"El hijo de la novia" cumple 25 años: Juan Jose Campanella recordó la película con una emotiva carta pública

Juan José Campanella reveló cuál fue el origen de la película, cómo lo emocionó el rodaje y más. Confesó que no esperaba llegar a competir en los Oscar.

A 25 años de su estreno, "El hijo de la novia" sigue ocupando un lugar especial en la memoria del cine argentino. Para celebrar el aniversario de la película, Juan José Campanella escribió una carta pública para Clarín en la que reconstruyó el origen de la historia, recordó a quienes hicieron posible el filme y reveló detalles desconocidos de su realización.

Aunque la película llegó a los cines en 2001, Campanella sitúa el verdadero comienzo de la historia dos años antes. En 1999, durante una cena con su padre, surgió una conversación que terminaría transformándose en el punto de partida del guion.

Por entonces, el director acababa de terminar "El mismo amor, la misma lluvia" y buscaba junto al guionista Fernando Castets una historia que permitiera retratar a ese hombre de cuarenta y tantos años que se encontraba perdido, solo y sin rumbo. El personaje ya existía, pero faltaba la historia.

Aquella noche, el padre de Campanella le dijo: “Quiero casarme con Luisa por Iglesia”. Su madre padecía Alzheimer y estaba internada en un geriátrico que su padre visitaba todos los días. La pareja nunca había tenido un casamiento religioso y Campanella intentó que pudieran cumplir ese deseo, pero la Iglesia no lo permitió debido al estado de salud de su madre.

Sin embargo, de aquella imposibilidad nació una película.

“Pero algo salió de ese pedido, y hoy estamos hablando de eso”, recordó Campanella. A partir de allí, él y Castets comenzaron a trabajar en la historia. Fueron un año y medio de trabajo y 27 versiones del guion, hasta llegar al texto definitivo, que según el director prácticamente no sufrió modificaciones.

En ese proceso también tuvo un papel fundamental Aída Bortnik, a quien Campanella definió como una gran amiga y maestra. “El guion no sería lo que es sin ella”, escribió.

“Deprimente”, “nadie quiere ver esto”

El camino hacia la película no fue sencillo. Las primeras reacciones al guion fueron negativas. Según recordó Campanella, algunos consideraban que la historia era demasiado oscura y llegaron a advertirle que podía perjudicar su carrera. “‘Deprimente’, ‘Nadie quiere ver esto’, ‘Te va a arruinar la carrera’, ‘Viejos, Alzheimer, ataques al corazón… Esto es veneno’”, enumeró.

Hubo, sin embargo, personas que confiaron desde el comienzo. Entre ellas, el productor Jorge Estrada Mora y, especialmente, Ricardo Darín, cuya participación fue decisiva para que el proyecto siguiera adelante.

Finalmente, el guion llegó a manos de Adrián Suar, quien por entonces trabajaba junto a Guillermo Francella en "La cena de los tontos". Suar dejó el texto en su camarín y al día siguiente Francella preguntó qué era aquel libro.

El actor se lo llevó, lo leyó y regresó con una certeza: “Tenés que hacer esta película”.

Suar decidió entonces producirla, iniciando además una amistad con Campanella que, como señala el director, lleva ya 25 años.

El desafío de Norma Aleandro

Uno de los mayores desafíos fue encontrar a la actriz capaz de interpretar a Norma, la mujer con Alzheimer que protagoniza la historia central del filme.

Campanella recordó que Norma Aleandro tenía dudas sobre cómo abordar un personaje cuyos estados emocionales no podían responder a los mecanismos habituales de la actuación.

Para ayudarla a comprender la situación, Campanella llevó a Aleandro a conocer a su madre.

Pasaron dos horas juntas. La mujer ya no reconocía a su hijo, pero conservaba intacto su sentido del humor y algunos rasgos de su personalidad. Durante ese encuentro recitó una poesía, mostró su picardía y hasta consiguió hacer reír a Aleandro.

