10 de abril de 2026 - 14:50

Los Andes con Isabel Allende: todo sobre su nuevo libro y la posibilidad de escribir sobre Trump

Entrevista con la célebre escritora, quien lanzó La palabra mágica. Una vida escrita (Penguin) y en esta charla repasó su método de escritura. Además, contó que su novela La casa de los espíritus está censurada en varios estados de EE.UU. y anticipó la serie en Amazon.

En el mismo lugar donde todos los 8 de enero Isabel Allende se sienta a escribir su nuevo libro, sean sus memorias o sus novelas de realismo mágico, la escritora de 83 años evoca con calma el recorrido de su obra. Solo es interrumpida por el rasqueteo de sus perros en la puerta cerrada que, al igual que los periodistas en línea, reclaman su compañía. Sus "presencias" —su hija Paula, su madre, su abuela—, se sientan con ella y le aportan parte de la clarividencia que ya de por sí ella posee.

A diferencia de la mayoría de los escritores contemporáneos que dan sus entrevistas virtuales rodeados de estanterías infinitas con libros, lo que muestra la chilena —nacida en Perú— es un fondo blanco, complementado en un costado por un amplio placard vidriado. En ese espacio despojado maneja, durante sus primeras semanas creativas al iniciar a escribir un libro, la “ambición de hacer algo extraordinario”. Con mucho ejercicio mental, como su Clara de La casa de los espíritus, espera “que los personajes se vayan manifestando y que el cuento se abra, lentamente, como una flor”.

A mi mamá y a mi hija las tengo aquí encima de la mesa; las tengo en el lavatorio, donde me cepillo los dientes todas las mañanas, y en la noche las saludo en un ejercicio de memoria y de amor. Los tengo presentes a todos ellos: a mi abuelo, al tío Ramón, a los perros que he tenido y que se han muerto. Son parte de mi realidad”, confesó en diálogo con Los Andes la mujer que escribió Paula, uno de los libros más desgarradores sobre la pérdida de una hija.

"La palabra mágica. Una vida escrita"

"La palabra mágica. Una vida escrita"

Isabel dispone todo su tiempo en tres tareas: escribir, jugar con sus perros y amar a su marido. De lunes a sábado, se interna en su oficina y cuando termina el día, cierra la puerta recelosa de lo que preserva. “No quiero que nadie entre a esta habitación, la limpien, ni toquen nada, porque ahí están esas presencias esperando”, razonó.

Para lo que en algunas personas es la religión o el horóscopo, en Allende es el realismo mágico, tomado como una manera de vivir en una multirrealidad que no es solamente lo palpable. “Hay mucho más: están las emociones, el instinto, la intuición, la imaginación y, por supuesto, la memoria, el recuerdo de todo lo que uno ha vivido y la gente que uno ha querido y que ya no está, o que sí está, pero lejos”, contó.

Lo que nos reúne en esta charla como es excusa es su nuevo libro, que se lanzó este jueves: La palabra mágica. Una vida escrita (Penguin). Pero para la artista, su oficina no es solo el espacio físico, sino que está en su cabeza. “Es un espacio dentro de uno, un espacio de silencio donde te podés concentrar. Ahí podés convocar a los espíritus, a los personajes, a las historias, a la memoria. Todo eso viene si estás callado. Pero si tenés el teléfono al lado y estás pendiente de que hizo ‘tic’ porque hay un mensaje, o de que los perros necesitan agua, no se puede”, reconoció.

Y justamente de eso se trata su nuevo escrito, que propone un recorrido íntimo sobre su vida y su vínculo con la escritura, a la que define no sólo como un oficio, sino como una forma de habitar el mundo.

Isabel Allende y la posibilidad de escribir sobre Trump

A partir de experiencias personales y profesionales, en La palabra mágica…, Allende repasa sus aprendizajes, errores y logros, y construye una guía inspiradora para quienes buscan iniciarse en el camino literario.

