100 años de Fernando Lorenzo: su recuerdo a través de una histórica entrevista en Los Andes

El poeta, dramaturgo e intelectual mendocino nació un día como hoy de 1924. Fue una de las grandes plumas de nuestra provincia y aquí rescatamos una entrevista publicada en 1970 donde muestra su agudeza y sensibilidad.

Fernando Lorenzo, su dramaturgia en un libro
Fernando Lorenzo, su dramaturgia en un libro

El gran autor mendocino Fernando Lorenzo (1924-1997) es de esos artistas que no sólo produjeron una obra singular, admirable y con pocos parangones entre las de su época y su tierra. Nacido el 11 de junio de 1924 en Godoy Cruz, el autor de Arriba pasa el viento fue también un verdadero maestro para quienes lo trataron. Su obra quedó, hoy un tanto relegada (a pesar de algunos intentos de rescatarla, con cierto desorden, a través de reediciones, estudios y de una película), pero cada mirada que se pueda echar sobre ella permite sopesar su inmenso valor.

Al cumplirse el centenario del nacimiento del escritor, nos parece propicio rescatar su voz a través de una notable entrevista que publicó Los Andes el 12 de abril de 1970, en tiempos en que Antonio Di Benedetto, nada menos, editaba unas páginas de artes y cultura que marcaron su época en el periodismo argentino.

Aunque faltan datos para confirmarlo con total certeza, es muy probable que esta entrevista (publicada sin firma) haya sido realizada y redactada por el propio Di Benedetto, quien admiraba a Lorenzo y se preocupó siempre por rescatar su figura y su obra.

En el escrito se vuelcan las reflexiones del autor del poemario Tránsito y su valoración de la escritura de la época. Aparece también una anécdota sobre Julio Cortázar de los tiempos en que el escritor de Rayuela vivió en Mendoza, y una curiosa opinión sobre él, no del todo elogiosa.

Como sea, es un documento de alto valor cultural y por eso la rescatamos y la transcribimos a continuación.

Entrevista a Fernando Lorenzo publicada en 1970. Este 11 de junio de 2024 se cumplen 100 años del nacimiento del escritor mendocino.
Entrevista a Fernando Lorenzo publicada en 1970. Este 11 de junio de 2024 se cumplen 100 años del nacimiento del escritor mendocino.

El problema vital a través de los símbolos

Entrevista a Fernando Lorenzo publicada en Los Andes el domingo 12 de abril de 1970 en la sección “Con nuestros escritores”.

“Me hubiera gustado vivir dentro de veinte años, porque creo que será entonces cuando saldremos de la prehistoria para entrar en la verdadera historia humana. Hoy estamos todavía empantanados en el pasado. Nosotros debemos superar necesidades elementales como el techo y la comida. El hambre, por ejemplo, es un problema de nuestra prehistoria: 10 anula todo; no es un conflicto realmente humano. El hombre no ha nacido para padecer esos problemas. Cuando los supere, se le plantearán interrogantes más profundos. Por еsо. considero que la literatura que se ocupa de la injusticia desaparecerá por inútil y prehistórica”. Son palabras de Fernando Lorenzo, poeta, novelista, dramaturgo, grabador, músico, actor y director de teatro, traductor. Un buscador de la belleza en todas sus formas. También es un vanguardista, y sus palabras resumen esta actitud: “Solamente sobrevivirán los científicos y los artistas porque son los únicos entes normales. Fuera de la ciencia no hay ninguna otra verdad que la poesía. El hombre dispondrá de la verdad científica por una parte y del vuelo poético por la otra. La filosofía no es ni ciencia ni arte, por eso las filosofías y las teogonias morirán”.

Con este mismo espíritu Lorenzo considera que hoy se juega con la juventud, se la explota: “La publicidad y el periodismo han hecho de ella un negocio. Los estados mantienen a hippies oficiales, mientras detrás de ellos están los que no son tan oficiales: los verdaderos marginados. La psicología moderna, en cuanto se refiere al mejor desarrollo del yo, es la única defensora de la juventud. La escuela pública no ha modificado su estructura y por lo tanto el joven no puede tomar conciencia seriamente del problema vital”.

Fernando Lorenzo se había apasionado por la pintura en su adolescencia. Ingresó en la Academia de Bellas Artes de Mendoza y de allí egresó con el título de profesor. Pero eso había sido sólo para cumplir con sus padres. Al poco tiempo de estar en la Escuela, escribió sus primeros versos. Comenzaba una carrera y se desinteresaba de la otra. No volvió a pintar ni a grabar. Sus primeros poemas fueron reunidos en un volumen que le valió el Premio Municipal de Poesía: Tránsito.

“Si tuviera que definirme diría que soy un esteticista sin quererlo. Puedo decir que no me interesan mis personajes en la medida en que no me preocupan sus conflictos sociales o psicológicos, como los que plantea el cine de Bergman o la literatura de Graham Greene. Me siento más cerca de la problemática de Kafka, Melville o Poe; o de los fenómenos parapsicológicos que plantea la literatura oriental”.

