5 de abril de 2026 - 11:45

"Yo, Encarnación Ezcurra": Una mujer sin medias tintas que urdió parte de la historia argentina

La actriz Lorena Vega interpreta a la esposa de Rosas con un descarne que apabulla, logrando meterse, cimbreante, bajo la piel de los espectadores hasta hacer vibrar las fibras más íntimas del genoma histórico nacional.

“Doña Agustina no me quería. ‘Negra Toribia’, me decía” es una de las primeras frases que lanza Lorena Vega al aire -en un Teatro Independencia colmado hasta la tertulia- que pone en contexto a su personaje, Encarnación Ezcurra, esposa de Juan Manuel de Rosas y nuera de doña Agustina López de Osornio, y que lejos de posicionarse como una damisela sumisa, termina convirtiéndose en uno de los cerebros más importantes en la construcción del poder de Rosas.

Lorena Vega
Lorena Vega

Lorena Vega

La obra, que se presentó anoche en la sala mayor de la Ciudad, fue escrita por Cristina Escofet y dirigida por Andrés Bazzalo en base a las cartas reales, que hoy son patrimonio nacional, entre Encarnación y su marido.

Minimalista en su escenografía, apenas acompañada por los compases y canto en vivo de dos talentosos jóvenes que dan atmósfera y cuya música es creación del mendocino Sebastián Guevara, la obra se sostiene por completo en la interpretación de Lorena Vega, una actriz de talento descomunal, cuyo rostro se popularizó gracias al rol de “la psicóloga” en la serie de Netflix, Envidiosa, y cuya fama, pese a ser enorme, se circunscribía solo a los circuitos del teatro porteño. Por eso, muchos no relacionaban el nombre de la actriz con el enorme desempeño actoral que arrastra su trayectoria.

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Volviendo a la obra, apenas un cheslong, un espejo, un poncho y unas cuantas cartas esparcidas en el piso alcanzan como telón de fondo desde donde la actriz se dispone a trazar la vida de una mujer intensa, visceral, estratega brillante, constructora en las sombras y sostén del poder de su marido. Vega trabaja desde una relación viva, cambiante, casi conflictiva con esa figura. No la fija, no la ordena ni la explica, sino que la activa.

Lorena Vega
Lorena Vega

Lorena Vega

Desde la joven ardiente que conquista el corazón del futuro Restaurador y lo convence de “apurar el casamiento”, hasta la matrona asqueada de traiciones que maneja con mano de hierro La Mazorca, en apenas 60 minutos Lorena Vega increpa, seduce, baila candombe, se mezcla con los negros y con las señoras patricias, consigue favores y pacta con Juan Manuel infidelidades consentidas, aunque le duelan, cuando él parte durante dos años al desierto para forjar el poder desde el cual volverá a Buenos Aires a posicionarse como uno de los hombres más importantes de la historia argentina.

Así, Encarnación Ezcurra aparece como una mujer que entiende el poder como algo que no se pide prestado sino que se ejerce y que decide usarlo en un contexto donde las mujeres no tenían lugar en la política formal.

Lorena Vega
Lorena Vega

Lorena Vega

“Eso somos las mujeres”, razona luego de poner sobre el escenario un complejísimo entramado de rumores estratégicos, de favores entre señoras, de criadas mulatas enviadas al momento y lugar correctos para recabar información, de conquistas y lealtades invisibles que traman, sin que la historia lo perciba, los hilos de una telaraña de poderes perfectamente urdida en las sombras.

“Eso somos las mujeres”, repite, y el eco de esas palabras impacta en el pecho, porque en ese instante uno entiende que “la grieta” no es un invento de este siglo, sino un río de sangre que posiblemente nació con la llegada de los españoles, que se profundizó con las luchas entre unitarios y federales, y que somos descendientes de aquellas mujeres bravas o sumisas que, aunque oscurecidas por las tinieblas de la historia, fueron las verdaderas forjadoras de las vidas de los hombres a los que hoy la Historia glorifica en altos pedestales con figuras de bronce.

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