Las Fuerzas Armadas de Egipto -lideradas por el Ejército- que ayer derrocó al presidente Mohamed Mursi, estuvieron siempre presentes en los momentos políticos clave del país, en los que jugaron un papel determinante, como tras la caída en 2011 de Hosni Mubarak, el militar que gobernó más de 30 años esta nación norafricana.
Egipto, que desde 1979 tiene un acuerdo de paz con Israel, recibe cada año cerca de U$S 1.500 millones en ayuda militar y económica por parte de EEUU, sólo por debajo del Estado hebreo, el más asistido por Washington.
Una vez más, queda en evidencia la influencia del Ejército egipcio en la vida de esta nación. Pero su omnipresencia se remonta al nacimiento de la actual República tras un golpe militar encabezado por el entonces oficial Gamal Abdel Nasser en 1952.
Desde que Mubarak llegó al poder en 1981 después de que el entonces presidente Anwar Sadat muriera en un ataque a tiros durante un desfile militar por militantes islamistas infiltrados en el Ejército tras llegar a un acuerdo de paz con Israel, los militares fueron clave para su gobierno.
Uno de sus primeros actos fue declarar un estado de emergencia que prohibió asambleas no autorizadas, restringió la libertad de expresión y permitió a la policía encarcelar a las personas de manera indefinida, legislación que expiró recién en 2012, pero que aplicó con el apoyo de los militares.
Este mismo estamento castrense desempeñó un papel primordial durante la revolución que desbancó del poder a Mubarak en febrero de 2011 y también como garante para la paz durante la transición hacia un gobierno civil.
El Ejército egipcio cuenta con más de 460.000 efectivos; combatió en varios conflictos bélicos, especialmente contra Israel, entre ellos la primera guerra árabe-israelí (1948-1949), la del canal de Suez (del 26 de octubre a marzo de 1956), la Guerra de los Seis Días de 1967 y la del Yom Kipur en 1973.