“El propósito de este libro —y creo que lo digo al principio, ya ni me acuerdo porque la cabeza la tengo bien mala— es quitarle el miedo a la gente. No solo a escribir, sino también a leer. La mayor parte de los jóvenes hoy tienen miedo de la página, porque están acostumbrados a la pantalla. Lo quieren todo resumido, visual. Entonces se pierde un poco el hábito y el amor por la lectura en la página, porque nos da miedo”, aclaró.

Sobre otro temor, el de la página en blanco, resumió que su éxito recae en la disciplina y en ir de a una palabra a la vez. No arma un bosquejo o un guion de su narrativa, sino que deja que suceda y se enfoca en esa pequeña cotidianeidad segura en la que abraza y explora la intimidad de sus personajes. “A mí lo que más me cuesta son las primeras dos o tres semanas de la escritura, porque tengo que quitarme de la cabeza esa ambición de hacer algo extraordinario”, reveló.

Para no dejarse llevar por la grandilocuencia, Allende tiene una rutina aceitada. Se levanta por la mañana y hace ejercicios. Según explicó, a su edad es clave “no estar todo el día sentada”. Luego se encierra por horas en su oficina. Recién a la tarde entra en contacto con la otra realidad, la mundana.

“No veo las noticias hasta la tarde. Porque si me pongo con el teléfono y veo todas las brutalidades que ha hecho (Donald) Trump, se me arruinó el día. Entonces, prefiero que me arruine la noche”, contó Allende, que hace años está radicada en California, Estados Unidos.

Conocida por escribir sobre momentos históricos complejos, sociales y económicos (la dictadura militar en Chile con La casa de los espíritus o la fiebre del oro con La hija de la fortuna en el propio Estados Unidos), razonó que para poder abordar esos hechos debe tomar distancia en el tiempo y que, por ello, no podría escribir sobre la actualidad.

Isabel Allende y su censura en Estados Unidos: "No podría escribir una novela sobre Trump desde el ojo del huracán"
Isabel Allende y su censura en Estados Unidos: “No podría escribir una novela sobre Trump desde el ojo del huracán”

Isabel Allende y su censura en Estados Unidos: “No podría escribir una novela sobre Trump desde el ojo del huracán”

No podría escribir una novela sobre Trump o sobre lo que está pasando en Estados Unidos. Creo que sería muy difícil. Puedo escribir sobre casos particulares: el caso de una niña ciega que separan en la frontera de su madre, eso está ocurriendo hoy. Pero la circunstancia mayor, la visión panorámica de lo que ocurre, necesita distancia. No se puede desde el ojo del huracán. Entonces no creo que en este momento esté preparada para escribir sobre eso”, justificó.

El no poder escribir a nivel global de la contemporaneidad que la atraviesa no la hace ajena a ella. Incluso, advirtió que registra formas de censura que impactan tanto en el ámbito educativo como cultural. Señaló que, en muchos casos, estas restricciones se aplican de manera indirecta, incluso a través de condicionamientos económicos, y afectan los contenidos que se enseñan en universidades, escuelas y colegios.

Reflexión que, como gran parte de su vida, la lleva de vuelta a La casa de los espíritus para contar que su novela está censurada actualmente en varios estados. “Me parece un honor”, contempló con un ojo mirando al pasado y, con el otro, al origen de este escrito.

“La casa de los espíritus”, la pérdida de la inocencia de una autora

El 8 de enero de 1981, día en que su abuelo ya moribundo le mandó una carta en el exilio, Isabel Allende comenzó a escribir La casa de los espíritus, sin saber lo que estaba haciendo, y con ello el inicio de la muerte de la inocencia isabeliana.

“Fue realmente algo dictado casi desde el más allá, no sé cómo pasó. Y nunca más he tenido esa inocencia para escribir, porque no tenía idea de lo que era la industria del libro. Ese mundo es muy exigente y está muy fregado en muchos aspectos, especialmente para una mujer en aquella época: la falta de respeto, la competencia totalmente desleal con escritores masculinos que tenían menos disciplina y menos talento, sin ninguna duda”, recordó.

