Ante la inevitable tendencia a la estupidez humana que condena a la especie, afortunadamente aún hay mucho material de Marcos Carnevale para darnos la mano, o a veces una cachetada cariñosa, y ayudarnos a cerrar o retomar vínculos incluso ante el escenario más catastrófico: la muerte. “Al final solo somos humanitos haciendo lo que podemos”, asegura el director y guionista a Los Andes en una charla exclusiva por su nueva serie en Disney+ protagonizada por Martín Bossi, "Amores Inesperados".
La producción, que ya está disponible en la plataforma, consta de seis capítulos cada uno con historias independientes y autoconclusivas que viajan de la comedia, el género que más cómodo le queda al actor, al drama, thriller e híbridos que rozan lo bizarro y absurdo.
La transición entre historias le permite al espectador descubrir, de manera sutil, distintas facetas actorales de un Bossi que avanza hacia terrenos más experimentales. En paralelo, Carnevale asume la tarea casi titánica de poner en discusión mandatos aprendidos desde la infancia, como la religión, la heteronormatividad y las reglas impuestas para vivir en sociedad. Son construcciones que, afirma, “ocurren en el 90% de los casos y después terminan en el psicólogo, haciendo cosas terribles o enfermándose”.
Martín Bossi en Amores Inesperdos de Disney+
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—Cómo se construyeron las seis historias de “Amores Inesperados”. Hay situaciones comunes llevadas al extremo, pero siempre están presentes los vínculos. ¿Cómo definís cuáles te interesa contar?
—Fue un mix de mi impronta y lo que hace Martín (Bossi). En mi caso con los vínculos, las relaciones, los grandes temas de la vida, el amor, la soledad, la aprobación, la mirada del otro. Más que dramas, me interesa contar personajes que empaticen con la gente y se conviertan en un espejo para mirarse, reconocerse y reflexionar sobre lo que están viendo mal que, generalmente, tiene que ver con el prejuicio.
—¿Y Martín Bossi?
—En su caso era alejarlo totalmente del proceso de la imitación. No trabajar el afuera, el gesto, la voz, la vestimenta, las facciones, construir pequeños monstruos desde adentro. La propuesta era no usar siempre el mismo género, sino saltar en cada capítulo. De la comedia tradicional, al drama o un thriller disparatado y en otro llevarlo al absurdo y lo bizarro. Queríamos mostrar la versatilidad de los dos para contar historias. Él tiene un registro gigante y eso, para un director, es un placer tremendo, porque no tenés límites, no te chocás contra las paredes. El juego creativo es infinito.
—En varios capítulos, y en otras producciones como El último Gigante, tocás el último período de la vida y la muerte. ¿Hay una intención de tratar de entenderla, aceptarla, incluso de prepararse?
—Es un temazo, justamente por la experiencia que tuve de acompañar a mi padre, y después a mi madre, en sus últimos momentos. Veo un desconcierto generalizado frente a la muerte, tanto del que se muere como del que acompaña. Hay una resistencia a que el hecho ocurra. En El último gigante no está, hay una gran aceptación. En el caso de Amores Inesperados, Helena se convirtió en una sabia a lo largo de la vida. Ya aceptó todo y entendió qué es el amor. Por eso la hija es la que no comprende, tiene los mandatos y los prejuicios de que este amigo sea un chongo que viene a fumarse la guita de la madre.
Capítulo "Julio César y Helena" de Amores Inesperados en Disney+
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—Lo mismo pasa con el capítulo de Washington y Sofía…
—Sí, vemos a “Cacho” Santoro ahí muriendo, donde también el acompañamiento es muy compasivo, pero no lastimoso. Apela a la sabiduría y a acompañar de la manera más digna y amorosa posible y es lo que yo hice con mi papá. La muerte a veces es inevitable y oponerse lo único que hace es complejizar todo y hacer sufrir al que se está muriendo. En este caso Washington (el personaje de Bossi) es eso: termina arreglando una situación familiar porque los humanos somos un poco estúpidos y, aun con la muerte adelante, a veces no podemos cerrar una historia o pedir perdón y terminamos muriendo o dejando morir mal.
