Con la muerte de Pocho Sosa, este domingo 14 de junio, desaparece una de las voces más reconocibles de la cultura mendocina, pero también se cierra un capítulo fundamental de una sociedad artística que cambió para siempre la canción popular de Cuyo. Junto con Jorge Sosa y Damián Sánchez, integró un triángulo creativo casi perfecto en el folclore: uno escribía, otro componía y el tercero ponía la voz.
De esa alquimia nacieron algunas de las obras más perdurables del repertorio folclórico cuyano y una forma de entender la identidad mendocina que trascendió generaciones.
El origen de esa historia no estuvo en un escenario sino en una cancha de barrio. En numerosas entrevistas, Pocho Sosa recordaba que conoció a Jorge cuando éste llegó desde Santa Fe para estudiar Ingeniería en Petróleos en Mendoza. Se alojó en una pensión llamada Gran Día, cerca de la casa del cantante, y terminó compartiendo los partidos de fútbol improvisados con los muchachos del barrio.
"Un día se arrimó un flaquito... ¿Viste que generalmente a los flaquitos que no juegan bien los mandan al arco? El Jorge entró de arquero... Ahí es cuando empezamos a hacer amistad", evocaba con humor en la última entrevista que dio a Los Andes.
Aquella amistad terminaría convirtiéndose en una de las sociedades artísticas más fecundas de la provincia.
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Jorge y Pocho Sosa posan juntos en la redacción de diario Los Andes. Foto: Archivo Los Andes.
Con los años apareció la tercera pieza del engranaje: Damián Sánchez. A diferencia de Pocho y Jorge, no provenía del mismo barrio. Vivía en Godoy Cruz y había conocido a Jorge Sosa en el coro de la Universidad Nacional de Cuyo. Allí comenzó un intercambio creativo que marcaría una época: el poeta le acercaba sus textos y Sánchez los convertía en música.
La tríada dorada del folclore mendocino
Pocho Sosa solía resumir esa fórmula con una frase sencilla y contundente: "El Damián ponía música, el Jorge la poesía y yo se las cantaba".
No era simplemente una división de tareas. Era una complementariedad extraordinaria en la que cada uno parecía potenciar las virtudes del otro. Un milagro que pocas veces se da en el arte.
La palabra coloquial y profundamente mendocina de Jorge Sosa encontraba en las melodías refinadas de Sánchez un vuelo inesperado, mientras la voz cálida y cercana de Pocho acercaba esas obras al público con una naturalidad desprovista de artificios.
Aquella producción pronto empezó a cruzar las fronteras provinciales. Mercedes Sosa incorporó varias de sus composiciones a su repertorio, entre ellas "Hermano, dame tu mano" y la emblemática "Otoño en Mendoza", contribuyendo decisivamente a proyectar esas canciones hacia todo el país y el exterior.
Sin embargo, el camino conjunto no siempre siguió una línea recta. Cuando Damián Sánchez se trasladó a Rosario para asumir la dirección de Los Trovadores de Cuyo, Pocho y Jorge decidieron explorar otra aventura artística.
En esos años nació también el mítico café Florentino, frente a la Legislatura provincial, impulsado por Pocho junto a otros socios. Allí, en un sótano para apenas 120 personas, se produjo uno de los fenómenos culturales más recordados de la Mendoza de aquellas décadas.
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Pocho Sosa junto a Mercedes Sosa, en el marco de Rivadavia Canta al País. Foto: Coco Segura.
La obra del trío tampoco puede entenderse sin el contexto del Nuevo Cancionero mendocino. Aunque Pocho Sosa reivindicaba siempre la tonada tradicional y el repertorio popular heredado de generaciones anteriores, su recorrido estuvo profundamente ligado a aquella renovación encabezada por Armando Tejada Gómez, Tito Francia y otros grandes referentes.
Recordaba especialmente las reuniones en la casa de Eduardo Aragón, sobre la calle Arístides Villanueva, donde coincidían figuras esenciales de la cultura local y donde escuchó por primera vez composiciones que rompían con los moldes tradicionales, como "Zamba azul".
Ese ambiente creativo también propició los encuentros entre Jorge Sosa, Damián Sánchez y los grandes nombres del movimiento, estableciendo un puente entre la tradición cuyana y una sensibilidad contemporánea que enriqueció enormemente el cancionero argentino.
“Creo que con Jorge y Damián Sánchez dejamos un legado lindo, porque tomamos la posta del nuevo cancionero. Fuimos un poco los bebés de Armando Tejada Gómez, Tito Francia. Hay una anécdota muy linda con Armando Tejada Gómez cuando hicimos juntos una temporada en Villa Gesell. Y el Armando siempre le decía a Jorge: 'Vos me robaste una poesía… me robaste el otoño'", recordaba Pocho con Los Andes en 2021, cuando acababa de morir su amigo Jorge.