Como era su primera novela no había muchas expectativas de que alguien la leyera. Sólo quizás su madre y Paula (su hija). Ni siquiera su marido de ese entonces estaba entre los interesados. Fueron "sus mujeres" quienes tuvieron el primer contacto con ese escrito.

Para esa exiliada Isabel era el afán de contar y, luego, leer el impulso necesario y suficiente; hoy, en cambio, la inocencia fue reemplazada por la ilusión de seguir sacando a la luz historias relevantes, o que a ella le importan, con la imperiosa necesidad de contar; esa que la hace sentarse cada 8 de enero desde hace 45 años.

“Hay tantas cosas que podría haber hecho diferente. La vida te va presentando las cosas en cada etapa. Tenía dos niños, había que mantener una casa; después vino el exilio, había que pagar el colegio. No creo que yo hubiera podido realmente empezar a escribir antes. Además, La casa de los espíritus y la literatura nacieron del exilio, de la nostalgia, del deseo de recuperar lo perdido”, analizó.

A casi medio siglo de dedicarse a la escritura, a Allende le resultan imposibles un par de cosas: “Separar lo que viví, lo que me pertenece, lo que es imaginación, lo que le pertenece a otros”. Lo que no olvida es el amor que ha dado en estos años. El tema es cuando esos a quienes dar cariño se ven inmiscuidos en el oficio.

Allende se caracteriza por fusionar su autobiografía en sus textos, a veces de forma explícita, con textos que relatan sus vivencias y otras, matizada con la capa protectora de la ficción.

Para ello, la escritora creó reglas, con autocensura, a la que definió como esa voz crítica interna que condiciona lo que se escribe. Si bien reconoció la existencia de presiones externas, destacó que ese límite personal también juega un papel central en el proceso creativo.

En relación con la ficción, explicó que no tiene reparos en inspirarse en personas de su entorno, ya que las transforma al construir sus personajes: combina rasgos, modifica nombres y altera circunstancias. En ese sentido, sostuvo que la literatura le permite ejercer una libertad total y que, si alguien se reconoce en sus historias, forma parte de la propia interpretación de quien lee.

Es en la escritura de memorias, donde —según explicó— el cuidado debe ser mayor, ya que se trata de personas reales y no de personajes. Primero escribe con total libertad, sin filtros, y luego revisa el contenido con detenimiento para evaluar qué tan fiel es a los hechos y cuánto responde a una percepción personal. Además, comparte el manuscrito con quienes menciona para que puedan decidir si desean formar parte del libro.

MV5BYWE1NGU3NjEtMDU2Ni00NmY5LWJkNmMtNDdkZmVhNTMzZmYzXkEyXkFqcGc@._V1_FMjpg_UX1000_

Yo tenía un hijastro que, desgraciadamente, murió por drogas, a quien mencioné en La suma de los días. Él era drogadicto, pero estaba en rehabilitación en ese momento y parecía que estaba muy bien. Pero menciono que está en rehabilitación, entonces él no quería aparecer como drogadicto. Así que lo saqué y no lo mencioné para nada”, ejemplificó.

Sin embargo, en el caso de La casa… la situación fue distinta. Aunque no había nombres reales y los personajes fueron alterados, exagerados y corridos de todo eje, la novelista contó que la mitad de su familia se enojó igual. Me vinieron a contactar cuando se hizo la película, porque Jeremy Irons y Meryl Streep eran mucho más importantes que mis abuelos. Entonces ahora me hablan”, ironizó.

De clásico literario, película con impronta yanqui a una serie con alma latina

El primer acercamiento de La casa de los espíritus al mundo audiovisual fue, como todos los debuts de Allende, a lo grande, con estrellas de Hollywood. Si bien el libro resultó en un éxito con más de 70 millones de copias vendidas en ediciones traducidas a 35 idiomas, su estreno cinematográfico tuvo un éxito polémico.

Se lanzó en los Estados Unidos el 1 de abril de 1994 en una versión más breve, luego de pasar sin mucho éxito por cines europeos. La prémière tuvo que ser controlada por la policía porque la asociación de actores latinos realizó una protesta pacífica con pancartas que denunciaban su ausencia.