— El vínculo padre-hijo o hija también es recurrente ¿Tu infancia estuvo marcada por alguna situación que después vimos reflejada en alguno de estos capítulos?
—No, tuve una muy buena relación con mi padre. En mi relación con mis hijos trato de ser el mejor papá posible. Mis hijos son adoptados. Es decir que es una elección muy pensada. No es que de pronto vino un bebé a la familia y tuve que hacerme cargo del rol. No soy el mejor papá del mundo; pero soy un gran papá, estoy lo más presente que puedo. No soy autoritario, no impongo religiones, sexualidades, carreras, ni nada. Dejo libertad total porque todavía no tengo en claro muchas cosas. Entonces, me parece muy arrogante educar a un niño diciéndole: “La vida es esto, tenés que ser católico, tenés que ser heterosexual”, y esas cosas que ocurren en el 90% de los casos y después terminan en el psicólogo, haciendo cosas terribles o enfermándose.
Capítulo Washington y Sofía de Amores Inesperados en Disney+
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—¿Qué lugar ocupa la identidad?
—Me preocupo en mis producciones y en mostrar a alguien que aprendió a ser. Tampoco es la cuestión de “todo me importa nada y yo hago lo que quiero”. Pero sí tiene que ver con invitar al espectador a ser quien se le cante ser sin dañar a nadie y sin dañarse a sí mismo. Porque todo lo demás es como una construcción cultural, que las mujeres tengan que ser más bajas que los hombres o ahora más poderosas. Al final, somos humanitos haciendo lo que podemos.
— Es un elenco compuesto en gran parte de adultos mayores, en una industria que parece gerontofóbica. ¿Ves también este fenómeno?
—No busco especialmente gente ni más joven ni más grande. Me fijo en la historia que estoy contando y en la edad que tenga el personaje. De ahí salgo a buscar al cast. Pero sí está ocurriendo que las plataformas se convierten en lo que antes fue la televisión, que posicionaba nuevos talentos y entonces había más gente joven trabajando. Ahora estamos llamando a gente que ya envejeció por falta de posicionamiento y de entrenamiento de muchos actores. La televisión, no digo que haya muerto, pero la ficción en la televisión sí me parece que murió y se trasladó a las plataformas. Están en proceso de transición para convertirse en esa gran ventana para posicionar nuevos talentos.
Betiana Blum en Amores Inesperados.
Disney+
—Trabajás con Disney y Netflix ¿Hacés concesiones o encontraste una manera de que tu esencia entre dentro de los estándares de las plataformas internacionales?
—Sé que otros directores han tenido que adecuarse de alguna manera a los formatos o a las miradas de las distintas plataformas. En mi caso, no. Como les gusta mi trabajo y han sido muy respetuosos en no alterar mi impronta, porque si no terminás haciendo un híbrido. Sí, me han sugerido cosas y hecho notas, pero de ninguna manera me inculcaron una línea narrativa o un tono.
Segunda temporada y el amor inesperado de Carnevale
En Inriville, un pueblito de poco más de 3 mil habitantes en Córdoba, un Marcos de cuatro años conoce a Alejandra. Su compañerita del jardín. “Me enamoré perdidamente y fue el gran amor de mi vida. Fue un amor inesperado y no concretado”, reconoce 59 años después. Hoy, son amigos. “Todavía la tengo en el radar”, confiesa entre risas.
Quizás ese sea el pie para el próximo capítulo que aún no se escribió de una eventual segunda temporada de "Amores Inesperados". Nueve historias quedaron afuera de esta primera entrega, aunque Carnevale todavía no sabe si podrían formar parte de una continuación.
“Siempre está abierta esa posibilidad de hacer una segunda temporada. No sé si con las que quedaron arriba de la mesa o unas nuevas. Pero, primero tenemos que ver que esta funcione y le vaya bien. Pero ojalá que sí”, cierra la voz omnisciente de los humanitos que hacen lo que pueden.