Lorenzo nunca estructura un argumento por anticipado. Comienza a escribir y no sabe en qué terminará. Su creatividad tiene instancias metafísicas, por eso “resuelvo mis obras por medio de una simbología más o menos inteligible. Yo no sé resolver el problema vital sino a través de símbolos. Algo como lo que hacen en teatro Ionesco y Adamov”.

Cuando terminó su carrera plástica tuvo otra pasión: la dramaturgia. Entró en la Escuela de Arte Escénico, donde estudió con Galina Tolmacheva. Con ella actuó en nuestra provincia. Luego hizo teatro en Córdoba, Buenos Aires y Mar del Plata. De la época en que trabajó con la Tolmacheva surgió la idea, luego concretada, de traducir a Pushkin.

El poeta reconoce en su formación influencia de las culturas francesa e inglesa. Precisamente, considera que, de las diferentes literaturas nacionales, la más compacta e importante es la inglesa, Entre los hombres del arte universal “el artista que más admiro es Leonardo Da Vinci. Entre muchas otras cosas porque fue el primero que, en el Renacimiento, habló dei ojo y le dio la relevancia cultural que cinco siglos más tarde se le concedería con las experiencias del arte audiovisual. Leonardo estuvo cien años adelantado a su época. Tuvo la constante preocupación de destapar la olla del conocimiento sobre el misterio de la vida en todos sus aspectos”.

Como muchos de los jóvenes artistas mendocinos, entre ellos sus grandes amigos Carlos Alonso y Hugo Acevedo, Lorenzo dejó su provincia en busca de nuevos rumbos. Vivió en Córdoba y Buenos Aires, donde residió durante diez años. “Hoy no, pero hubo un momento en que quise irme del país. No se puede condenar a un artista a quedarse en un medio si este no le ofrece todas las posibilidades que necesita para desarrollar su arte. En otras épocas se podía hablar de arte en sentido regional, Florentino por ejemplo, pero no ahora, en que los medios de comunicación han barrido con las fronteras. El artista tiene que ir a donde están las grandes fuentes culturales. Y no por eso atenta contra su patria, porque esta es ya universal”.

En los años de su permanencia en Buenos Aires, Lorenzo fue corrector de editorial. “Gracias a ello, leí toda la literatura argentina desde la época de la colonia hasta nuestros días. Considero que el mejor poeta argentino es Enrique Molina. También me parecen importantes poemas de la juventud de Marechal, la obra del Lugones maduro, Borges, González Tuñón y el Molinari de hace diez años”. Su juicio se abre luego sobre los artistas de Mendoza: “En poesía, Piedra infinita de Ramponi sigue teniendo plena vigencia. En la plástica creo valiosos algunos cuadros de Abal, en quien se conjuga fuerza creadora y técnica, así como en la obra de Azzoni. De los que se fueron, De la Mota y Alonso son ya nombres de gran relieve y envergadura”.

Inevitablemente se menciona a Cortázar. Lorenzo sonríe, tiene una anécdota: “Un día, siendo yo estudiante, unos cuarenta alumnos tomamos la Universidad. Nos acompañaban siete u ocho profesores. Entre ellos un joven catedrático de Letras, que recién comenzaba a escribir; se llamaba Julio Cortázar. Los rebeldes decidimos hacer un concurso para elegir la mejor letra de un Himno de la Resistencia. Junto con otros, Cortázar presentó su letra a la consideración de un jurado que integrábamos cuatro o cinco estudiantes, Se la rechazó por mala. Ahora, Cortázar me parece un buen escritor, pero no un literato importante. A veces me parece un simple traductor de los problemas nacionales y hasta del idioma”.

En 1953, Lorenzo publicó su segundo libro de poesía, Segundo diluvio, que obtuvo el premio D’Accurzio. En 1958 gana el premio del Fondo Nacional de las Artes con su novela Arriba pasa el viento, que editó Goyanarte. Junto con Marcelo Santángelo publica en 1960 Diez grabados de Santángelo y diez ilustraciones poéticas de Fernando Lorenzo. En el año siguiente escribe, con Alberto Rodríguez (h) su primera pieza teatral, Nahuelquintún.

En su último libro, Sucesos en la tierra, que editó Sudamericana, se transparenta la personalidad del autor. Dueño de una extremada sensibilidad y de un fino sentido del humor, el artista nos introduce en un mundo intrincado donde los personajes buscan la salida al problema metafísico a través de símbolos que adquieren valores poéticos.

El café había acompañado toda la conversación. En la despedida habló de su actividad futura: “Pienso continuar con una obra de teatro que tengo muy avanzada, pero también muy abandonada”. Fernando Lorenzo deja siempre la impresión de que, detrás de su fina figura y de su gesto amable, existe un agudo intelectual.

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