevo programa de rescate financiero.
Los opositores argumentaron que los griegos no podían enfrentar ningún recorte más después de seis años de recesión que originó un aumento agudo de pobreza y desempleo.
Mientras en el Parlamento se desarrollaba la vocatión, afuera manifestantes lanzaron bombas incendiarias y piedras contra la policía, que respondió con gas lacrimógeno a las expresiones de violencia contra las medidas de austeridad.
Grupos de jóvenes que estaban entre los 12.500 manifestantes apedrearon tiendas y prendieron fuego a varios vehículos. Los enfrentamientos representan la primera protesta violenta desde que el partido de izquierda radical Syriza llegó al poder en enero prometiendo combatir la austeridad. La policía informó que al menos 50 personas fueron detenidas.
La protesta se sincronizó con el comienzo del debate de la ley que contempla alzas a los impuestos y reformas al sistema de pensiones que condenará a los griegos a más años de penuria económica.
La ley ha provocado indignación entre integrantes del partido gobernante Syriza y llevó a una revuelta interna contra el primer ministro griego Alexis Tsipras, quien insistió en que el acuerdo alcanzado el lunes con los acreedores tras una cumbre que duró 17 horas era la única opción para evitar el colapso financiero del país.
“Debo decirles que la mañana del lunes, a las 9.30, fue el día más difícil de mi vida. Fue una decisión que me pesará el resto de mi vida”, dijo el ministro de Finanzas, Euclid Tsakalotos. “Ignoro si hicimos lo correcto. Pero sé que lo hicimos con la sensación de que no teníamos opción. Nada era seguro y nada lo es”, dijo al comenzar el debate.
Empleados públicos hicieron una huelga que alteró el transporte y provocó el cierre de los servicios estatales en todo el país.
La ministra alterna de Finanzas, Nadia Valavani, dijo que no podía votar a favor de la ley y renunció. En una carta que le envió a Tsipras el lunes y que se difundió ayer, Valavani manifestó que las tácticas de los “círculos dominantes en Alemania” representan “la total humillación del gobierno y el país”.
Según lo acordado, Grecia deberá aprobar nuevas medidas de austeridad que el partido de izquierda en el gobierno había prometido combatir para que se inicien las negociaciones sobre un tercer rescate por importe de 85.000 millones de euros en préstamos durante los siguientes tres años.
Tsipras reconoció que las medidas de austeridad que prometió combatir durante su campaña son “irracionales” pero dijo que no tenía otra opción que aceptarlas para evitar el colapso.