Martín Bossi vuelve a la ficción con un desafío que, en buena medida, también lo obliga a recorrer zonas de su propia historia. En Amores inesperados, la serie de Disney+ que estrena este miércoles 16 de septiembre, interpreta a un personaje diferente en cada uno de los seis episodios.
La propuesta, escrita y dirigida por Marcos Carnevale, explora distintas formas del amor a través de historias independientes en las que el vínculo aparece sin planificación y modifica la vida de sus protagonistas.
Seis personajes para Martín Bossi
Bossi interpreta a un ladrón que se enamora de la persona a la que le roba, a un enfermero que desarrolla sentimientos por la hija de un paciente terminal, a un mozo que entabla una relación de afecto y cuidado con una mujer de la alta aristocracia, a un empleado de peaje enamorado de una mujer a la que ve todos los días y a un entrenador de tenis vanidoso que se enamora de una persona con un cuerpo no hegemónico. En otro episodio, dos amantes quedan atrapados durante la Navidad y una relación obsesiva comienza a desbordarse.
“Cada vez necesitamos hablar más de amor y replantearnos la forma de amarnos. La serie presenta distintas formas de amar, de vincularse, de buscar el amor de pareja, el fraternal y los amores obsesivos”, explica Bossi en una entrevista con diario Clarín.
La multiplicidad de personajes implicó para el actor un trabajo de composición importante. No se trataba solamente de cambiar de vestuario o de construir diferentes características externas, sino de encontrar la lógica interna de seis hombres atravesados por situaciones sentimentales muy distintas.
“Yo creo que los seis episodios son metáforas y me comprometí en cada uno. Fue un lindo desafío. Este es un gran proyecto para mí. Elemental. Yo empecé en la tele, dejé de hacer televisión en 2009 y me encerré en un teatro para ser feliz. Y hoy, con las plataformas, está bueno poder diversificar el público y llegar a otros lugares. Así que me siento representado por el proyecto, por la plataforma y por el director”, dice.
Disney+ y un proyecto desafiante
Uno de los capítulos que más lo exigió fue “Él y ella”, que filmó junto a Lola Rosenthal. La historia transcurre en un departamento durante la previa de Navidad y presenta a dos amantes encerrados en una relación que se vuelve cada vez más extrema.
“Fue el primero que filmé. Gracias a Dios, porque, si no, no podía seguir en la serie. A ver, yo no sé actuar. No soy un gran actor. Yo me creo el personaje. Y vivir en el estado de encierro, de locura que vive ese tipo con un amante, fue muy fuerte porque toqué la desesperación, la locura, la muerte. Situaciones parecidas no tuve, pero sí relaciones borders. También me costó mucho el capítulo en el que hago de camillero, con Eleonora Wexler, que tiene que ver con unir amores antes del final de una vida. Y fue muy complejo el episodio con Patricia Palmer, en el que hago de un mozo que se hace amigo de una persona en sus últimos años”, explica.
Pero el amor que aparece en la serie no es completamente ajeno a la experiencia personal de Bossi. El actor reconoce que varias situaciones de los personajes tienen puntos de contacto con episodios de su propia vida. Uno de ellos es el hombre del peaje, enamorado de una mujer a la que ve pasar todos los días.
“A mí me tocó, porque muchas veces tuve amores no correspondidos. El amor es un milagro y no siempre se da ese milagro”, dice. Y recuerda que también fue profesor de tenis, experiencia que utilizó para construir al personaje de Bebe, un hombre de 50 años que conserva ciertos rasgos de inmadurez y superficialidad. “Para mí el tenis es un mundo conocido porque yo fui profesor y he visto muchos profesores de tenis, cuarentones, cincuentones, que no abandonan esa cosa de Peter Pan, del hombre bronceado y superficial”.
La conexión con su propia vida
A los 51 años, Bossi también puede mirar hacia atrás y reconocer que hubo momentos en los que el amor ocupó un lugar demasiado grande en su vida. “No he querido vivir más”, cuenta al recordar algunas experiencias de desamor. “O pasé un tiempo pensando que ya no iba a poder vivir sin esa persona. Ojo, eso ya no me pasa a los 51 años. Hay algo que se llama amor propio. Es medio odioso amarse a sí mismo, pero parece que si uno no se sabe amar no puede amar a los demás”.
En ese recorrido aparece una autocrítica. “Y yo siempre me hice dejar. Pocas veces dejé. ¿Viste esos jugadores de fútbol que se hacen echar? Yo me hacía dejar porque no tenía los huevos para dejar. Y, claro, empecé a entender que, cuando me dejaban, era para que yo estuviera conmigo. Y ahí estaba el problema. Yo no quería estar conmigo porque no me aceptaba o no me amaba lo suficiente”.
El recuerdo de una separación a los 39 años funciona como una de las escenas más concretas de esa etapa. Una mujer llamada Romina lo había dejado por teléfono. Bossi cuenta que, días después, decidió ir a buscarla para despedirse y terminó escuchando desde la puerta de su casa a otro hombre tocando una guitarra que él mismo le había regalado.
“Me puse a llorar. Pero al otro día le pedí a Dios: ‘Por favor, quiero cruzarla una vez más’. Yo hablo con Dios como si fuera mi amigo. Y le dije: ‘Dame una oportunidad’”. La volvió a encontrar tiempo después, de una manera inesperada, cuando un piquete en Triunvirato hizo que ella se acercara a la ventanilla de su auto. “Es una cosa de locos. Por supuesto, no la recuperé”.
Para Bossi, esas experiencias terminaron alimentando también su trabajo artístico. “Cuando el desamor te golpea hay momentos muy difíciles. Y todo el sufrimiento por amor me hizo el actor que soy. Yo hago comedia, pero en realidad la comedia, la felicidad, o la risa son una interrupción del dolor”.
Su mirada sobre el amor cambió con los años. La última vez que asegura haberse enamorado fue hace seis o siete años, en un vínculo que describe como intenso y doloroso.
“Fue un flechazo en el corazón y la pasé muy mal. Y era correspondido a medias. No importa dónde era, pero yo estaba cantando y ella cantaba a mi lado, la miré a los ojos y me dije: ‘Me enamoré’. Tuve un vínculo con ella un año, pero fue muy duro. La parte más vulnerable y la peor parte de mí es cuando me enamoro”.
Hoy dice haber llegado a otro lugar: “Ya no quiero a mi media naranja. Ya no creo en los Reyes Magos. Ya no creo que si me muero el mundo vaya a parar. No me creo especial por hacer una serie. Claro que sigo soñando, pero aterrizando despacito”.