Ya desde ese momento sabía que no quería enfocarse en un solo instrumento, sino que quería saber de todos, todo. Para ese entonces tocaba el bombo legüero y el pinkullo, el instrumento de aire similar a una flauta dulce que la acompañaría a Washington. Le pidió a sus padres estudiar música y la llevaron a la Escuela Municipal de su pueblo, en Santa Fe.
“Ahí hice toda la carrera, que son 11 años, mientras cursaba la escuela primaria y secundaria”, recordó sobre esa primera especialización que le dio el título de Técnica en Música con orientación en violín. Después continuó con la misma especialización, pero en flauta traversa y, finalmente, estudió Dirección Orquestal en la Universidad Nacional del Litoral.
En paralelo, ejercitaba los fines de semana todo lo aprendido en clase. “Durante la semana estudiaba y los fines de semana tocaba en peñas con mi papá. Y después, a medida que fui creciendo, me empezaron a llamar de otras bandas de mi ciudad. Eso fue súper valioso para mí, compartir escenarios con músicos de tu ciudad. Ahí aprendés muchísimo”, remarcó.
En esos encuentros la vio “El Indio” Lucio Rojas y la sumó a su banda, conexión clave que, a su vez, la llevaría a entrar en el radar de Lautaro Fernández, director musical de Milo J, e introducirse en un nuevo género fusión: el urbano.
“No hay mucha más historia que eso. Después audicioné y toda la cuestión, y entré”, resumió Tamara.
La joven fue convocada dos semanas antes del estreno del último disco del artista, “La vida es más corta”. Si bien ya estaba todo grabado, su labor radicaba en sumar su variedad de instrumentos y su sonido folclórico a los shows en vivo. “Una cosa llevó a la otra y llegamos al Tiny Desk”, contó con liviandad.
Luego agregó que no era ligereza lo que sentía, sino surrealismo. Recordó perfectamente el día que le avisaron que iba a viajar con Milo a Washington DC para grabar el ciclo de PNR, con una presión extra: el éxito de los últimos argentinos que pisaron esa oficina-estudio, “Ca7riel y Paco Amoroso”.
“Nos avisaron y fue como: ‘Buenísimo’. Si él me dice ‘mañana nos vamos a Japón’, vamos”, razonó. Y agregó: “La verdad, no esperaba menos de Milo J. Yo sabía que podía llegar a pasar en algún momento. Lo que no me imaginé es que íbamos a ir nosotros; por una cuestión de espacio no pudo ir toda la banda. Pero la idea principal siempre de él fue llevar a su banda completa y a todos Los Catalina”.
El Tiny Desk que casi no fue: se suspendió dos veces
En noviembre de 2025, a días de que se cumpliera un año del exitoso Tiny Desk de “Ca7riel y Paco Amoroso”, el equipo de Milo recibió la noticia de que iban a formar parte de los pocos argentinos que aparecen dentro del escritorio de la National Public Radio, repleto de objetos con significados de todo el mundo y por el que pasaron artistas como Bad Bunny, Taylor Swift y Dua Lipa.
“Nuestro director armó todas las secuencias, los enganches, todo, y nos pusimos a ensayar para eso. Pero, por una cuestión de tiempos de la visa, no llegamos a hacerlo en diciembre, que era la primera fecha que teníamos. Íbamos a Washington y a los dos días teníamos que hacer los dos Vélez de Milo. Entonces, la verdad es que iba a ser una locura total, pero bueno, estábamos dispuestos a hacerlo; pero no se dio”, introdujo sobre lo que sería el primer, pero no último, intento fallido.
Desde la producción reprogramaron la grabación para enero. El equipo del cantante tenía programada una gira por España; de ahí iban a México y luego a Washington para grabar el Tiny. Sin embargo, la noche anterior al vuelo para ir a Washington otra inclemencia, esta vez climática, enfrió todo.
“Nos avisan que no íbamos a poder ir porque había una tormenta de nieve en todo Estados Unidos y estaban cerrando todos los aeropuertos. Era muy probable que pudiéramos llegar porque recién estaba empezando a complicarse todo con la tormenta. Íbamos a poder grabar, pero no nos íbamos a poder ir por no sé cuánto tiempo. Y era justo la fecha del Cosquín en Argentina, entonces era imposible que vayamos y no podamos volver porque teníamos que tocar”, explicó.
Así, finalmente la grabación se programó y concretó para marzo. Modificaciones que, a la distancia, Tamara calificó como más que oportunas porque les permitieron seguir ensayando y a Milo y su director cambiar algunas tesituras.
Tamara Meschller la vilinista del Tiny Desk de Milo J con el poncho de Soledad Pastorutti
Tamara Meschller la vilinista del Tiny Desk de Milo J con el poncho de Soledad Pastorutti
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“Quedó lo que se escucha ahora, que para mí es la mejor versión que tenemos y quedó espectacular. Todo lo que propone Milo, lo probamos y siempre queda una musicalidad superior a la original”, explicó.
La violinista fue vista en redes de varios artistas, recientemente en una publicación de Bizarrap junto a Milo. Esto se debe a que al cantante urbano le encantan las guitarreadas.
