Gerencia el área Comercial de Güizzo Frutas Frescas, la tradicional empresa familiar afincada en Carrodilla, Luján de Cuyo, que puso en marcha hace unos años un profundo proceso de reconversión de sus montes para ajustar su oferta a la demanda del mercado e intentar, de esa manera, asegurar la sustentabilidad del negocio.
Fernando Güizzo, quien además preside la Comisión Cerezas de Mendoza, entidad que reúne a exportadores locales de esa fruta, no desestima la incidencia del clima y del contexto macroeconómico en la actividad, pero propone una actitud superadora de la coyuntura y avanzar hacia objetivos de mediano y largo plazo porque, asegura, “la cereza es negocio”.
-¿Cómo quedó el sector después de esos dos años complicados?
- Hay realidades distintas. Por un lado, la del que sólo es productor primario y, por otro, la de las empresas que agregan valor mediante el empaque. El fruticultor, por lo general, no produce solamente cereza, y si así fuera, tiene alguna otra fuente de ingresos (un profesional o un empresario de otro rubro que diversificó sus inversiones).
Si ese productor sabe cuál es el Norte del negocio, ya venía reconvirtiendo el cultivo y logrando resultados, tiene más posibilidades de sortear momentos difíciles y va a poder llevar la plantación hasta la próxima cosecha.
Pero al que no venía haciendo las cosas bien, un fenómeno climático generalizado como la helada del año pasado, probablemente terminó de ayudarle a decidir la erradicación.
-Los empaques también habrán sufrido este año.
-Las empresas empacadoras, que en su mayoría también son productoras, no han quedado al margen del problema, por supuesto. Pero, como trabajan también con otras especies (nosotros, por ejemplo, sumamos ciruela y algo de uva), generalmente logran compensar con unas el mal año que puedan haber tenido con otras producciones; excepto este último año, cuando la fruticultura en general sufrió el impacto de las heladas.
En nuestro caso, el año pasado fue el primero en los últimos 25 años que no exportamos nada, porque no había qué exportar.
-¿Está en riesgo la continuidad de algunas relaciones comerciales?
-Los clientes comprendieron la situación. Ahora hay que retomar el contacto con cada uno pero vamos a esperar a que estén los frutos en el árbol. Hay que esperar a que pase setiembre, que es el “puente roto” en esta actividad. Claro que la fruticultura ya venía muy castigada en los últimos años por la pérdida de competitividad. Creo que más de uno ha tenido que achicarse y descapitalizarse, si es que ha decidido seguir en la actividad.
-¿Ha venido cayendo el área cultivada en Mendoza?
-De 1.200 hectáreas que teníamos hace tres o cuatro años, hoy estamos en aproximadamente 900. Muchos productores arrancaron la cereza y se pasaron a la vid.
Es que el negocio de la cereza es muy dinámico y tiene que estar acorde a lo que el mercado va requiriendo. Con el paso de los años se va volviendo más sofisticado.
Por otra parte, asistimos a un fenómeno de cambio climático que afecta al esquema de producción de cereza en Mendoza, donde predominaba la variedad bing, y eso no va más. Porque es muy exigente en horas de frío y los últimos inviernos no llegan a satisfacer esos requerimientos. Por lo tanto, las producciones de esa variedad son erráticas; independientemente de lo que pasó el año pasado con las heladas.
-¿Eso disparó el proceso de reconversión de algunas explotaciones?
-Lo iniciaron unos pocos productores. Debió haberla iniciado el sector, en su conjunto, hace 7 u 8 años. La reconversión varietal permite, por un lado, asegurarse una estabilidad productiva y, por el otro, obtener un producto que va a estar a la altura de lo que exigen los mercados.
Esas hectáreas que se reconvirtieron (la mitad del total cultivado, más o menos), hoy son más productivas que antes, porque se plantaron variedades que no necesitan tantas horas de frío y algunas de ellas, al ser autofértiles, tampoco requieren primaveras tan estables para la polinización. Para el productor, el secreto del éxito del negocio de la cereza es la reconversión varietal.
-¿Cuál es el panorama de los mercados, fuera del país?
-La producción del hemisferio Sur, que llega a los mercados entre los meses de octubre y marzo, prácticamente no alcanza a satisfacer la demanda de cerezas del Norte.
Eso hace que la cereza sea un producto rentable. Pero quien ha sabido aprovechar bien esa ventana que se abre en el invierno boreal es Chile. En Mendoza no llegan a diez las empresas que exportan. Hasta hace cinco o seis años teníamos una relación 70-30 a favor de la exportación, frente al mercado interno. Hoy, es 50 y 50, porque fuimos perdiendo competitividad en el exterior.
-¿Qué expectativas tienen en el mercado interno?
-En un contexto donde ya se ve caída de consumo en todos los rubros y considerando que la cereza es un producto de por sí caro, la gente muy posiblemente le va a dar un lugar menor en su canasta de frutas frescas.
Porque no es un producto de primera necesidad. De todos modos, va a depender de la presión de oferta que haya este año. Porque si tenemos una muy buena cosecha, no sólo nosotros sino también la Patagonia, el precio va a tener un techo.
Modelos productivos
La Comisión Cerezas de Mendoza ha venido trabajando, en los últimos tres años, en la edición de un manual que se presentará en octubre.
El presidente de la entidad sectorial, Fernando Güizzo, reveló que el trabajo les permitió definir tres modelos productivos que sería posible desarrollar en Mendoza, para plantearse el cultivo de la cereza como una alternativa rentable de inversión, que complemente otras actividades.
Las particularidades de cada uno de esos tres modelos están dadas, fundamentalmente, por el lugar de la provincia donde se desarrollaría la explotación y el mercado al que sería orientada la producción, lo que determinará el paquete tecnológico a aplicar.