Embed - La casa de los espíritus (Trailer castellano)

“En aquella época la gente no leía subtítulos. Tenía que ser en inglés para que fuera comercial, para que tuviera éxito internacional. Tenía que tener estrellas de Hollywood, gente que el público reconociera. Era una producción que se filmó en Europa, con actores —ninguno hispano, fuera de Antonio Banderas—, entonces no tenía el sabor latinoamericano del libro, aunque era una buena película”, explicó la autora 32 años después.

Con Dolores Fonzi a la cabeza, Prime Video presenta la serie de "La Casa de los espíritus"
Con Dolores Fonzi a la cabeza, Prime Video presenta la serie de

Con Dolores Fonzi a la cabeza, Prime Video presenta la serie de "La Casa de los espíritus"

Ahora tiene una revancha con la serie homónima de ocho episodios de Prime Video, que integra actores latinos e hispanos. La argentina Dolores Fonzi interpretará a Clara del Valle en una de sus etapas ya de adulta mayor; la española Nicole Wallace en la versión joven del mismo personaje; mientras que el mexicano Alfonso “Poncho” Herrera hará el rol de Esteban Trueba.

Al ser episódica te permite contar la historia con calma y, además, está hecha absolutamente en clave latinoamericana, chilena, francamente. Entonces tengo una ilusión tremenda de que entretenga, de que le guste a la gente y, si es posible, que atraiga a los jóvenes. No sé si es una historia que puede atraerlos, pero espero que sí”, esperanzó Allende.

Embed - La Casa de Los Espíritus - Tráiler Oficial

Qué lee Allende y su crítica a las mujeres escritoras

Autopercibida desordenada con la lectura, hater de Moby Dick, Isabel Allende se confiesa en cuanto a gustos. Sobre el clásico de Melville dice: “La encuentro una lata. ¿Qué querés que te diga? Yo quiero salvar, no matar ballenas”. Isabel se formó en la lectura de los grandes sentada en el living de un Chile donde no tenía televisión ni escuchaban la radio, ya que su abuela lo consideraba una “influencia vulgar”.

“No sé cuántas veces leí todos los libros de (Emilio) Salgari. Esa literatura que hoy ya casi no existe fue mi alimento”, recordó. Y agregó: “no leo novelas de género. No leo, por ejemplo, detectives, thrillers, romance o ciencia ficción. No. Yo lo que quiero es lo otro, ese otro tipo de literatura que no sé cómo se define. Y de eso me alimento hasta hoy”.

Actualmente lee, en un 70 por ciento, a escritoras mujeres en inglés que hacen ficción, un boom que se nota en Latinoamérica, pero más en Estados Unidos.

Acerca de la crítica, que marca a las nuevas novelistas de moda y que más venden como "literatura basura", opina: “Es brutal con las mujeres. Si una mujer escribiera, por ejemplo, un libro como El amor en los tiempos del cólera, la tildarían de sentimental. Le habrían dicho: ‘es un libro sentimental de mujercita’; pero como lo hizo un hombre, nadie piensa eso”.

Y refuerza con postura feminista: “Si una mujer escribe una novela histórica absolutamente investigada, hecha con cuidado, tiene que competir con otras novelas históricas muy inferiores, pero escritas por hombres”.

Sobre su propia escritura escapa a criticarse y asegura que no se analiza, ni conversa con ella misma. "Me acusan de vender mucho y por eso subestiman a los lectores", simplifica. .

Hay una gran coherencia entre la forma en que pienso, que siento, que vivo y lo que escribo, voy a cumplir 84 años y tengo un hombre que me adora, que cree que soy preciosa e inteligente y todo lo demás. Tengo un hijo maravilloso, tengo perros”, analiza. Y, mirando a los periodistas especializados en literatura, les pregunta: “¿Qué más?”.

Podemos contestar nosotros: ¿Qué más? Seguir escribiendo, Isabel. Nada más.

LAS MAS LEIDAS