“Tomamos mate, compartimos música, después nos vamos a dormir y al día siguiente seguimos ruta en el aeropuerto. Pero sí, es muy lindo, la verdad es que es muy lindo porque lo sentimos muy cercano, lo queremos mucho y tenemos un gran orgullo por él”, acopló.
Los desafíos técnicos del Tiny Desk
Al Tiny Desk lo caracteriza su clima íntimo, acústico y despojado de artificios. A diferencia de un show tradicional, los músicos suelen tocar sin in ears, sin retorno y prácticamente carecen de efectos de sonido por fuera de los instrumentos en vivo, lo que obliga a una conexión mucho más orgánica y entrenada entre los artistas y sus instrumentos. Además, hay una distinción crucial: se graba en una única e irrepetible toma.
“Nosotros estamos acostumbrados a tocar en vivo con clic, secuencia, in ears y monitoreo para cada uno. Entonces vos ahí te vas gestionando en vivo los volúmenes y podés pedir, por ejemplo, escuchar un poco más la guitarra. En este caso yo estaba un poco alejada de las guitarras y no las escuchaba directamente porque no había ningún parlante ni nada que nos devolviera sonido. Yo a veces hasta al mismo Milo no lo escuchaba cantar”, apuntó.
A sabiendas de estas características, los ensayos se hicieron sin retorno ni ningún tipo de amplificador o asistencia. Incluso, el día previo a tocar fueron a un estudio que tenía las demarcaciones espaciales exactas en las que estaría cada uno al momento de grabar.
“Es como una guitarreada. No había nada que te amplifique el sonido. Pero, por la disposición que teníamos, era difícil escucharnos, así que era doble desafío. Nosotros fuimos, lo grabamos tal cual lo habíamos ensayado y quedó esa única toma”, sumó. Y agregó que otra condición era respetar el tiempo que se les otorgaba: un máximo de 15 minutos que en el corte final alcanzó los 16.
Más allá de las exigencias propias del formato, la directora de orquesta añadió que desde la producción fueron amables y cálidos con la comitiva argentina durante todo el proceso. Sobre la presión de ser los sucesores tras el éxito de Ca7riel y Paco Amoroso, aseguró que no había tal estrés más allá de que saliera bien, tal cual lo habían ensayado, más aún en su caso, ya que tocó violín, flauta traversa, pinkullo y siku alternando entre los seis temas que interpretaron.
“La verdad que no. Lo que pensábamos mucho era estar relajados y poder disfrutarlo también, porque en el ensayo se generaba una cosa tan hermosa con ‘Los Catalina’, son personas que te alegran el alma. Nos reíamos mucho, hacían chistes y un poco Cami (Milo) quiso llevar eso que pasaba en los ensayos. Fue como: ‘Chicos, relacionémonos y toquemos tal cual hacemos en los ensayos’”, contó sobre algo que finalmente se vio en el Tiny Desk.
Y así se vio: en los mates que tomaba Milo, en los que cebaba a Yamandú, de “Agarrate Catalina”, y cuando el artista les decía a sus músicos que se lucieran y lo dieran todo. “Fue muy lindo que la gente viera eso”, remarcó la violinista.
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Pero lo que más destacaron los usuarios fueron sus variedades instrumentales que sucedían en un rincón de la escena. Esa música, de aspecto muy joven, con un poncho cargado de significado, la escarapela con los colores de Argentina y el cabello recogido en dos trenzas.
“Estoy profundamente agradecida porque fue un camino muy largo, toda mi vida dedicada a esto, y ahora estoy recibiendo mucho cariño. Estoy en este momento de: ‘Ok, si quieren expresar esto de lo que estoy haciendo con mi arte, estoy para recibirlo’”, resumió sobre las emociones que la atraviesan, casi tan fuertes como lo que ella generó en los argentinos que la vieron con el poncho de La Sole.
El poncho de La Sole y el objeto que dejó por error
“Fue una decisión de la noche anterior. Estábamos viendo entre todos qué ponernos, Milo nos pasaba algunas remeras y veíamos qué nos quedaba mejor a cada uno. Y a mí me pareció lindo y significativo usar ese poncho porque es un regalo de Soledad Pastorutti a Milo. Ella es una artista que todos admiramos mucho por su trayectoria, por todo lo que hizo con el folclore y además es santafesina como yo. Entonces me gustó llevarlo”, explicó.
Sobre los demás objetos que, tras diez días de la publicación del video, aún siguen apareciendo, Tamara contó que fue todo decisión de Milo J: el banderín de Morón, el pañuelo de las Abuelas de Plaza de Mayo, el Martín Fierro, el disco “Folclore” de Mercedes Sosa y la chapa de las Islas Malvinas. Pero hubo un objeto extra que la violinista dejó casi por error.
“Está mi mate también, que quedó ahí porque estábamos tomando mientras probábamos un poco. El que toma Milo, que le ofrece a uno de ‘Los Catalina’, ese es su mate. El mío se ve un poquito escondido, pero quedó ahí de casualidad, no fue pensado”, explicó.