De regreso en el auto, la actriz reflexionó sobre el desafío. Primero dijo: “Es un trabajo muy difícil”. Después, con mayor énfasis: “Es muy riesgoso”. Y finalmente encontró el motivo para aceptar: “Pero si sale bien…”.

“¡Gracias, Norma!”, escribió Campanella.

Un rodaje en estado de gracia

El director describió el rodaje como “el proyecto más fácil de mi vida”. Según contó, los actores llegaban a las primeras tomas en un estado de inspiración que hacía que la película prácticamente se construyera frente a la cámara.

Entre las escenas que más recuerda está aquella en la que Nino, interpretado por Héctor Alterio, describe cómo era Norma cuando trabajaba en el restaurante.

Campanella había pensado un recurso inspirado en "Rebecca", de Alfred Hitchcock: mientras Nino narraba, la cámara recorrería el restaurante vacío para que el espectador imaginara a Norma a través de sus palabras.

Pero cuando Alterio hizo la escena, el resultado fue tan conmovedor que el recurso dejó de tener sentido.

Yo, al borde del llanto, no podía ni decir ‘Corte’”, recordó Campanella. El sonidista también tenía lágrimas en los ojos y Natalia Verbeke había terminado con todo el maquillaje corrido.

Entonces Darín resumió lo ocurrido con una frase: “Me robó la película”.

Campanella decidió abandonar su idea inicial. “Cortar esa cara con un ‘recurso cinematográfico’ hubiera sido mala praxis”, escribió.

La escena de Darín que parecía improvisada

Otra de las anécdotas tiene como protagonista a Darín y la escena en la que Rafael le declara su amor y su nueva filosofía de vida a Nati a través del portero eléctrico.

Durante la primera toma, Campanella quedó convencido de que Darín estaba improvisando. La interpretación le parecía tan natural y espontánea que, al terminar, se acercó al actor y le pidió repetirla “con la letra, por las dudas”.

Darín lo miró confundido.

“Era la letra”, le respondió.

El director comprobó entonces que el actor había dicho exactamente lo que estaba escrito en el guion. Para Campanella, aquella situación resumía el talento de Darín: “El nivel de verdad, espontaneidad, compromiso y sensibilidad, el timing innato que tiene Ricardo es realmente para comprarse una fábrica de sombreros para ir sacándoselos uno a uno”.

Nadie imaginaba el Oscar

Durante la filmación, prácticamente nadie pensaba que "El hijo de la novia" terminaría convirtiéndose en una de las películas argentinas más queridas de las últimas décadas, mucho menos que llegaría a competir por un Oscar.

El primero en aventurar que podía ocurrir algo importante fue Suar, quien durante el rodaje le dijo a Campanella: “Me parece que con esta peli vamos a viajar”.

El director, sin embargo, asegura que nunca lo creyó y que se preparaba mentalmente para el fracaso.

La recepción inicial tampoco fue unánime. Campanella recordó que una parte de la crítica especializada cuestionó duramente la película. Pero un cuarto de siglo después, aquellas opiniones quedaron relegadas frente a la permanencia de la historia en el imaginario popular.

“Poco importa ahora la recepción que tuvo en ese momento”, escribió.

Una película sobre las promesas pendientes

Para Campanella, el paso del tiempo terminó reforzando el sentido de la película. "El hijo de la novia" cuenta la historia de Rafael Belvedere, un hombre que vive atrapado en las exigencias cotidianas hasta que determinados acontecimientos familiares lo obligan a detenerse y mirar aquello que verdaderamente importa.

“Hoy, a 25 años de su estreno esta pequeña comedia nos sigue recordando que, en medio del ritmo vertiginoso del día a día, siempre estamos a tiempo de parar, mirar a los ojos a quienes amamos y cumplir esas promesas pendientes que le dan sentido a todo”, reflexionó el director.

“Y sobre todo, desde lo más profundo de mi corazón… ¡Gracias, papi! ¡Gracias, mami!”, escribió.

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