La industria del cine quedó estupefacta el pasado 9 de enero cuando los Astra Film Awards2026 coronaron a un ganador inesperado. Indy, el perro retriever de la película "Good Boy", se llevó la estatuilla a Mejor Actuación en cine de terror o suspenso, marcando un hito sin precedentes al vencer a figuras consagradas.
Un triunfo que desafía a los gigantes de la pantalla
La victoria de Indy no fue una mención honorífica ni un premio especial; el can compitió directamente en una categoría tradicionalmente reservada para humanos. Entre los finalistas a los que superó se encuentran nombres de la talla de Ethan Hawke (por Teléfono negro 2), Sally Hawkins, Alison Brie, Sophie Thatcher y Alfie Williams. Este resultado provocó una conversación inmediata en redes sociales y una ovación de pie durante la ceremonia.
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Este giro de la industria parece ser una reparación histórica simbólica. En 1929, el famoso pastor alemánRin Tin Tin habría recibido más votos que cualquier actor humano en los primeros premios Oscar, pero fue descartado por la Academia para no restarle seriedad al galardón. Casi un siglo después, el jurado de los Astra Awards,anteriormente conocidos como Hollywood Critics Association Awards, decidió romper las reglas y reconocer que la capacidad de transmitir emociones no es exclusiva de nuestra especie.
El desafío técnico de filmar a la altura de una mascota
El éxito de "Good Boy" radica en su propuesta narrativa única: la historia está contada íntegramente desde la perspectiva de Indy. La trama sigue a Todd, quien se muda con su perro a una antigua granja rural supuestamente embrujada; allí, Indy debe enfrentarse a fuerzas sobrenaturales invisibles para los humanos para proteger a su dueño. El filme prescinde del relato tradicional y apuesta por las reacciones, el lenguaje corporal y la mirada del animal para construir la tensión.
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Para lograr este nivel de realismo, el director y dueño de Indy, Ben Leonberg, dedicó más de 400 días de filmación a lo largo de tres años. El rodaje fue un proceso de paciencia absoluta, adaptando la cámara a solo 48 centímetros del suelo para reflejar fielmente el mundo del perro. A diferencia de otros animales actores, Indy no fue entrenado con trucos complejos, sino que su "actuación" surgió del profundo vínculo de confianza con sus dueños y de estímulos simples, como su juguete favorito fuera de cámara.
La película, que tuvo un presupuesto inicial de 700 mil dólares, ya ha recaudado más de 8 millones, consolidándose como uno de los fenómenos más rentables y comentados del cine de género reciente. Leonberg, al aceptar el premio, destacó que este reconocimiento refleja la libertad que el terror brinda para experimentar y empujar los límites creativos de la industria.