31 de marzo de 2025 - 00:30

Llegó a Tunuyán y echó raíces con su saxofón: la historia de Emilio Spitz

Conocido como gestor y cofundador del Mendoza Sax Fest, se radicó en Tunuyán, donde comparte diariamente el sonido del saxofón con los vecinos.

Hace algunos años, Emilio Spitz dejó la ciudad de Mendoza para echar raíces en el Valle de Uco. Su llegada a Tunuyán no pasó desapercibida. Hoy, su música suena en eventos, bodegas, plazas y escenarios locales donde el saxo, instrumento poco habitual en esta geografía atravesada por guitarras, dialoga con un nuevo paisaje sonoro.

Spitz es músico, saxofonista y también gestor cultural. A sus 31 años, une aristas personales entre la música y la economía, lo bohemio y lo exacto, el arte y la gestión, el escenario y la organización.

Su historia está marcada por la música, pero también por su ascendencia. Su apellido es de origen rumano y sus abuelos, tanto paternos como maternos, emigraron desde Rumania y Lituania a la Argentina entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

"Mi familia es de origen judío, llegaron al país escapando de la guerra y el hambre, y en su momento muchos se dedicaron a la agricultura", cuenta Emilio, destacando la historia de migración de su árbol genealógico.

Un amor a "primera oída"

Nacido en la Ciudad de Mendoza, creció en un entorno donde la música estaba presente aunque sin una tradición formal. "Mi viejo tocaba un poco el piano y la guitarra, pero siempre de forma amateur", recuerda. Recién en la adolescencia descubrió el reggae y con él, el sonido metálico del instrumento de viento. "Escuchando distintas bandas me atrajo el sonido del saxofón, aunque podría haber elegido la trompeta o el trombón", comenta. A los 17 años, tomó sus primeras clases con Walter Casciani, uno de los saxofonistas más importantes de la provincia.

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Durante casi un año estudió sin contar con un saxofón propio hasta que finalmente adquirió un tenor, el modelo que le había fascinado al verlo en las bandas de reggae. Poco después, se integró a Surco Pando, una banda con la que recorrió escenarios de Argentina y Chile, grabando con referentes como Karamelo Santo y Dancing Mood. "En 2021 hicimos una versión de 'Otoño en Mendoza' junto al Pocho Sosa, con videoclip incluido", destaca sobre uno de sus proyectos más significativos.

Raíces en Tunuyán

Pero Tunuyán marcó un nuevo capítulo en su vida. Junto a su compañera, Heidi Seltzer, quien también tomaba clases de saxo, encontraron en el Valle de Uco un hogar y un espacio para el desarrollo artístico. Decidieron instalarse definitivamente en el corazón del Valle de Uco luego de la pandemia, eligiendo el distrito de Vista Flores para formar una familia.

"Cuando llegué, la zona vivía un auge turístico y vi la posibilidad de establecer una carrera dentro de ese marco", explica. Su presencia en la Bodega del Azul es casi cotidiana, aunque también se presenta en otras bodegas, eventos y celebraciones. "La gente reacciona con mucha emoción. Para muchos, es la primera vez que escuchan un saxofón en vivo", comenta sobre la recepción del público.

Su repertorio es ecléctico y se ajusta al contexto. Aunque comenzó interpretando jazz, con el tiempo amplió su música a géneros como el rock internacional de los 80 y 90 (The Beatles, The Police, Gloria Gaynor), tango, bossa nova y clásicos populares. "Siempre intento que haya algo con lo que cada persona pueda conectar", afirma.

Más allá de su carrera musical, Spitz es licenciado en Economía, una formación que, aunque nunca ejerció en el sentido tradicional, le permitió adentrarse en la gestión cultural y la industria de la música. Desde ese rol, coorganiza el Mendoza Sax Fest, el festival internacional de saxofón más importante de Latinoamérica, junto a Mauricio Agüero. "El festival no solo tiene conciertos, sino una parte académica clave para la formación de saxofonistas", explica.

Para Emilio, la música es mucho más que un oficio. "El arte forma ciudadanos. Nos da una forma de ver el mundo, de pensar y de sentir. Además, salva", sostiene con convicción.

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