El príncipe Felipe, quien será a partir de este domingo el rey de los belgas tras la abdicación de su padre Alberto II, se prepara para su nuevo papel desde hace varios lustros, pero aún debe demostrar que tiene el carácter para reinar en un país dividido. El príncipe, de 53 años, fue educado para ser rey desde muy pequeño.
Su tío, el rey Balduino, que no tuvo descendencia, lo preparó para la difícil tarea. Pero, tras la muerte de Balduino en 1993, fue su hermano, Alberto II quien inesperedamente asumió el papel por más de 20 años. En ese entonces, el príncipe tenía 33 años y muchos consideraron que no estaba suficientemente preparado para el trono.
En estos días, el palacio destaca que el príncipe ha recibido la más exigente de las formaciones y tiene una amplia experiencia en afianzar la imagen de su país el extranjero. También ha difundido decenas de fotos más naturales y afables que lo muestran como a un verdadero padre de familia jugando con alguno de sus cuatro hijos, o con la pequeña Elisabeth, heredera al trono, en su oficina, muy al estilo John F. Kennedy.
Su carrera es extensa: estudió Humanidades en Bégica y luego continuó sus estudios en el Trinity College de la Universidad de Oxford (Gran Bretaña), y en la Graduate School de Stanford (Estados Unidos), donde obtuvo un diploma en Ciencias Políticas.
En la parte militar se formó en Escuela Real Militar, donde obtuvo los títulos de piloto de combate y de paracaidista y comando.
Fue nombrado general mayor de las Fuerzas Armadas y además promovido a teniente general vicealmirante. Pero aún así su carácter tímido le puede jugar en contra en un país dividido entre los nacionalistas flamencos, muy poco adeptos a la monarquía, y el sur francófono.
Al menos el príncipe tiene una gran aliada para sus funciones. Su esposa, la bella y carismática princesa Matilde, una de las pocas princesas que tenían origen aristocrático en el continente. Y también la princesa será la primera reina de origen belga, desde la escisión del país de Holanda en 1830.
El príncipe llega además al trono en momentos en que los ciudadanos de toda Europa se interrogan sobre el papel de las monarquías en el continente.