18 de junio de 2026 - 10:33

Serú Girán, a los jóvenes de ayer: a 45 años del día que la banda tocó en un modesto gimnasio de San Martín

Dictadura. Ocho adolescentes se atreven a desafiar la comodidad y lo preconcebido y, sin dinero ni apoyo, deciden traer a San Martín (Mendoza) a Serú Girán, que unos meses antes había reventado el estadio de Obras. Cómo fue.

“Esto tiene mucha onda”, dijo el hombre detrás del teclado. Era domingo 21 de junio de 1981 y el modesto gimnasio donde tocaba apenas estaba ocupado en un tercio de su capacidad. Unas 400 personas. Lo que ni él ni sus tres compañeros de banda tenían en cuenta era que aquel pequeño auditorio conservaría para siempre el recuerdo de esa noche.

Para dimensionarlo, habría que imaginar a Indio Solari tocando frente a 400 personas y no ante 100 mil. Algo similar, al menos en la escala del impacto posterior.

Por eso, cuando la historia se contaba, costaba creerla. Incluso para sus propios hijos. Rafael Lencinas, Bruno Discépolo, Gerardo Polo, Edy Brudezán, Amparo Argerich, Cristina Oltra y la alemana Miriam Gundlach pasaron décadas intentando certificar la veracidad de aquel episodio.

Con el tiempo, ya con más de 50 años, reunieron pruebas para respaldar lo que, en su adolescencia, habían logrado: llevar a un gimnasio de barrio a Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro, integrantes de Serú Girán.

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Serú Girán, a los jóvenes de ayer: a 45 años del día que la banda tocó en un modesto gimnasio de un barrio de San Martín.

Serú Girán, a los jóvenes de ayer: a 45 años del día que la banda tocó en un modesto gimnasio de un barrio de San Martín.

La gestión del recital

En aquellos años, los estudiantes organizaban bailes para financiar el viaje de egresados. Ellos decidieron ir más lejos.

“Nosotros queríamos hacer algo más grande”, recordó Rafael.

Bruno, que conocía a un promotor, consultó la posibilidad de contratar una banda. La propuesta tomó forma cuando supieron que Serú Girán tenía un hueco entre dos presentaciones en Mendoza y San Luis.

“Nos dijo que costaba 50.000 pesos y que había que pagar la mitad por adelantado”, relató Bruno.

La votación interna fue contundente: “Perdimos por 112 votos contra 8”. Aun así, avanzaron.

Sin fondos propios, recurrieron al médico local. “El Tito Catapano nos hizo cheques por esos 25.000 pesos y nos dijo que le mandáramos saludos a Charly”, recordó Rafael. La respuesta de García fue inmediata: “¡Oh, el Tito! ¡Mandale un abrazo enorme de mi parte!”.

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Serú Girán, a los jóvenes de ayer: a 45 años del día que la banda tocó en un modesto gimnasio de un barrio de San Martín.

Serú Girán, a los jóvenes de ayer: a 45 años del día que la banda tocó en un modesto gimnasio de un barrio de San Martín.

Venta de entradas y un proyecto en crisis

Los estudiantes comenzaron a recorrer escuelas para vender entradas. El resultado fue inferior al esperado.

“Nos equivocamos. Los chicos de secundaria no escuchaban a Serú”, recordó Cristina.

El dinero se guardaba de forma precaria: “Lo metíamos debajo de la tapa de la bocina del Renault 12 de Bruno”.

Con el paso de los días, el proyecto estuvo cerca de fracasar por completo.

La noche del Cine Cóndor y la intervención de Grinbank

El 20 de junio de 1981, Serú Girán tocó en el Cine Cóndor de Mendoza. En paralelo, los organizadores juveniles intentaban sostener el plan para el día siguiente.

En ese recital intervino Daniel Grinbank, en medio de una discusión por los valores del contrato. La aclaración sobre los montos terminó generando un anuncio público inesperado: el recital en San Martín quedó confirmado desde el escenario.

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Serú Girán, a los jóvenes de ayer: a 45 años del día que la banda tocó en un modesto gimnasio de un barrio de San Martín.

Serú Girán, a los jóvenes de ayer: a 45 años del día que la banda tocó en un modesto gimnasio de un barrio de San Martín.

“Esto es una cagada”

El domingo, al llegar al gimnasio del barrio San Pedro, la escena fue desoladora: no había público, la seguridad se había retirado y el lugar mostraba abandono.

“Me acuerdo de que Charly entró al gimnasio, que ya lucía viejo, frío, vacío y con los vidrios rotos, y dijo: ‘Esto es una cagada’”, recordó Amparo. Aun así, la banda decidió tocar.

Problemas técnicos obligaron a soluciones improvisadas: conexiones directas a un transformador y ajustes en la acústica con tachos de agua dispuestos en el salón.

Una noche para la historia

El recital duró dos horas. El clima fue íntimo, pero preciso. “Me acuerdo de que Charly dijo: ‘Este lugar tiene mucha onda’”, recordó Amparo.

Tras el show, músicos y organizadores compartieron la noche en Mendoza y luego continuaron en un boliche. Al amanecer, todo volvió a la normalidad.

Años después, los protagonistas siguen describiendo aquel episodio como un hecho difícil de acreditar. Un viaje de egresados que no salió como estaba previsto, pero que terminó dejando una de las postales menos conocidas de Serú Girán.

La banda se disolvió nueve meses más tarde. Pero, para quienes estuvieron allí, la historia parece haber quedado congelada en esa noche de domingo en un gimnasio de barrio.

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Serú Girán, a los jóvenes de ayer: a 45 años del día que la banda tocó en un modesto gimnasio de un barrio de San Martín.

Serú Girán, a los jóvenes de ayer: a 45 años del día que la banda tocó en un modesto gimnasio de un barrio de San Martín.

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