Cito textualmente lo que dice Eduardo Mallea en su libro “Historia de una pasión argentina”, pág. 97, decimoséptima edición, Editorial Sudamericana, escrito en 1936/1937: “……Cuanto más ahondemos nuestra observación peor será la decepción con que lo comprobaremos; pero no es necesario ahondar; el mal llega ya a la epidermis y se le reconoce en los más inmediatos síntomas: basta ver a los hombres que nos rigen en todos los dominios de la vida pública y académica. Son infinitamente más mediocres, torpes, triviales, plebeyos e individualistas que los hombres de nuestras primeras horas, y si fuéramos a auscultar su aspiración profunda, nuestra repugnancia no tendría límites. De más en más se ha trabajado aquí sin ensueño creador, lo que equivale a decir-en un sentido profundo-sin vida: vegetativa, telúricamente, con la obsesión del trueque inmediato; tal trabajo para tal objeto utilitario-no para tal fin, sólo para tal objeto; pues estas existencias se mueven, ya lo sabemos, en el mundo limitado de los medios”.

