28 de junio de 2026 - 15:00

Teatro para disfrutar: con sello de Juan José Campanella, Empieza con D, siete letras brilló en Mendoza

Escrita por Juan José Campanella y Cecilia Monti, llegó al Teatro Plaza con una historia sobre amor, prejuicios y nuevas oportunidades.

Empieza con D, siete letras llegó al Teatro Plaza de Godoy Cruz con una propuesta que confirma algo esencial: el teatro todavía puede conmover, hacer reír y dejar pensando al mismo tiempo. La obra, escrita por Cecilia Monti y Juan José Campanella, y dirigida por el propio Campanella, se presentó este fin de semana en Mendoza con un gran elenco integrado por Eduardo Blanco, Victoria Almeida, Gastón Cocchiarale y Maru Zapata.

La historia parte de una situación mínima, casi cotidiana: Luis y Miranda se conocen por azar, cuando ninguno de los dos parece estar esperando demasiado de la vida ni del amor. Lo que comienza como un encuentro casual se transforma, poco a poco, en una trama entrañable sobre los prejuicios, las heridas, las nuevas oportunidades y esa posibilidad —tan humana como incómoda— de volver a empezar cuando todo parecía ya escrito.

Uno de los mayores aciertos de la obra está en su manejo experto de los contrapuntos de sentido. “Empieza con D, siete letras” aborda temas profundos con enorme sensibilidad, pero nunca se instala en la solemnidad. Por el contrario, sabe rematar las zonas más emotivas con referencias humorísticas de una inteligencia muy argentina. Allí aparece una de sus grandes virtudes: la capacidad de pasar de la fragilidad al chiste, de la melancolía al guiño generacional, sin perder verdad ni intensidad.

LA- Obra Siete- B
Eduardo Blanco y Victoria Almeida protagonizaron una obra emotiva e inteligente sobre el amor, los prejuicios y las segundas oportunidades.

Eduardo Blanco y Victoria Almeida protagonizaron una obra emotiva e inteligente sobre el amor, los prejuicios y las segundas oportunidades.

En ese registro se destacan escenas de enorme eficacia teatral, como aquella en la que Luis y Miranda conversan sobre la configuración de un perfil de Tinder para “ser exitoso” en los vínculos de hoy. La escena funciona como un espejo divertido y preciso de una época atravesada por redes sociales, algoritmos, mandatos de disponibilidad afectiva y nuevas formas de exposición. La risa aparece, entonces, no como evasión, sino como una forma lúcida de mirar los absurdos contemporáneos.

Eduardo Blanco ofrece una actuación magistral, de enorme emotividad y precisión. Su Luis conmueve sin subrayados, con una composición capaz de transmitir desconcierto, ternura, pudor y deseo de seguir viviendo. A su lado, Victoria Almeida construye una Miranda luminosa, vulnerable y filosa, con una ductilidad notable para manejar los tiempos de la comedia, los silencios y los cambios de temperatura emocional de cada escena.

La escenografía, prolija y potente, acompaña con eficacia el universo íntimo de la obra. Sin excesos, ordena el espacio y permite que el foco permanezca donde debe estar: en los vínculos, en las palabras, en aquello que los personajes dicen y en todo lo que apenas se animan a insinuar.

LA- Obra Siete- C
Una puesta sensible, divertida y profundamente actual, que cerró con una ovación de pie.

Una puesta sensible, divertida y profundamente actual, que cerró con una ovación de pie.

El público mendocino respondió con atención, risas, emoción y una ovación absoluta. Y no fue casual. “Empieza con D, siete letras” es una obra excelente en todos sus aspectos: sensible, profunda, divertida y profundamente actual. Una comedia romántica que cuenta con sinceridad los pormenores de un vínculo posible —o imposible— en tiempos de redes, algoritmos y corazones que todavía buscan una segunda oportunidad.

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