25 de noviembre de 2014 - 00:00

Giorgio Battistella, un artesano del calzado

Desde hace 50 años, en su casa, negocio y taller del centro de Villa Hipódromo, desarrolla una actividad que aprendió de su padre y sus tíos en la lejana Venecia. Un especialista en mocasines, acordonados y sandalias franciscanas.

Giorgio Battistella es un simpático fabricante artesanal de calzado, actividad en la que ya cumplió medio siglo en Villa Hipódromo.
En su caso el oficio se transmitió en la familia y también tiene que ver con el terruño de donde es oriundo, la provincia de Treviso, en la marítima Venecia.

En esa zona del noreste de Italia nació el hombre, más precisamente en un pueblito llamado Gobega San Urbano, de donde vino a Mendoza con su papá, también fabricante de calzado, al igual que sus tíos. Es que en los alrededores de la ciudad de los canales la confección de zapatos es una actividad muy extendida.

Entonces, el oficio en este trabajador es una impronta que se transmitió,y  que concluirá con él, ya que su hija Gabriela, escritora, y su yerno, ingeniero electrónico, no lo van a suceder en la ocupación.

En su taller y negocio de Pellegrini 1235, Godoy Cruz, Giorgio cuenta que su padre se instaló con 2 socios en Pellegrini al 1100 en los '60. "Eran las 3 B: Battistella, Bottecchia y Bolzano. Allí aprendí los rudimentos de la tarea. Yo estudiaba en el colegio Martín Zapata, y cuando terminaba el horario de clases, me iba al taller. Debí haber tenido 17 ó 18 años".

Pero su primer trabajo "oficial" lo tuvo en la desaparecida fábrica "El Colegial", en Dorrego, donde permaneció durante 3 años. Por entonces sabía que me iba a dedicar a le scarpe".

Con lo que ganó en ese establecimiento y siendo veinteañero aún,  compró sus primeras máquinas: una de coser, una lijadora y un balancín, y se largó solo, instalándose en calle Amengual, en los fondos de la casa paterna.

"Uno de mis primeros clientes importantes fue Carbometal, del ingeniero Florencio Casale, que me contrató para que les hiciera botines y borceguíes de seguridad para los operarios. Fueron muchos pares y tuve que traer algunos compañeros de "El Colegial" para que me ayudaran", relata mostrando las órdenes de compra que le hacía la exfábrica de carburo de calcio. Corrían los años '80.

El emprendedor fue progresando. No faltaban clientes, entre ellos la desaparecida tienda El Cóndor, de don Juan Quero, casado con la hija de Florencio. Y también le compraban "timbos" integrantes de la familia Nazar, el heladero Ferruccio Soppelsa; los Chesi, de El Tirolés; Jorge Zamora, su amigo y vecino, dueño del popular café Sportman y el papá de la bailarina, coreógrafa y directora de la Vendimia, Vilma Rúpolo.

Prioridad, el varón

La casi total producción de Giorgi es calzado para varón, pero se animó con un modelo de mujer, un calzado cerrado en cuero, suela de goma y cordones. Nunca hizo con tacos.

-¿Cómo se hace un zapato?, se le preguntó.

-Por ejemplo, uno con cordones. Primero corto la capellada (el cuero que va en la parte superior), lo coso y en la horma se termina la forma al calzado, colocándose a renglón seguido la plantilla y finalmente la suela, de cuero o de goma. Trabajando solo, sin ayudantes, se puede hacer un par de zapatos por jornada.

-¿Le han devuelto trabajos alguna vez?

-No, casi nunca, a lo sumo los han cambiado por otros porque no les gustaba como les quedaba.

-¿Cuántos modelos fabrica?

-No muchos, están los acordonados, los slacks (mocasines) y las sandalias franciscanas.

El equipamiento

En el taller del veneciano el equipamiento básico está compuesto por máquina de coser, otra destinada a rebajar el cuero, un balancín (para cortar la suela), lijadora y máquina de pegar.

La herramientas se reparten entre scooter, trincheta, pinza de armar, martillo, alicate, tijeras, lesna, clavos, tachuelas y pegamento, además de limas de afilar.

Battistella comenta que no tiene parentesco alguno con la firma Calzado Batistella, aunque más de uno los ha confundido, lo que obviamente no le desagrada. "Ellos tienen una sola t inicial, aunque tal vez también sean venecianos como nosotros".

Antes de contestar la última pregunta que se le formula, referida a cómo está la actividad actualmente, piensa un instante. "El oficio me sigue gustando, pero viene cayéndose porque hay menos venta de zapatos; la gente se vuelca a las zapatillas y solo falta que las usen con traje. Hay personas, jóvenes, que me compraron un par de zapatos para su casamiento, que luego no los usaron nunca más".

Un amigo y vecino, Víctor Vázquez, tapicero de autos, define a Giorgio y su labor. "Gusta verlo cómo va armando el calzado; es un artesano y no quedan muchos como él".

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