8 de septiembre de 2018 - 00:00

Expectativa e inquietud, Trump estará en la ONU - Por Mark Landler y Maggie Haberman

Trump presidirá el Consejo de Seguridad. Temen que “aporte disparates de la telerrealidad”.

Dentro de tres semanas, en Nueva York, el presidente Donald Trump se encontrará en el contexto que más disfruta: estar sentado en la cabecera de una mesa pulida, dándoles la palabra a los ansiosos solicitantes que lo rodean, recompensando a los que le caen bien e ignorando a los que le desagradan.

No se trata de una nueva versión de “El aprendiz”, ni siquiera de una reunión de su Gabinete. Trump presidirá la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, un papel alternante que este mes le toca a Estados Unidos. Su turno protagónico está provocando inquietud entre las personas, dentro y fuera del gobierno, a quienes les preocupa que el presidente aporte disparates salidos de la telerrealidad en el escenario mundial.

Empleando la prerrogativa del moderador, Trump planea enfocarse en Irán y su actividad maligna en todo el Medio Oriente. Los diplomáticos europeos dijeron temer que eso solo enfatice la falta de unión en Occidente, dada la poca popularidad de la decisión de Trump de sacar a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán.

El tema que ha elegido el presidente ya ha causado objeciones por parte de Rusia, pues señaló que la reunión debe concentrarse por completo en el acuerdo nuclear, y la salida de Trump del mismo, así como en Irán, que lo acusó de abusar de su liderazgo en el consejo para denigrar a un solo país.
La resistencia no se limita a los extranjeros. En el Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y la Misión de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, hay dudas expresadas en privado acerca de que Trump dirija un diálogo en torno a un tema complejo y divisorio con líderes extranjeros que se oponen de manera contundente a su manejo del acuerdo nuclear.

Según todos los indicios, Trump está emocionado por presidir el club más exclusivo dedicado a la paz y la seguridad mundial. Sin embargo, parece estar igualmente listo para modificar las costumbres del mismo; en contraste, la última vez que un líder estadounidense presidió la reunión -Barack Obama en 2014- eligió un tema al que los demás miembros pudieron adherirse fácilmente: combatir a los terroristas extranjeros.

Mohamad Yavad Zarif, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, acusó a Trump el miércoles pasado de usar la sesión para “culpar a Irán por los horrores que Estados Unidos y sus aliados han desatado en todo” el Medio Oriente. Señaló que la única resolución del Consejo de Seguridad que está vigente actualmente con respecto a Irán es el acuerdo nuclear.

Según las reglas del Consejo de Seguridad, Zarif o incluso Hasán Rohaní, el presidente iraní, tienen derecho a un lugar en la reunión y a que Trump les dé la palabra. Los funcionarios del gobierno dijeron que creen poco probable que asista Rohaní, aunque está programada su presencia en la Asamblea General, que se reúne al mismo tiempo.

Aunque asistiera, los funcionarios dijeron que Trump podría irse de la reunión antes de que sea el turno de Irán. Le darían la palabra sólo después de que los 15 miembros del Consejo de Seguridad hayan hablado, un proceso que podría tomar medio día. Si Trump se fuera antes, lo más probable es que le otorgue su asiento a Nikki R. Haley, la embajadora de Estados Unidos en las Naciones Unidas

En charla con periodistas el martes, Haley reconoció que a algunos miembros del consejo les parecería “incómodo” el tema de Irán. No obstante, dijo, “personalmente me parece que, cuando hablamos de cosas incómodas en el Consejo de Seguridad, los resultados son positivos”.

“El presidente Trump está convencido de que debemos comenzar a asegurarnos de que Irán se apegue al orden internacional”, agregó Haley. “Además, seguimos viendo cómo son partícipes de situaciones que no son útiles, ya sea en el Líbano, Yemen o Siria”.

Estados Unidos les está advirtiendo a sus aliados, por ejemplo, que los misiles iraníes representan una amenaza para los aviones civiles en el golfo Pérsico. Sin embargo, sobre todo entre los europeos, esos peligros a menudo quedan sepultados bajo la discusión continua de por qué Trump abandonó el acuerdo.

Algunos funcionarios restaron importancia a los riesgos de la aparición de Trump. El protocolo diplomático casi garantiza que la reunión sea una serie de discursos preparados en vez de un debate libre, en el que Trump podría resultar desconcertado o ser visto como hostigador de otros líderes.

De cualquier forma, Trump ha demostrado que no le preocupa en lo más mínimo herir sentimientos.

Sin embargo, más allá de criticar el comportamiento de Irán, no está claro lo que Trump espera lograr cuando se siente en la mesa con forma de herradura en la sala del Consejo de Seguridad. Con tanta resistencia a su política en torno a Irán por parte de Rusia, China y otros miembros con derecho de veto, no existe la posibilidad de obtener apoyo para ningún tipo de resolución.

Cuando Obama dirigió una reunión del consejo por primera vez en 2009, Estados Unidos obtuvo la aprobación de una resolución que prometía un escrutinio más estricto de los países en posesión de muchas armas nucleares. Días después, la Casa Blanca reveló inteligencia que demostraba que Irán había construido una instalación secreta de extracción de uranio en una montaña cerca de la ciudad sagrada de Qom.

En 2014, mientras el Estado Islámico (EI) aterrorizaba a Irak y Siria, Obama impulsó una resolución en el consejo para acabar con el financiamiento y la circulación de personas reclutadas para combatir con organizaciones terroristas extranjeras.

Aunque una campaña militar encabezada por EEUU derrotó en gran parte al EI, la resolución de no proliferación de Obama en 2009 no hizo nada para evitar que Corea del Norte fabricara nuevas bombas nucleares, aunque sí negoció el acuerdo que bloqueó la capacidad de Irán de hacer lo mismo.

Para Trump, reunir el apoyo global en contra de Irán parece menos una prioridad en Nueva York que hacer avanzar de manera desafiante su propia política de mano dura. Los asesores dijeron que la decisión de enfocarse en Irán era del presidente y que nadie la rechazó de manera activa, sin importar sus reparos.

Para un presidente que acalló la disidencia en su época en la telerrealidad con un simple “Estás despedido”, la pregunta es cómo reaccionará si los representantes de Irán y Rusia se rehúsan a quedarse callados.

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