25 de enero de 2015 - 00:00

Experimentos ante la incertidumbre

Mientras el país no sale de su asombro por la muerte de Nisman, Pérez -obediente- eligió seguir el libreto de la conspiración. Cornejo -práctico- despejó el camino y sumó socios.

Definitivamente, la sospechosa e inesperada muerte del fiscal especial de la causa AMIA, Alberto Nisman, ha cambiado el escenario político argentino. Con esa sensación de los violentos sacudones que cada tanto se producen en este país, la semana que pasó tal vez quedará registrada como la de la constatación real del tan mentado fin de ciclo K.

Una semana en la que un kirchnerismo desorientado, contradictorio y errático creyó que repetir las viejas recetas (con las mismas consignas) servirían para campear la crisis política desatada cuando se confirmó la muerte del fiscal que investigaba el atentado terrorista más tremendo que vivió este país, y que venía de imputar por encubrimiento a la mismísima Cristina Fernández de Kirchner, al canciller Héctor Timerman y otros personajes no menores como Luis D’Elía y Fernando Esteche.

Sólo basta ver (o rever en internet) la cara y los gestos de incomodidad del presidenciable Daniel Scioli cuando esa entente del Consejo Nacional del PJ, al que alguna vez Hugo Moyano definió como “una cáscara vacía”, leía un comunicado a medida de la Casa Rosada, pero que a muchos de los presentes le quedaba demasiado estrecho o demasiado holgado.

A sus anchas parecía verse la diputada nacional camporista Anabel Fernández Sagasti, convencida de estar librando desde ese escenario una nueva batalla contra conspiradores y poderes ocultos que -como en el caso de la propia Secretaría de Inteligencia- el mismo kirchnerismo se encargó durante casi 12 años de prohijar, estimular y proteger.

Resulta por lo menos sorprendente que a tantos años de manejar con exclusividad los resortes del Estado, el oficialismo pretenda hacer creer que algo de lo que está pasando pudo incubarse y desarrollarse sin que el propio Gobierno nacional o algunos de sus funcionarios no estuviera al tanto.

Un poco menos entusiasmado, pero con adusta convicción, también asentía en la otra punta de la primera fila el gobernador Francisco Pérez, ya habituado al siempre monotemático menú de sapos que suele ofrecerle el kirchnerismo. No contento con su actuación, y mientras el mismo Scioli elegía la vía del silencio como forma de diferenciación, Pérez continuó al día siguiente en Mar del Plata machacando su argumento de corporaciones y opositores patéticos y antipatria.

Está claro que la Presidenta tampoco ha ayudado. Sus apuntes desde Facebook, como quien comenta las alternativas de una serie o telenovela de culto, o su más inexplicable cambio de postura que pasó de alentar la tesis del suicidio de Nisman a desplegar sin ninguna prueba la sospecha del homicidio político para perjudicarla, configuraron uno de los más patéticos rounds de un gobierno acostumbrado al golpe por golpe, pero rara vez a caminar el ring sin saber cómo ni dónde defenderse.

En Mendoza, la situación también paralizó al oficialismo. De hecho, aquí ni siquiera el PJ de manera orgánica ha tenido alguna expresión pública como a nivel nacional. Sus principales referentes consideran que este es un momento para desensillar hasta que aclare.

Por lo pronto, el análisis tiene la urgencia de las definiciones de cara a las PASO locales (a fin de febrero ya tienen que estar las precandidaturas), con el agravante -además- de un escenario desdoblado, que si bien le permitirá (tal como se buscó) aislar la decisión del voto mendocino de las implicancias nacionales, puede enfrentar al oficialismo a sus propios fantasmas. Esos que arrastra desde la época de Celso Jaque y que la victoria de un Pérez enancado en el arrastre de Cristina les impidió ver y procesar.

Por lo pronto, el abroquelamiento generado entre los desdobladores Carlos Ciurca, Rubén Miranda, Adolfo Bermejo y Omar Félix parece dejar poco espacio para otras expresiones internas. Tanto por peso específico de sus nombres como por volumen político y desarrollo territorial. Aún resisten la ubicua responsabilidad de Jorge Tanús, el obediente cristinismo de Guillermo Carmona y la audacia de Matías Roby, quien también busca apalanquearse en el respaldo que dice asegurarle Aníbal Fernández.

En la oposición, fueron más rápidos de reflejos. Además de ponerse al frente de la demanda de justicia y transparencia en la investigación por la muerte de Nisman, la UCR logró acuerdos mínimos como para dar un golpe de efecto aún en la incertidumbre.

Logró despejar el escenario electoral al dejar fuera de la carrera local a Julio Cobos (quien aseguró que seguirá dando la pelea nacional) y confirmó la primera fórmula para las PASO: Alfredo Cornejo-Laura Montero. Pudo así, el intendente de Godoy Cruz, solucionar dos problemas en un solo movimiento: se deshizo de la amenaza de Cobos y le impuso a Montero la candidatura a la vicegobernación, aunque su pretensión era liderar la lista.

Fuera de ese acuerdo, sólo parece haber quedado Enrique Vaquié, quien pese al impulso de los Territoriales se enfrenta ahora a la disyuntiva de competir en inferioridad de condiciones o lograr un acuerdo que lo beneficie, como bien puede ser la renovación de su banca de diputado nacional.

Cuentan fuentes radicales que el entuerto se terminó de definir -al menos en la cabeza de Cobos- cuando intuyó una dura embestida contra las chances de Montero por parte de los Territoriales. Eso explicaría el resultado de la rápida negociación con Cornejo para asegurarle un lugar más que expectante a su ex ministra y desairear al resto del cobismo que se refugia en las intendencias radicales del Este.

Confirmada la fórmula Cornejo-Montero, que además cuenta con el respaldo mayoritario de la dirigencia, la UCR se encamina ahora en la constitución de un frente amplio opositor que vaya desde el Pro a Libres del Sur, y que contenga por igual a socialistas y demócratas. Aseguran que no están demasiado lejos de eso; justamente porque el caso Nisman ha explicitado tal vez como nunca antes, que un Estado prebendario y sin límites, cuya matriz populista no repara ni siquiera en la elección de los socios más perversos, atenta no sólo contra la política, sino también contra la República y sus instituciones.

De hecho, aseguran los radicales que al menos en todos los departamentos que hoy gobierna el PJ ese frente se constituirá para desplazarlo. Por lo pronto, la campaña formal en Capital y San Carlos ya arrancó de cara al primer test electoral del país el 22 de febrero.
Allí, por obra y gracia de Cornejo y Rodolfo Suárez, más el aporte de los operadores macristas Emilio Monzó y Sebastián García De Luca, la UCR y el Pro podrían estrenar su vínculo con un triunfo que hasta ahora ha sido de laboratorio.

Nuevos ensayos podrían poner otra vez a prueba al PD que en Capital prefirió jugar solo, pero que de agudizarse el escenario nacional puede estar más que condicionado a la hora de definir alguna candidatura propia a la Gobernación.

En otro tubo de ensayo juega el oficialismo, cuyo dato principal es la vía separada de las candidaturas de Carlos Aranda (La Corriente), Gustavo Tobares (paquismo) y Pinty Saba (kirchnerismo puro), entre las más importantes. Su falta de acuerdo, en un escenario hostil como el capitalino que obligaría a la unidad peronista, da cuenta de la ebullición oficialista en esta compleja coyuntura que prefigura un nuevo orden.

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