El Papa Francisco invitó a un muchacho de 17 años, afectado por el síndrome de Down, a pasear en su automóvil frente a miles de personas.
El Papa Francisco invitó a un muchacho de 17 años, afectado por el síndrome de Down, a pasear en su automóvil frente a miles de personas.
Francisco invitó a Alberto di Tullio a su Mercedes descapotable al finalizar su audiencia general del miércoles, dejando que ocupara el sillón blanco del máximo jefe de la Iglesia Católica ante la mirada de miles de personas.
El padre del muchacho, Celestino di Tullio, dijo que se emocionó cuando el Papa se acercó a su hijo: "El Papa lo vio, lo abrazó. Luego Alberto señaló al automóvil, ¡así que él lo invitó a subir!".
El adolescente, que vestía una camiseta de la selección de fútbol argentina azul y blanca, con el número 10 y el nombre de Messi, recibió un cariñoso saludo del Papa.
Con su habitual sencillez, el Papa lo invitó a subir a su vehículo, por lo que el joven aprovechó para sentarse en la silla pontificia, la cual hizo girar sobre ella misma, suscitando aplausos divertidos de la muchedumbre que asistía a la audiencia al aire libre bajo un sol bochornoso.
Las audiencias de los miércoles concluyen todas las semanas con el saludo que el Papa concede a grupos de minusválidos, quienes asisten acompañados con sus familiares desde una zona específica de la plaza.
Francisco suele conversar con ellos, dedicarles particular atención y se despide con besos y bendiciones.
Llamado por la vida
El papa Francisco hizo ayer un llamamiento para que se respete la vida "en todas sus fases y en todas sus dimensiones" y afirmó que la Iglesia no es una asociación asistencial, cultural o política, sino un cuerpo vivo, que camina y actúa en la historia.
Así lo afirmó ayer por la mañana el papa argentino Jorge Bergoglio en la tradicional audiencia pública de los días miércoles, ante unas 70.000 personas que asistieron en la plaza de San Pedro.
Al cumplirse hoy 100 días de su pontificado, Francisco hizo "un llamamiento a todos para que acojan el Evangelio de la vida y que promuevan y defiendan la vida en todas sus dimensiones y en todas sus fases" y agregó: "El cristiano que dice sí a la vida, dice sí a Dios, el viviente".
El Papa denunció que el hombre con frecuencia se deja guiar por ideologías "que ponen obstáculos a la vida y no la respetan porque están dictadas por el egoísmo, el lucro y el poder".
Asimismo, dio gracias a Dios por el don de la vida "en todas sus diferentes manifestaciones" y aseguró que seguir el camino de Dios lleva a la vida, mientras que "seguir a los ídolos conduce a la muerte".
Por otra parte, el obispo de Roma pidió también la unidad de los cristianos y denunció el daño que causa a la Iglesia la división entre los fieles, "el estar de una parte los intereses mezquinos y los chismorreos".
"La Iglesia no es una asociación asistencial, cultural o política, sino un cuerpo vivo, que camina y actúa en la historia, que tiene a Jesucristo como cabeza que lo guía, lo alimenta y lo ayuda. Como el cuerpo no puede sobrevivir separado de la cabeza, tampoco la Iglesia separada de Cristo. Debe permanecer unida a Él", afirmó.
Agregó, en ese sentido, que al igual que los miembros del cuerpo humano son diferentes, pero forman un sólo cuerpo, en la Iglesia existe la "variedad, la diversidad, no existe la plana uniformidad, sino la riqueza de dones que distribuye el Espíritu Santo".
"La unidad -aseguró- es una gracia que hay que pedir al Señor, para que nos libere de las tentaciones, de las divisiones, de las luchas entre nosotros, de los egoísmos, de los chismorreos".
"¡Cuánto daño hace a la Iglesia las divisiones entre los cristianos!, ¡cuanto mal hacen los chismorreos, cuanto mal! Todos tenemos que permanecer unidos", agregó el Papa, que lamentó las divisiones de los cristianos entre católicos, protestante, ortodoxos e insistió en la necesidad de unidad.
Antes de comenzar la audiencia, como ya es habitual, Bergoglio recorrió la plaza de San Pedro en el papamóvil, en medio de los aplausos, vivas y ondear de banderas.