13 de abril de 2025 - 06:15

La crónica como género literario en Mendoza: dos ejemplos

Libros recientes, uno de ellos premiado por el Certamen Vendimia, permiten ver la actualidad de este género en nuestra provincia.

El Certamen Literario Vendimia ha incorporado recientemente la crónica entre las categorías objeto de premiación. Por mi parte, debo reconocer que comencé a interesarme en esta modalidad escrituraria y, sobre todo, a valorar sus posibilidades estéticas, a partir de la lectura de ese libro maravilloso que es Preguntas de los elefantes, de Facundo García (2017), que recrea un itinerario del protagonista por África, con el verismo de un testimonio y la capacidad para crear un mundo mágico, propia de la literatura.

Esto es así porque la crónica, que tradicionalmente se estimaba como un género periodístico informativo, ha comenzado a sumar elementos, entre los que figura un nuevo modo de narrar y un uso estético del lenguaje. Se produce así la emergencia de un producto que denota la atractiva hibridez que caracteriza la contemporaneidad. En relación con ello, Villoro habla, por ejemplo, de “ese ornitorrinco de la prosa” (Villoro, 2006).

Oscar Steinberg en su Semiótica de los medios masivos (1993) señala la existencia de rasgos retóricos (es decir, “los mecanismos de configuración de un texto que devienen en la ’combinatoria’ de rasgos”), temáticos (“acciones y situaciones según esquemas de representatividad históricamente elaborados”, previos al texto) y enunciativos (o sea los procesos por los que el texto construye su situación comunicacional) que permiten diferenciar el género.

En relación con lo retórico, García (2017) destaca que la crónica periodística latinoamericana, además de la función informativa que constituye un anclaje fundamental del género, “explora sus vasos comunicantes con los manuscritos de viaje, los bocetos dibujados y la narración oral”, En cuanto a lo temática, se ha ampliado igualmente el universo de referencia, incluyendo datos autobiográficos o, incluso, elementos de tipo no realista. Finalmente, desde lo enunciativo, un fenómeno de relevancia es el hecho de que los escritores de crónicas no necesariamente desarrollan su labor en relación de dependencia respecto de algún medio periodístico.

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Facundo García presenta “Era esto o poner bombas”, apasionante libro de crónicas
Facundo García presenta “Era esto o poner bombas”, apasionante libro de crónicas

Entonces, la crónica —primordialmente referencial—, al decir de Mario A. Zimmerman (2011) “texto híbrido y fronterizo, se vuelve espacio de contaminaciones y pasajes, sometido al devenir histórico [...]”. Y en su pretensión de “contar pequeñas historias de los sujetos marginales” incluyen diversos tipos de “relatos” que pretenden tener algún tipo de anclaje en lo real, como el periodístico, a los que se suma la literatura, la investigación social o la expresión artística.

Munidos de este mínimo arsenal de conocimientos teóricos, podemos intentar un acercamiento al panorama cronístico mendocino y, en particular, a la obra de quien resultara ganador del Premio Vendimia edición 2022, en esta categoría: Enrique Pfaab, cuyos relatos, tal como se lee en la contratapa de La vida al borde (2023) “registran situaciones y entornos de la Mendoza profunda, y, por ende, a veces invisibilizada”.

Enrique Pfaab: "Si es cierto que la crónica es una moda, me parece que ha durado mucho"
Enrique Pfaab:
Enrique Pfaab: "Si es cierto que la crónica es una moda, me parece que ha durado mucho"

Precisamente, esa es una de las virtudes de la crónica literaria contemporánea: recrear, con artificios propios de otros modos literarios, situaciones y personajes que se graban en la memoria del lector, más allá de la simple función informativa, por la fortaleza estética de su representación. Viven así en las páginas de Pfaab, radicado en Mendoza a partir de 2005, héroes anónimos, generalmente anclados en diversos rincones de la zona este de la provincia de Mendoza, que presentan los rasgos propios de los pequeños pueblos: en ellos, las creencias compartidas, por ejemplo, la del “Ánima parada”, que el autor recrea en una de sus obras (El Ánima Parada y veinte sucedidos de pagos chicos, de 2018) adquieren carácter de verdad apodíctica.

Se crean así verdaderos mundos narrativos en los que la fuerza del testimonio se suma a lo mejor de la tradición costumbrista de la literatura argentina, ejemplificada en el Pago Chico de Roberto Payró, al que alude implícitamente el título de Pfaab citado. Su riqueza requiere un análisis más detenido, que dejaré para otro momento.

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