La historia de la humanidad es compleja y bidireccional en la influencia que existe entre el ser humano y el paisaje. Mendoza no es ajena a esta experiencia humana y natural.
La imponencia de nuestro paisaje de alta montaña conmueve al más escéptico. Sobre todo, el tramo del cruce cordillerano, que va desde Polvaredas hasta el Cristo Redentor. Quien ha nacido y/o vivido en esos parajes podrá dar testimonio de esta interacción.
La historia de la humanidad es compleja y bidireccional en la influencia que existe entre el ser humano y el paisaje. Mendoza no es ajena a esta experiencia humana y natural.
Sólo me referiré a una de estas situaciones por cercana, imponente y sugestiva. La imponencia de nuestro paisaje de alta montaña conmueve al más escéptico. Sobre todo, el tramo del cruce cordillerano, que va desde Polvaredas hasta el Cristo Redentor. Quien ha nacido y/o vivido en esos parajes podrá dar testimonio de esta interacción.
Sin menoscabo de tantas personas que sintieron aquel influjo, nacidos o no en ese territorio, mencionaré por su relevancia una de estas experiencias.
Heber Orona, reconocido andinista mendocino, desde los 3 a los 10 años, se crió con su abuelo ferroviario, en Polvaredas. Fue impregnado por el exuberante paisaje montañoso circundante y, desde entonces, no dejó de sentir “lo natural que es caminar esas alturas”, a punto tal que a sus 55 años se le puede ver, recorriendo los caminos verticales de las grandes elevaciones del planeta. Podríamos decir, que, si bien las actividades humanas influyen en el paisaje, en el caso de Heber Orona, el paisaje influyó benéficamente en la actividad de este destacado montañista mendocino.
* Ángel Ernesto Tetilla. Arquitecto.