Washington. Brasil, inmerso en unas históricas protestas por mejoras sociales, se halla en un “punto de inflexión” a partir del cual podría beneficiarse de reformas para un mayor desarrollo o estancarse, declaró ayer el historiador estadounidense Francis Fukuyama.
“Creo que un país como Brasil está en un punto de inflexión muy interesante porque tiene una nueva clase media”, dijo Fukuyama durante una conferencia en Washington sobre gobernabilidad e instituciones públicas en América Latina y el Caribe. Según el también politólogo, la clase media tradicional en el gigante sudamericano dependía mucho del Estado, caldo de cultivo para la corrupción y el clientelismo.
Las denuncias contra la corrupción de la clase gobernante eran un ingrediente principal de las masivas manifestaciones que desbordaron los últimos días las calles de Río, San Pablo y otras ciudades, en reclamo de mejores servicios públicos y en contra de los gastos públicos para el Mundial 2014 en vez de en salud o educación.
Según Fukuyama, la nueva clase media brasileña, hija del continuo desarrollo económico de las últimas dos décadas en Brasil, es un “sector privado mucho mejor educado que la generación de los padres, ya dan por sentado la estabilidad y exigen mucho más de los gobiernos”.
Fukuyama, que editó este año un libro de ensayos de diversos autores sobre “la brecha de desarrollo entre América Latina y Estados Unidos”, comparó la crisis brasileña con los procesos sociales que se forjaron en Estados Unidos y Gran Bretaña hace más de un siglo.
“Fue a través de la formación de coaliciones de la clase media, donde nuevos actores sociales que no tenían una voz en el sistema vigente, intentaron obtener esa voz”, relató.
Pero en el caso de Brasil, el futuro de las manifestaciones, sus promotores y del país se definirá de dos maneras, dependiendo de la respuesta del Estado, advirtió durante la charla, realizada en la sede del Banco Interamericano de Desarrollo.
Los manifestantes “pueden ser amenazados o pueden pedir reformas bajo el liderazgo apropiado y creo que eso determinará si Brasil en los próximos 25 ó 30 años se parece más al sur de Italia o Grecia o si se parece más a Gran Bretaña y Estados Unidos después de haber pasado por reformas”.