Los Salieris de Chaplin, compañía teatral mendocina, inaugura un ciclo pensado para hablar de salud mental sin tabúes. Su primera apuesta es "Prohibido suicidarse en primavera", de Alejandro Casona. La obra se estrenará el jueves 17 de septiembre a las 21 hs y habrá una segunda función el 22 de octubre, ambas en el Espacio Julio Le Parc, Sala Armando Tejada Gómez.
Escrita en 1937 por el dramaturgo español —exiliado en México tras la Guerra Civil— la obra transcurre en el "Hogar del Suicida", un sanatorio ficticio donde un grupo de personajes con intenciones autodestructivas encuentra, entre el humor y la ternura, motivos para seguir viviendo. Casi noventa años después, su mirada sobre la desesperanza y la soledad sigue resonando con una vigencia que la compañía decidió no dejar pasar.
El proyecto nació por iniciativa de Belén Riccio, psicóloga del elenco, con la intención de inaugurar un ciclo de obras vinculadas a la salud mental y a problemáticas sociales. El montaje —que combina diez actores, tres de ellos profesionales de la salud que acompañan el proceso— apuesta a una puesta actualizada, con estímulos visuales y sonoros pensados para dialogar con el público joven, sin perder el pulso original del texto.
Sobre este proceso, sobre Casona y sobre el rol del teatro frente a temas históricamente tabú, conversamos con su directora, Agustina Pérez Godoy.
— ¿Cómo fue el origen de este proyecto teatral y por qué seleccionaron la obra de Alejandro Casona?
—Quien nos convoca y junta esta grupalidad es Belén Riccio, que es la psicóloga del grupo, con la intención de comenzar un ciclo de obras que estén relacionadas con la salud mental o problemáticas sociales. Particularmente este libro de Alejandro Casona marcó mucho su carrera, ya que cuando ella estaba en el secundario, en ese momento se daba como una de las bibliografías obligatorias de literatura. Ahí es cuando ella empieza con esa intención de ir hacia el camino de la psicología, y esta obra a ella la marcó mucho. Entonces quería que fuera la que disparara todo este ciclo. Al elegirla, bueno, todo el elenco encaró un estudio un poco más profundo de la temática, no solamente la propia del nombre, sino aquellas temáticas y afecciones que trataba la obra. Y bueno, ahí es donde se decide comenzar con este proyecto, tras esa investigación, y llevarlo desde el lugar artístico a que se pudiera hablar sobre el tema, se pudieran hacer debates, se pudiera poner sobre la mesa, de manera tal que no fuera más un tema tabú entre la sociedad, sino que justamente se diera la charla para poder trabajar estas temáticas.
— ¿Cuando hablás del grupo te referís a Los Salieris de Chaplin?
— Exacto. Es el elenco, digamos. Compuesto por 10 actores; dentro de esos actores, tres de ellos componen el equipo interdisciplinario, que son profesionales de la salud que nos acompañan en todo lo que tiene que ver con los distintos protocolos que seguimos cuando trabajamos estas temáticas. Está compuesto por Belén Riccio, quien nos convocó, está Francisco Fuenzalida, Lorena Flores, Pancho Jalaf, Fernando Cosmi, Romina Barbosa, Marisa Bustos, María Trapé, Paolo Cerutti, y si no me olvido de nadie, creo que están los 10. Y yo en la dirección, lo cual se decide ahí en la misma convocatoria.
— ¿Sos directora de teatro?
—Tengo experiencia en teatro, soy actriz, me formé en Buenos Aires. Pero esta convocatoria surge de un equipo que ha trabajado en distintos proyectos juntos y aparte tenemos la particularidad de que somos un grupo de amigos. Entonces, bueno, nos reunimos para encarar este ciclo.
—Acabás de hablar de "ciclo", ¿por qué ciclo?
— Porque la idea no es que sea una obra aislada, sino que Los Salieris hagan distintas obras que estén relacionadas con salud mental o problemáticas sociales o afecciones de las personas. Y que se trabaje desde un lugar profesional a través del gabinete, sin reemplazar, por supuesto, una propuesta artística a ningún tipo de terapia. Pero sí que se abra la discusión, el debate, y se pongan estos temas más en la sociedad, que se pueda hablar libremente a través de personajes que interpretan distintas circunstancias que son propias de cualquiera de las personas, de los espectadores que están del otro lado del telón.
— Han hecho una puesta muy especial, ¿me podrías contar algo al respecto?
— La obra se escribió en 1937, y nosotros entendíamos que uno de nuestros públicos, a los que apuntamos, son los jóvenes. Entonces, entendemos que en la sociedad en la que vivimos, que todo es tan inmediato, donde está todo tan digitalizado, donde ya se espera poco, queríamos que fuera atractivo, que fuera una situación que permitiera a los jóvenes participar de algunas experiencias más comunitarias. Por lo tanto, intentamos hacer una apuesta diferente, mucho más actualizada, donde hubiera también estímulos visuales, sonoros, actorales y escenográficos, que combinaran de manera tal que el texto de Alejandro Casona dialogara con la época que estamos viviendo. O sea, no es una adaptación propiamente dicha, pero sí está adornada en términos de regionalismos, de modismos, para que el texto sea mucho más natural en los tiempos que corren. Y todas esas emociones por las que pasan los personajes, y por las que seguramente transitará el público al momento de verla, tengan ese plus que está relacionado con la puesta, que es diferente a una puesta tradicional.
—¿Qué te parece que tiene la obra de Casona que la mantiene vigente?
— Casona, cuando escribe la obra, si bien es una comedia dramática, poetiza absolutamente dolencias sociales que hoy están en vigencia absoluta. Él trata la desesperanza, la soledad, la invisibilidad, incluso —desde otro lugar— todo lo que es la aceptación del cuerpo, sentirse cómodo con uno mismo. Cada uno de los personajes tiene también la idealización de situaciones que no llegan a tal punto. Y eso creo que, en los tiempos en que lo escribió y hoy en día, tiene absolutamente la misma vigencia. La forma de escribir es quizás muy de esa época, y hoy el texto se ha actualizado de manera tal que uno palpa y percibe en uno mismo, y dentro del espectáculo, cosas que están absolutamente vigentes. Y ni hablar si los comparamos con los números que manejamos hoy en cuanto a las tasas de suicidio, en cuanto a la falta de fortaleza, por ahí, para seguir adelante, de algunos que entienden que sus frustraciones los llevan a no desear vivir. Casona, en ese texto —si bien el título es muy fuerte— el mensaje que da es un mensaje más que esperanzador: cuántas cosas tenemos y podemos vivir o transitar en la vida que hacen que valga la pena ser vivida, y no renunciar. Creo que ese es el lema de él, y hoy, a pesar de que hay diferentes problemáticas y afecciones —tal cual hace 100 años atrás—, queremos llevar también ese mensaje a la sociedad: saber qué hablar, qué dar, escuchar al de al lado, estar atento a lo que le pasa. Acompañar puede salvar una vida. Ese es el mensaje que queremos dar ahora. En tiempos de mucha comunicación, pero mucha soledad también.